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martes, enero 18, 2022
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    El vasto itinerario de la represa en Salto Grande

    Un largo periplo institucional debió recorrer el proyecto de represa a la altura de Salto Grande hasta que finalmente se materializó. La comenzó un gobierno democráticamente elegido; la inauguró un dictador. El emprendimiento constituyó espacios binacionales de interacción, que oscilaron al son de las coyunturas.

     

    Rubén I. Bourlot / [email protected]

    El interés por el aprovechamiento de las aguas de Salto Grande data de fines del siglo XIX. Pero recién en 1938 se firmó el acta y se comisionó el estudio de la construcción de una represa, a la altura de Concordia, del lado argentino.

    Los saltos, el grande y del chico, que atravesaban como barreras de piedra el curso cristalino del río Uruguay, históricamente, hasta el embalsamiento, más que muros fueron vínculos. Seguramente las comunidades indígenas lo utilizaron para viajar de una a otra costa a esos puentes naturales. Así lo hizo el caudillo Artigas cuando en 1811 emprendió la “redota” junto al pueblo oriental que lo siguió hacia el norte y traspasó el Uruguay para instalar su campamento en el Ayuí entrerriano.

    Pero para los conquistadores españoles y portugueses que en el siglo XVI competían para utilizar el río en su plan de conquista y luego para el tráfico de mercancías, los saltos resultaron el límite norte de navegación. Este hecho dio lugar al origen remoto de la actual Concordia que primero fue un pequeño puerto y fuerte, mandado a construir por el gobernador Pedro de Cevallos en 1757, para desembarcar y continuar camino al norte por tierra y abastecer a los ejércitos acantonados en las Misiones Orientales, y luego el poblado de San Antonio de Salto Chico (1769).

     

    La energía de los saltos

    Pero los saltos también significaban energía. La fuerza de las aguas se podía convertir en un preciado alimento para el progreso de los pueblos. La historia es la siguiente: a fines del siglo XIX la electricidad estaba en pleno desarrollo y la idea de generarla con la fuerza del agua fue cobrando forma. Hacia 1890 el ingeniero concordiense Gregorio T. Soler, yerno de Urquiza y amigo del general Julio Argentino Roca, presentó el primer pedido de otorgamiento de una concesión para explotar energía eléctrica en la zona del Salto Grande. Lo siguieron en 1894 el proyecto del diputado -también concordiense- Cupertino Otaño; y en 1907, el del ingeniero uruguayo Juan T. Smith que planteó la idea de aprovechamiento hidroeléctrico del Salto Grande al Poder Ejecutivo de Uruguay. En 1912, el ingeniero francés Mauricio Mollard presentó otro proyecto al Senado argentino. Luego, entre 1920 y 1928 el gobierno uruguayo elaboró otros dos proyectos. En 1936 diputado entrerriano Bernardino Horne presentó una iniciativa similar. Estos son algunos de una dilatada lista de intentos.

    En la primera mitad del siglo XX los gobiernos de Argentina y Uruguay concretaron en forma conjunta los estudios pertinentes para la realización de la obra de represamiento del río Uruguay. El 13 de enero de 1938, se firmó un Acta entre ambos Gobiernos, cuyo Artículo 5º reza: “Conceptuando de interés común el aprovechamiento de la fuerza hidráulica del río Uruguay para ambos países, acuerdan promover la designación de una Comisión Técnica Mixta Argentino-Uruguaya que informará a la brevedad posible a ambos gobiernos para los efectos de su realización.”

    La Comisión Técnica Mixta

    Pasaron algunos años hasta que en 1946 se firmó un nuevo convenio entre ambos países que en su artículo 2º expresa: “Las Altas Partes Contratantes acuerdan designar y mantener una Comisión Técnica Mixta compuesta de igual número de delegados por cada país, la que tendrá a su cargo todos los asuntos referentes a la utilización, represamiento y derivación de las aguas del río Uruguay.”

    La finalidad de ese Convenio era la obtención del mayor beneficio de las disposiciones naturales que ofrecen los rápidos del río Uruguay, en la zona de Salto Grande, para el desarrollo económico, industrial y social de ambos países y, con el fin de mejorar la navegabilidad, aprovechar sus aguas para la producción de energía y facilitar la vinculación de sus comunicaciones terrestres, así como cualquier otro objeto que, sin menoscabo de los anteriores propósitos, concurra al enunciado beneficio común.

    En 1956 se dio un nuevo impulso al Convenio expresado por movimientos populares, surgidos simultáneamente en localidades uruguayas y argentinas, que se unificaron en el Comité Central Pro Aprovechamiento Hidráulico del río Uruguay y luego se llamó Comité Popular Pro Represa de Salto Grande.

    En 1958 el Parlamento uruguayo ratificó el Tratado de 1946 y en 1961 se firmó el Tratado de Límites en el río Uruguay, entre la República Oriental del Uruguay y la República Argentina. En 1965, la Cámara de Senadores del Uruguay convirtió en ley el Tratado.

     

    Manos a la obra

    Pero hubo que esperar hasta 1973 cuando el Presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón, anunció en Montevideo, al firmar el Tratado de sobre los Límites del río de la Plata, que se construiría la represa a partir del año siguiente.

    Así fue como el 1 de abril de 1974 se comenzó con la construcción del Complejo Hidroeléctrico Binacional de Salto Grande. También se inició el titánico operativo para trasladar a los pobladores que vivían en tierras que iban a ser ocupadas por el embalse de la represa, entre otras la histórica Federación que sufrió el tercer desarraigo.

    El 21 de junio de 1979 un gobierno de facto inauguró esa obra ajena. El teniente general Jorge Rafael Videla, junto al primer mandatario uruguayo Dr. Aparicio Méndez, desató las cintas del Complejo Hidroeléctrico con la puesta en marcha de la primera de las catorce turbinas que comenzó a generar energía eléctrica. Para completar el panorama, corresponde consignar que las turbinas fueron bautizadas con el nombre de las hijas de los funcionarios de la época.

     

    Para seguir leyendo

    – Catullo, María Rosa. Grandes proyectos, integración y memoria: “los precursores de Salto Grande”. CONICET. Disponible en http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/44700/Documento_completo.pdf?sequence=1

    -“Represa de Salto Grande. El Coloso se pone en marcha”: El Diario. Paraná, junio de 1979.

    -Salto Grande: un símbolo de unión entre dos países. Salto Grande [en línea]. [Fecha de consulta: 5 de enero de 2015] Disponible en: http://www.saltogrande.org/historia.php

    “Represa de Salto Grande. El Coloso se pone en marcha”: El Diario. Paraná, 20 de junio de 1979.

    – Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com

     

     

     

     

     

     

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