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    Evita en el Teatro 3 de Febrero

    Eva Duarte integró la Compañía de Comedias de Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Álvarez y representó “El beso mortal”, en el Teatro 3 de Febrero, de Paraná, el 26 de septiembre de 1936. Luego, volvió a la capital de Entre Ríos a bordo del vapor “París”, acompañando a Juan Domingo Perón en su gira proselitista, el 4 de febrero de 1946.

     

    Roberto Romani

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    “Siendo una chiquilla, siempre deseaba declamar. Era como si quisiese decir siempre algo a los demás, algo grande, que yo sentía en lo más hondo de mi corazón”.

    Así recordaba Eva Duarte de Perón el amanecer de su existencia, en el patio de la escuela de Los Toldos, donde nació el 7 de mayo de 1919, o en la brisa fresca de Junín, mientras se asomaba al cine del pueblo, a las fotos de los artistas y a las audiciones de radio.

    En “La razón de mi vida”, afirma: “Como los pájaros, siempre me gustó el aire libre del bosque. Muy temprano en mi vida dejé mi hogar y mi pueblo, y desde entonces siempre he sido libre”.

    Integró la Compañía de Comedias de Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Álvarez y representó “El beso mortal”, en el Teatro 3 de Febrero, de Paraná, el 26 de septiembre de 1936.

    Volvió a la capital de Entre Ríos a bordo del vapor “París”, acompañando a Juan Domingo Perón en su gira proselitista, el 4 de febrero de 1946.

    También la aplaudieron sus descamisados el viernes 2 de marzo de 1950, cuando arribó en tren para apoyar la candidatura del general Ramón Albariño, y dar inicio a la magnífica obra de la Escuela Hogar que lleva su nombre.

    El 23 de mayo del mismo año visitó por última vez esta ciudad. Junto al presidente Perón participó de la asunción de Albariño al frente de la gobernación provincial y del espectáculo artístico en el Parque Urquiza, en vísperas del aniversario de la Gesta de mayo, después de haber homenajeado a San Martín, a cien años de su muerte.

     

    Testimonios

    Claudio Cañete ha recuperado para siempre testimonios conmovedores de quienes con asombro fueron testigos en Paraná “de la actividad pública y privada de Perón y Evita, sobre todo Eva Perón. Es un lujo histórico que muchos lugares, inclusive del país, no tuvieron”.

    Cuando murió Evita en Buenos Aires, el 26 de julio de 1952, tenía sólo 33 años. Un año después se inauguró en Plaza Mansilla, de Paraná, donde hoy se erige el Palacio de Justicia, un templete en su homenaje que resguardaba una antorcha conmemorativa. Fue destruido el 19 de septiembre de 1955, por quienes interrumpieron la vida democrática.

    Pero la “Llama de la argentinidad”, que significaba la lucha, la pasión y el compromiso social de la “abanderada de los humildes”, sigue iluminando nuestra existencia, pues como expresa Cristina Álvarez Rodríguez “Cada uno de nosotros se apropia de ella desde un lugar diferente y, desde allí, construye su propia dimensión de esta mujer que, desafiando los tiempos que le tocaron vivir, le puso el cuerpo a sus sueños para hacerlos realidad en su pueblo”.

    Perón pidió a los compañeros desde Trujillo, en 1958, que “su recuerdo no llegue envuelto en llanto sino en canciones de esperanza”.

    Teresa Parodi señala que “Ella es de octubre como no habrá otra, fuego y ceniza”, mientras su voz y su coraje de mujer resuenan desde la gloria: “Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle”.

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