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lunes, enero 17, 2022
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    Investigar en épocas de barbijos, virus y distanciamiento

    Pablo Guerenstein es biólogo y doctor en Ciencias, investigador de Conicet y docente de UNER.  Hace unos 10 años vive con su familia en Oro Verde. EL DIARIO le hizo algunas preguntas para saber cómo es, en su caso, seguir investigando en épocas de pandemia.

     

    Mónica Borgogno / [email protected]

     

    Desde hace años, Pablo Guerenstein está embarcado en el desarrollo de una trampa de olor con el fin de que ésta opere como un sistema de alarma ante la presencia de vinchucas, vectores del parásito Trypanosoma cruzi, principal causante de la enfermedad de Chagas.

    Vale recordar que a través del programa de repatriación de científicos “Raíces”, Guerenstein fue uno de los tantos científicos argentinos que llegó del extranjero para radicarse en la Argentina. Hace aproximadamente unos 10 años recaló en Oro Verde, donde vive junto a su familia. EL DARIO lo consultó para conocer como fue, en su caso, mantener el ritmo de sus trabajos en laboratorio, en horarios poco habituales y junto a los insectos.

    «Queremos interceptar a las vinchucas cuando están empezando a llegar a un lugar. Esto también evita que se rocíe con insecticida previamente y se contamine a la gente sin razón», explicó el investigador del Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología para la Producción (CICyTTP), en Diamante, Entre Ríos.

    En palabras sencillas, Guerenstein transmitió de qué se trata este trabajo de largo aliento, las idas y venidas y buena parte de los avances conquistados. “Nuestra investigación comenzó en la UBA aproximadamente en el año 1990.  En ese momento el Dr. Josue Nuñez (mi Director de entonces) desarrolló un sistema para estudiar la respuesta de las vinchucas a los olores humanos. El aparato que desarrolló (se llama olfatómetro-trampa) aún sigue usándose hoy. Es muy barato de construir y muy eficiente para estudiar la respuestas de las vinchucas a olores. En ese momento comprobamos que un cultivo de levadura de pan atrae (hasta cierto punto) a las vinchucas y que esa atracción se debe al CO2 (dióxido de carbono) que larga el cultivo (el CO2 lo largamos también nosotros y es uno de los «olores» que atrae a las vinchucas). En la actualidad logramos una mezcla de olores humanos más fácil de usar que la levadura.  Nuestro nuevo «cebo» de olor dura unos 4 días (el cultivo de levadura dura solo unas horas).  Este cebo lo estamos probando dentro de trampas (construidas por nosotros) que se colocan en unas cajas que simulan pequeños ranchos y usando este cebo en las trampas hemos podido atrapar en una sola noche un 30 – 40 % de las vinchucas largadas en la caja”.

    Al ser consultado sobre los próximos pasos a dar, señaló que ahora procuran “aumentar el poder de captura según un plan que pondremos en funcionamiento en un par de meses.  Y después, la idea es llevar la trampa a Chaco y ver cómo funciona allá, en el campo”.

    Chaco, junto con Salta y La Rioja, cabe agregar, son las zonas más afectadas por vinchucas y en consecuencia, el mal de Chagas.

    Ahora cómo fue desarrollar este minucioso trabajo en tiempos de pandemia. ¿Hubo trabajo de laboratorio o muestras o trabajo a campo para poner a prueba dispositivos (y olores humanos), que demoró o dificultó la investigación? ¿Cómo se las ingeniaron para seguir adelante?, se le preguntó.

    “Fue imposible hacer experimentos durante un año. En todo ese lapso nos dedicamos a buscar financiamiento, escribir un capítulo de un libro, analizar datos, etc.  Mantener a las vinchucas sanas y poniendo huevos lleva mucho tiempo y dedicación, y no podíamos ir mucho al laboratorio.  Entonces ponían pocos huevos y teníamos pocos insectos. Para colmo, nuestros experimentos se hacen por la noche y el Centro, por la pandemia cerraba sus puertas a eso de las 18 y nuestros experimentos empiezan precisamente a esa hora. Recién pudimos retomar los experimentos aproximadamente en agosto de 2021”, confió.

     

    Objetivos

    Entre las metas a un futuro no tan lejano, figura el poder “aumentar la atracción aún más, y poder ir a Chaco”, deslizó.

    “La pandemia eclipsó todo”, sintetizó Pablo Guerenstein, quien durante un tiempo no pudo desarrollar el habitual trabajo de laboratorio con vinchucas, en horarios nocturnos.

    EL DIARIO quiso saber si en términos generales, desde los comienzos de su investigación a la actualidad, se produjo un mayor interés de parte de políticas públicas por dar combate a la vinchuca.

    “La pandemia eclipsó todo. Recién ahora se puede volver a ir a Chaco a trabajar. Por un tiempo fue imposible”, fue la respuesta.

    Al precisar detalles de un recorrido por las áreas más complicadas por la presencia y acción de estos insectos, el biólogo destacó lo siguiente:

    “Salta, La Rioja, Chaco están entre las provincias más afectadas. Hay que decir que hubo dos cosas que empeoraron la situación en los últimos 10 años. En primer lugar las vinchucas (en Salta, Chaco) se están haciendo resistentes a los insecticidas habituales y por otra parte, las vinchucas en zonas como San Juan y Mendoza están «entrando» a las ciudades. Es decir, ya no está ubicado solo en «el campo» el problema. De esto dieron cuenta hace un tiempo los mismos diarios de San Juan”.

    En tanto en “Entre Ríos, la situación no es mala”, comentó.

    Datos

    De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mal de Chagas afecta a entre 7 y 8 millones de personas en el mundo. La mayoría de los infectados son de América latina.

     

     

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