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martes, enero 18, 2022
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    Susini, donde el asfalto intenta unir lo que estaba distanciado

    Calle de pocas palabras, Enrique Susini se abre paso desde Ramírez sur en medio de un amplio sector con pasado de quintas productivas. Son apenas tres cuadras y, no obstante, en su breve trayecto hay diferencias notables.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

    Sumidos en los avatares de la supervivencia, los actuales residentes de ese suspiro vial llamado Enrique Telémaco Susini no son del todo conscientes de que están siendo testigos de la historia. Es cierto, la pavimentación de tres cuadras es un suceso que acaso no esté destinado a cambiar el curso de las urbanizaciones en Paraná, pero no hay dudas de que para un barrio, un puñado cualquiera de cuadras, incluso una casa por modesta que luzca, la obra en marcha representa algo parecido a un hito, sobre todo en aquellos sectores donde las buenas noticias no abundan.

    La suerte ha querido que, en Paraná, Enrique Telémaco Susini referencie a una arteria escueta, un sendero suburbano anodino, que nace en Ramírez bien al sur, extiende su siesta hacia el occidente y antes de que una imaginaria bicicleta tome velocidad termina abruptamente, ante la sombra de un ficus implacable.

    La callecita recuerda a quien liderara a Los locos de la azotea, en los inicios de la radio. Es cierto que este microuniverso tiene particularidades corrientes, pero su memoria atesora relatos que explican el pasado reciente y el presente de Paraná. Repasarlos es también pensar con visión de futuro.

    La mañana en Enrique Susini es una señora buscando una dirección, por el medio de la calle. FOTOS: Sergio Ruiz.

    Las marcas

    Un dato singular es que el nivel constructivo no decrece desde la avenida (Ramírez, en este caso) como suele ser usual, sino al revés. La explicación es que la efímera Enrique Telémaco Susini ha quedado atravesada por una urbanización acaso más reciente, cuya columna vertebral fue Juan Bevilacqua, paralela a Ramírez hacia el oeste. Desde Bevilacqua, a diestra y siniestra, se produjo un loteo típico de un barrio-parque, con residencias planificadas de antemano, para las que se utilizaron materiales propios de sectores de ingresos medios y medio altos. Esas casas se levantaron en calles con pavimento, entre ellas Enrique Telémaco Susini. Así, por años, ese manchón de vecindad marcó una disonancia con el entorno, que se mantuvo como pudo, a la buena de Dios. El tramo este de Susini quedó inscripto en esta burbuja.

    Enrique Telémaco Susini porta esa diferencia en la piel: casi como una “línea ecuatorial”, donde hasta hace poco había cordón cuneta y riego asfáltico (muy deteriorado) las veredas están cuidadas, con espigadas palmeras en hilera y las construcciones son cómodas; desde entonces, hasta Ramírez, se despliega el apéndice más proletario de Susini, con viviendas más sencillas, levantadas por tandas en distintos golpes de suerte, muchas veces sin revocar, con veredas que servían para llegar hasta la calle pero no para caminar sin problemas de esquina a esquina. Es de esperar que, ahora, la obra de asfalto disimule estas diferencias preexistentes.

    Desde el este

    A la historia nos podemos asomar también desde el otro extremo. Mientras en el cruce con Ramírez un cartel indica la conveniencia de “No avanzar”, es difícil no reparar en que la aspereza sonora de los nombres (Enrique y sobre todo Telémaco) y la dulzura fonética del apellido (Susini), representa de alguna manera los motores existenciales de esta comunidad pequeña que, como puede, busca en un diccionario impar la acepción más conveniente de palabras tales como progreso, convivencia o proyectos.

    La calle está cortada al tránsito porque operarios con distintos aparatos instrumentales y equipos buscan que la planicie se allane hasta ajustarse a la cota indicada. Así, por tandas, la niveladora lima la superficie, en la esquina la retroexcavadora carga en el camión las montañas de tierra sobrante y cuando el teodolito aprueba la operación, entra en escena la máquina con rodillo de pata de cabra, para compactar.

    Los pocos autos, motos y bicicletas que circulan pertenecen a los frentistas, que han debido ingeniárselas para entrar a sus viviendas, ya que la diferencia de altura entre acera y calzada es notoria.

    Las palmeras, sello distintivo del tramo oeste de la breve Enrique Susini.

    Los entendidos

    Cada vez que la niveladora rasura, de la tierra enriquecida por un pasado quintero brotan lombrices desorientadas, que no terminan de entender el proceso del que están siendo parte. Estuvieron allí desde tiempos inmemoriales; al construir sus galerías, mejoraron las propiedades hídricas y la estructura de los suelos de los que luego brotaron coles, acelga y tomate que los hortelanos vendieron en el mercado para que sus hijos pudieran estudiar; y, al alimentarse de materia orgánica, ayudaron a descomponerla para que las raíces vegetales pudieran asimilar mejor los nutrientes. Han sido y son las ingenieras de estos ecosistemas y, de pronto, sin dar ningún tipo de aviso, otros especialistas, en nombre del avance, las dejan a expensas de enemigos desconocidos.

    Tampoco las aves tienen respuestas para estos interrogantes, pero saben que apenas la ruidosa maquinaria se aleje, corresponde que abandonen la seguridad de cables y ramas para dar dos aleteos, planear con la mirada fija e ir en busca del alimento errante que se retuerce, indefenso, en plena calle.

    En este tramo, la arboleda es discontinua pero regala un sostenido trinar de pájaros y una sombra que en las horas del mediodía se valora y agradece.

    Apenas Enrique Telémaco Susini adquiere el ancho establecido, las cuadrillas reconectan caños de agua o de gas natural. Para la energía eléctrica habrá que esperar un poco: por lo pronto, los postes han quedado erguidos donde se supone que los autos van a estacionar, junto al cordón.

    En breve, ni este olor a tierra húmeda, en creativa putrefacción, quedará en pie. Si nadie lo cuenta, las futuras generaciones no podrán imaginar qué era Susini antes de que unas maquinarias ruidosas se instalaran y la asfaltaran, de cabo a rabo, entre noviembre y diciembre, un año cualquiera, tal vez en 2021.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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