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    Santos Amores por Entre Ríos

    A partir del 11 de abril de 1949, Eduardo María Díaz Blasco se convirtió en Juan de los Santos Amores. Grandes aportes dejó como músico, poeta, compositor, actor y coreógrafo.

     

    Roberto Romani / [email protected]

    Desde esa fecha, todo el país fue un escenario propicio para que este argentino comprometido con la historia y con el futuro, comenzara a cabalgar por las huellas criollas con rumbo a los horizontes de lo trascendente, significativo y perdurable.

    Antes, y de la mano de sus mayores que le habían llenado el corazón de patria, había malambeado en la estancia de su tía, Elisa Díaz de Olivera y había compartido sueños con Ramón Espeche.

    A la sombra de don Andrés Chazarreta, Domingo Lombardi y Carlos Vega, comenzó a templar la enamorada guitarra de los sentimientos americanos.

    Los ojos del querido maestro se acostumbraron a la carpa del circo, cuando sus gestos conmovían a la platea infantil.

    Su voz se hizo familiar para millones de hermanos que siguieron sus ciclos radiales, mientras en las grandes ciudades como en los rincones más apartados de la República Argentina, la raíz de sus danzas se aferraba definitivamente a un destino de esplendor.

    Juan de los Santos Amores trabajó con denuedo y pasión en la formación integral de niños y jóvenes.

    En la inmensidad de la cordillera o en la frescura de las cuchillas entrerrianas dejó retazos de su existencia vigorosa, entregando su sabiduría a las multitudes sedientas de expresiones vernáculas, a través del Instituto de Arte Folclórico, fundado el 1º de septiembre de 1953, y que reúne a miles de corazones sencillos, como una estrella de creatividad, contagiando la fuerza del espíritu nacional a todos los hombres y mujeres de nuestro país interior.

    Intervino en capítulos inolvidables del cine nacional, en trabajos teatrales de envergadura y publicó obras literarias con propósitos didácticos de gran utilidad para el conocimiento profundo de la identidad argentina.

    Yo conocía los valiosos aportes a la cultura nativa que había realizado como músico, poeta, compositor, actor y coreógrafo.

    Desde 1985 pude acompañarlo en innumerables realizaciones folclóricas en provincias hermanas y en el Desfile Civil de las Juventudes Patrióticas Provincianas y la Caballería Gaucha de la Paz y del Trabajo, emprendimiento que durante muchos años se desarrolló en la Capital Federal, con miles de bailarines celebrando la Gesta de Mayo.

    Nació el 12 de enero de 1915 y desde muy joven proclamó que “el folclore es la savia de la patria y en él se funda la cultura nacional”.

    Murió a los 80 años, el 13 de noviembre de 1995.

    Bajo el cielo de Moreno, en Ruca Painé, punto de encuentro para entusiastas cultores de las manifestaciones populares, “siguen floreciendo, jubilosas, las virtudes de una juventud feliz.

    Junto al fogón de la casa celeste, se templan de orgullo las almas criollas que conozco y quiero, mientras en medio de la primavera, una multitud de asombros saluda el venerable recuerdo del gaucho bueno y bailarín”.

     

     

     

     

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