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miércoles, enero 26, 2022
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    La dieta eficaz es aquella que se sustenta en un cambio alimenticio

    La cultura digital nos empuja a creer que el número que indica la balanza y el veredicto del talle de la ropa son más importante que el vínculo que existe entre  las personas y los alimentos. En lugar de perdernos en el laberinto de dietas milagrosas, una especialista sugiere enfocarnos en un cambio integral de nuestros hábitos.

     

    Valeria Robin [email protected]

     

    Con la llegada de la primavera y el verano suele materializarse la preocupación de muchas personas por una noción del aspecto físico vinculada al descenso de peso corporal. Esta visión, que circunscribe toda la problemática a ciertos modelos de belleza, deja afuera lo fundamental: somos seres únicos biológicamente y también genéticamente; sometidos a inquietudes singulares, emergentes de contextos emocionales diferentes. Sin embargo, permanentemente somos asediados por un tipo de información que nos empuja  aplicar recetas falsamente universales, válidas para todos los casos, sin excepción. Además de poner en riesgo la armonía de nuestro organismo, estas dietas milagrosas pueden generar un descenso de peso tan rápido como el ritmo con el que inmediatamente después se lo recupera.

    En diálogo con EL DIARIO, la licenciada en Nutrición, María Natalia Cian, propuso un abordaje integral de la problemática, al incorporar las estrategias vinculadas al peso a una nueva visión de la vida, de nosotros, de nuestros cuerpos, y del lugar que ocupan los alimentos.

    Lo que sigue, es un extracto del diálogo mantenido.

    Con los primeros calores suele aparecer la preocupación por el aspecto físico, y con ella emergen recetas “milagrosas” que prometen bajar de peso en un puñado de días, como si eso fuera un objetivo en sí mismo. Se trasladó la consulta a la entrevistada.Sí, realmente; cuando llega el verano hay muchas personas que se someten a todo tipo de dietas que no están basadas en conocimientos científicos sino en la popularidad de figuras conocidas, que se ofrecen como garantes de resultados inmediatos. Estos tips universales producen un riesgo notorio porque sencillamente no están adecuadas a la situación ni a la necesidad clínica de la persona que busca adelgazar”.

    –¿Cómo podemos reconocer que estamos ante este tipo de dietas?

    – Primero que todo, son dietas exageradamente bajas en calorías, que, si bien provocan un descenso abrupto de peso, lo hacen a expensas del glucógeno, el agua y la proteína, que son el sustento de la masa muscular.

    Necesito detenerme en una explicación. La información que entrega la balanza no refleja de manera absoluta el estado de salud de una persona, sino que es parte de una ecuación en la que interviene también la masa muscular y la grasa. Para detectar la participación de estos componentes se necesita realizar una serie de estudios que, en general, están a cargo de un nutricionista.

    Para ser clara, una persona en apariencia delgada puede pesar más que otra que a primera vista parezca excedida de peso. Esto se debe a que la masa muscular pesa ocho veces más que la cantidad equivalente de grasa. En sentido inverso, una persona puede mostrar un peso ‘normal’, e incluso menos, y tener exceso de grasa.

    En ese sentido debe indicarse que una dieta que afecte la cantidad de agua del cuerpo (como ocurre con las “dietas milagro”) puede generar un primer impacto en la balanza, pero afectar la armonía del organismo. Entonces, nuevamente, para emprender una dieta es necesario hacer estudios de otra complejidad, que consideren las características individuales de cada conformación física.

    Estos aspectos nos permiten entender que los kilos que desaparecen aceleradamente gracias a estas recetas mágicas suelen regresar con la misma rapidez.

    Una dieta exageradamente hipocalórica, es decir baja en calorías, no nos va a dar buenos resultados, ni para bajar de peso a largo plazo ni para nuestra salud.

     –¿De qué hablamos cuando hablamos de alimentación saludable?

    – Podemos decir que la alimentación saludable es aquella que nos proporciona los nutrientes que el cuerpo necesita para mantener el buen funcionamiento del organismo, conservar la salud, y minimizar el riesgo de enfermedades. Para lograrlo, es necesario el consumo diario de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, leche, carnes, aves y pescado. En definitiva, una alimentación equilibrada se alcanza con el consumo de alimentos reales, que brinden los nutrientes suficientes para mantenerse sano, sentirte bien y con energía. Estos nutrientes incluyen las proteínas, los carbohidratos, las grasas, el agua, las vitaminas y los minerales.

    El especialista que tiene la capacidad de convertir estas demandas en una dieta concreta es el nutricionista.

    Hacer actividad física, al menos treinta minutos al día, es parte de los hábitos saludables. FOTO: Sergio Ruíz.

     

    RAZONES

    –¿Qué aspectos se tienen en cuenta a la hora de elaborar una dieta?

    –La mejor propuesta es aquella que se adapta a la realidad de cada persona. Me refiero a que debe contemplar tanto los gustos particulares como también la rutina, los horarios laborales, las posibilidades económicas,  y la situación biológica.

    A partir de estos aspectos podemos armar una planificación alimentaria que nos aporte los nutrientes necesarios al incorporar los distintos grupos de alimentos. De esta forma podemos potenciar nuestra salud y al mismo tiempo estaremos previniendo enfermedades tales como la diabetes, la obesidad, la hipertensión, y las enfermedades cardiovasculares.

    Quiero remarcar un aspecto. Según los datos arrojados por la última Encuesta Nacional sobre Factores de Riesgo, en nuestro país se vio que 6 de cada 10 adultos padece sobrepeso y obesidad. En los últimos años ese fenómeno se ha intensificado, al punto tal que el sobrepeso el considerado una epidemia, lo que a su vez potencia la aparición de otras enfermedades no transmisibles.

    –¿Qué papel juegan las bebidas con las que solemos acompañar los alimentos?

    –Hay que decir que Argentina es el primer país en la región que consume más cantidad de bebidas analcohólicas, y uno de los mayores consumidores a nivel mundial. El problema de estas bebidas (zumos, gaseosas, aguas saborizadas) es que constituyen una fuente importante de calorías vacías, que son aquellas que sólo aportan energía y no nutrientes.

    Esa sobrecarga de azúcar puede disparar la diabetes y aumentar con ello la mortalidad prematura, las enfermedades cardiovasculares, las lesiones renales, las infecciones, las úlceras y, penosamente, la obesidad en niños pequeños. Además, incrementa la probabilidad de desenlaces adversos de Covid -19.

    Otro dato preocupantes es que la Argentina ocupa el tercer lugar en toda América en cuanto al consumo de alcohol, luego de Canadá y los Estados Unidos.

    Cabe destacar que el exceso de alcohol disminuye el aprovechamiento de nutrientes, que nos aportan aquellos alimentos que tienen proteína, hierro, vitaminas del complejo B y calcio, al punto de causar carencias y desnutrición.

    María Natalia Cian, licenciada en nutrición.

    ESCENARIOS

    –Podemos suponer que este consumo de alimentos no saludables se intensificó durante la pandemia…

    –Sí; fue así para muchas personas de todas las edades. Hay que tener ne cuenta que según las estadísticas, aquellos que tenían sobrepeso, obesidad y diabetes se mostraron más vulnerables antes el virus del Covid – 19. Vemos, entonces, también por este lado, que comprometerse con una alimentación saludable es importante para la salud pública y para la salud de cada uno de nosotros. Es igualmente relevante tomar al menos 8 vasos de agua al día y hacer por lo menos 30 minutos de actividad física al día.

    Gracias a esta integración de buenas prácticas vamos a prevenir enfermedades y podremos mantenernos más sanos.

    –¿Cuánto influye la cultura audiovisual?

    –La preocupación que hay en nuestra sociedad por mantener un patrón de belleza es muy marcada, desde hace décadas. De todos modos, desde que aparecieron las redes sociales, las plataformas se convirtieron en un amplificador de ese desvelo por tener el cuerpo supuestamente perfecto. Cualquiera que entre a estas redes lo advertirá en la propia portada: hay un bombardeo de imágenes que promueven un modelo acerca de cómo debe ser el cuerpo, muchas veces reposado por mensajes patrocinados o por la presencia de personajes populares como los influencers.

    Al mismo tiempo, es usual que -sobre todo los grupos vulnerables, como son los adolescentes y jóvenes- tomen como referencia a personas que idolatran; y  a partir de allí se informen en internet acerca de la alimentación y las rutinas de ejercicio físico que tienen esos referentes, para aplicarlos automáticamente en su vida, sin atender a que las realidades de unos y otros son completamente diferentes.

    Lo importante que hay que saber es que cada persona tiene una situación diferente en cuanto a su composición física, su genética, y su situación actual, dado que es evidente que el potencial de perder peso no es el mismo para una persona que otra. Así, lo que le puede funcionar a una persona no necesariamente le sirva a otra, más allá de que además mucho de lo que se ofrece por las redes y en internet no está fundado en evidencia científica.

    Desde las redes sociales se transmite, de manera sostenida, un ideal de belleza que provoca frustración y que puede derivar en trastornos alimenticios.

     

    La autoestima en el centro de la escena

     

    –Es decir que la propia cultura puede enfermar aunque parezca que busca cuidar la salud…

    –Sí, lo más peligroso es que en los grupos vulnerables estos mensajes incesantes pueden inducir trastornos de alimentación, a veces severos. De hecho, en este último tiempo, muchos adolescentes han desarrollado anorexia o bulimia que, desde el punto de vista que nos compete, dan cuenta de una fijación dañina con el cuerpo.

    En otras palabras, la mejor dieta es aquella que se corresponde con la realidad de cada uno: la que podamos mantener en el tiempo; la que nos permita convivir con la comida y el entorno. No es saludable que los alimentos sean nuestros enemigos.

    Hay muchas personas que llevan años luchando contra sus kilos, y se han vuelto expertos en aplicar dietas que no les sirven, porque se han dejado encandilar por creencias populares y no advirtieron que no todo lo que brilla es oro.

    –¿Cuál es el secreto entonces?

    –La clave es un cambio verdadero de hábitos, es decir, desarrollar costumbres alimentarias que puedan mantenerse a lo largo de la vida.

    Hay personas que están muy desequilibradas en la alimentación y se someten a dietas muy estrictas o dietas de ayuno muy prolongado que lo único que hacen es lograr más atracones y más recaídas.

    El consejo para aquellas personas que no pueden lograr una conducta alimentaria es que consulten con un profesional de la nutrición, que los guie y ayude a adquirir prácticas saludables en relación a la comida. Como vemos, lo importante es cambiar la perspectiva de la vida, y dentro de ella  la opinión que tenemos  sobre nosotros, sobre nuestro cuerpo y sobre los alimentos. Ese cambio de frecuencia hace que una dieta de buenos frutos de manera permanente. Si esto no ocurre, lo único que está seguro es que habrá frustración y desánimo.

    En el consultorio vemos frecuentemente que las personas con una autoestima mejor, más elevada,  tienden a cuidarse más, a tener hábitos más saludables, a realizar ejercicio físico, a cuidarse, a mimarse más; en definitiva, son las que tratan su cuerpo como un templo. Naturalmente, ocurre lo contrario en aquellas que tienen autoestima baja.

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