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miércoles, agosto 10, 2022
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    La crónica francesa, desbordante tributo a cierto periodismo

    El nuevo largometraje del director estadounidense Wes Anderson se enfoca en la edición de «The French Dispatch», un periódico a la vieja usanza, cuyos artículos por secciones irán acompañados de los consecuentes relatos mostrados en la película. La producción puede verse a partir de hoy en el Cine Círculo.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

     

    “La crónica francesa (del Liberty, Kansas Evening Sun)”, es el título completo de la nueva y, si cabe la expresión, ampulosa película de Wes Anderson.

    El film está protagonizada por un ensamble multiestelar con la presencia, entre otros, de Benicio del Toro, Adrien Brody, Tilda Swinton, Léa Seydoux, Frances McDormand, Timothée Chalamet y Bill Murray.

    Como en sus anteriores proyectos –marca del `estilo Anderson´- cuenta con una producción cuidada en la estética visual, que se refleja en la escenografía y el decorado. También en las técnicas y estilos cinematográficos a los que recurre este cineasta, que ha sido reconocido por imprimir un sello a su labor en títulos resonantes como `Buscando el crimen´, `Los excéntricos Tenenbaum´, `Un reino bajo la Luna´, y `Gran Hotel Budapest´.

    El largometraje está ambientado en la redacción de una revista estadounidense en una ficticia ciudad francesa del siglo XX, y da vida a una colección de historias publicadas en “La Crónica Francesa”, un suplemento especial de un diario ficticio de Kansas, que se redacta en otra ciudad imaginada de Francia -Ennui-Sur-Blasé-.

    La publicación es una suerte de `Guía del entretenimiento´ que contiene un poco de todo; no importan tanto los temas; sino el talento de quienes escriben los artículos. A su modo, es un homenaje a The New Yorker, la reconocida publicación estadounidense. En ese sentido, la película es más un retrato del periodista que lucha por escribir lo que quiere que una película sobre la libertad de prensa.

     

    RELATOS UNITARIOS

     

    Desde otro enfoque, `The french dispatch´ es una película que cuenta cuentos, es decir basada en historias independientes que se conciben y se concluyen desde la redacción del periódico que dirige un hombre cándido con el rostro del afamado Bill Murray.

    La estructura se presenta en tres episodios o `artículos´. Si bien no todos son parejos en cuanto a calidad narrativa y argumental, en cada uno se distingue el estilo original, sofisticado del director que, acaso, esté esta vez más interesado en enfocarse en cómo se cuenta una historia que en el tema.

    Una de historias tiene relación con las protestas de ocupación estudiantil de mayo del 68, inspiradas en el artículo de la vida real de Mavis Gallant «Los eventos de mayo: un cuaderno de París» y se centra en el trabajo actoral de Timothée Chalamet y la afamada Frances McDormand, actriz fetiche de los hermanos Cohen.

    Por su parte Adrien Brody aparece como Julien Cadazio, en otra de las historias basada en «Los días de Duveen», una serie sobre el marchant de arte Lord Duveen que fue publicada en seis entregas en The New Yorker. En este caso Tilda Swinton es la crítica de arte residente de “The French Dispatch”, mientras que Benicio del Toro es el asesino convicto –y artista plástico- sobre el que la escritora está haciendo un perfil.

    La tercera está ligada a la gastronomía y a un suceso de la crónica policial.

     

    NIVEL DESPAREJO

     

    La forma de la película es, al mismo tiempo, la más extrema y depurada que haya tenido hasta ahora un trabajo de Anderson. Puede apreciarse como si fuera un cómic de imágenes preciosas, divertidas, sensuales y formales.

    Se trata de una especie de viaje todopoderoso a la autoría del propio realizador, con guiños a casi todas sus producciones anteriores. A su modo es un abrazo que hace a la gente que le gusta su cine, e incluso un abrazo a sí mismo.

    En este sentido, el cineasta hace que todo sea coherente. Pero, al mismo tiempo, la narración es compleja y Anderson tiene problemas manteniendo la energía disparatada que necesita para sostenerla. A la vez suma un factor que dificulta más la tarea, ya que maneja muchas ideas que se solapan.

    A su modo construye un magnífico trabajo de articulación y composición visual, que a veces resulta fascinante y en otros momentos se torna abrumador.

    Los fanáticos del cine de Anderson pueden estar tranquilos: `La crónica francesa´ repite todos los parámetros de sus películas habituales. Incluso no falta ese tono de comedia melancólica en la que hay sonrisas presentes, pero que paradójicamente son un poco tristes.

    En resumen, si bien este título queda algo lejos de los trabajos más inspirados de Anderson, tampoco es el menos interesante de ellos. Sí es, probablemente, el más irregular, porque tan pronto atrapa con ese hechizo del que solamente él es capaz, en otros momentos deja pensando al espectador si realmente merecía la pena contar lo que se ha expuesto.

    Finalmente, puede decirse que resulta una película impenetrable y entrañable. Lo mejor es verla como una serie de miniaturas exquisitas: entretenidas, meticulosamente diseñadas e impecablemente ejecutadas; pero –atención- el film no es más que la suma de sus partes.

    Siempre hay un placer inabordable en ver una película de Wes Anderson, aunque a veces, como en este caso, sus ganas de ser Wes Anderson dejen al espectador más exhausto que feliz.

     

    En «La crónica francesa» Wes Anderson construye un magnífico trabajo de compleja narración y composición visual, que a veces resulta fascinante y en otros momentos, abrumador.

     

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