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    Fredy, el otro Thompson célebre, el Ángel del río

    De una familia de deportistas asociada al río como los Thompson, emergió Federico apodado Fredy. Si bien tuvo actuaciones destacadas en distintas competencias acuáticas, el hecho de que tenga casi un centenar de salvamentos lo convirtió en un Ángel del río. En más de un caso, puso en riesgo su vida al procurar poner a resguardo la de los demás. Estuvo asociado a los comienzos de la práctica intensiva de la natación en nuestra ciudad.

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

     

    Incorporada como deporte olímpico en los primeros Juegos, en 1896, las competencias solían desarrollarse en escenarios naturales como lagos o ríos. Recién en 1904 se llevaron a cabo en piscinas.

    Especialmente en todos esos años -aunque después también, por cierto- el trabajo del guardavida o salvavida fue central. De entre tantos nombres se destaca el de Federico Thompson, uno de los hermanos de Quique, el valor más destacado de la familia.

    Federico, conocido como Fredy, estuvo ligado a los comienzos de la práctica deportiva en este nuestro enorme río, con importantes corrientes, aguas turbias, con remansos y remolinos. El desafío es grande, pese a lo cual, nadadores de todo el mundo han llegado y seguirán haciéndolo atraídos por las anchas y marrones aguas del Paraná, para competencias como la Hernandarias-Paraná, de 88 kilómetros, la más larga del mundo. También los bañistas y turistas han disfrutado del río, sobre todo para refrescarse durante jornadas de altas temperaturas.

    Se ve claramente que esta cercanía con el río ha incidido sin dudas, sobre la dinámica de la ciudad a partir de instituciones que consideraron fundamental la enseñanza y la práctica de la natación. Así nacieron varios de nuestros clubes de los que surgieron nadadores de primer nivel deportivo y de increíble valor humano.

    “Así un grupo de personas, identificadas con el río, se decidió hacer docencia de la vida costera enseñando a remar, y a nadar para el disfrute de este hermoso río, con los cuidados necesarios para evitar accidentes”, dice Edgar Wilson. Era el verano de 1909, cuando comenzaron a asociar gente. formaron una Comisión Directiva Provisoria, prepararon un Estatuto y solicitaron un predio en Puerto Viejo. “Reunidos unos cien socios, se llamó a Asamblea General Extraordinaria en la Biblioteca Popular del Paraná, con el fin de aprobar el Estatuto y nombrar el Consejo de gobierno y la Junta Directiva”. Así nació el Club de Natación Paraná, antecesor del Paraná Rowing Club.

     

    Exponente

    Entre tantos deportistas, hay uno que se destacó por su increíble valor humano, Federico “Fredy” Thompson. “El Ángel del Río”, como lo denominó Edgar Wilson, en el libro “Paranaenses en el Río”, editado en 2011.

    “Desde tiempos remotos se conocen las imágenes del Ángel de la Guarda, siempre en actitud de protección al más débil. Cubriendo al pequeño mientras duerme, protegiendo al chico que cruza un puente, o cuidando al niño que no caiga al agua mientras pesca. Para ese casi centenar de personas, que salvó de morir ahogadas a lo largo de su vida, Fredy fue el Ángel que tomó forma de hombre, pues estuvo ahí en ese preciso momento”. En ese sentido, el periodista Hipólito Digiovanni, colaborador de las carreras de natación en el río, confirmó que fueron noventa y ocho las personas rescatadas.

    Thompson vivió en Hernandarias, Pueblo Brugo y Paraná. En la capital fue el discípulo directo, la mano derecha del Dr. Antonio Medina, en aquella verdadera escuela de vida ribereña que fue el Club de natación Paraná, donde muchos aprendieron a disfrutar del río. Supo del triunfo en el río Luján, cuando en la década de 1910, no había piletas en Buenos Aires y se corría en el Tigre.

    Ganó en nuestra ciudad cuantas carreras se propuso; formó parte de una posta imbatible en el litoral junto a Pancho Uranga y a sus hermanos Quique y Arturo e, integró como zaguero los equipos de waterpolo de Paraná.

    También acompañó a Pedro Candioti en sus primeros raids, como el del 18 de febrero de 1923, en el río Coronda, cuando hizo de fiscal para la recientemente formada Federación Argentina de natación, estando alternativamente diez horas en el agua junto al Tiburón del Quillá.

    Thompson no era alto, pero sí hizo gala de su físico robusto; en rueda de amigos y como chiste, se ataba una soga de cáñamo en uno de sus brazos, y luego sacando músculos la destrozaba. También levantaba autos con las manos para que otro pusiera un taco y así cambiar una rueda.

     

    Hombre al agua

    Pero evidentemente, el destino le reservó a Thompson una misión: los salvamentos, varios de ellos renombrados.

    Junto a otros arrieros, Cecilio Callejas que no sabía nadar, se hallaba cruzando ganado en el arroyo Hernandarias, cuando accidentalmente cayó al agua entre los animales. Fredy lo rescató del mal trance, para que viviera hasta los 104 años, en la barranca de Hernandarias y contara la historia, una y otra vez.

    Cuando vivió en Pueblo Brugo junto a sus padres, en una casa cerca del río, una mujer intentó suicidarse arrojándose al agua con dos criaturas, una en cada brazo. Fredy recobró a los tres.

    En otra ocasión, en el desaparecido amarradero de las balsas, Avenida Costanera y calle San Martín al final, una mujer cayó al río. Es conocida la profundidad y correntada del lugar. Fredy luego de luchar un tiempo, logró llevarla a la costa, un marinero se metió en el agua hasta las rodillas y tomándola en sus brazos, la dejó en tierra firme mientras un grupo de personas aplaudía la acción. Luego diría: ¡lo aplaudieron más al marinero que a mí, que casi me ahogo!

    Tal vez de todos los salvatajes, el que tuvo mayor difusión fue el de Tiburcio Barrera, de 18 años de edad oriundo de Victoria, publicado por “La Mañana” de Paraná del 28 de febrero de 1922 con el siguiente título: El popular campeón de natación Fredy salva un joven en Hernandarias

    “El joven Barrera se encuentra veraneando dicha Villa y en ocasión de estar bañándose en el río Paraná a regular distancia de la costa, se sintió de pronto paralizado, sin fuerzas para luchar contra la fuerte corriente del río. Sumergiéndose, sin aliento para nadar, con la esperanza perdida de salvarse solo pudo alzar los brazos como en demanda de auxilio. Desde la costa un chico se dio cuenta de lo que ocurría y llamó la atención del joven nadador Federico Thompson que se bañaba a alguna distancia del lugar donde se encontraba el joven Tiburcio Barrera luchando casi con la muerte. El campeón de natación se dirigió veloz hacia Barrera a quien salvó de una muerte segura. Ha sido una nueva hazaña del atleta argentino que merece ser conocida por el público”.

    Se estima, dice Wilson, que a la fecha del accidente Barrera tenía 18 años de edad, con el correr de los años y ya habiendo fallecido Fredy, Tiburcio Barrera durante mucho tiempo auspició un premio de natación en el Atlético Echagüe Club con el nombre de Fredy Thompson.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected]

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