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    Casacuberta, simiente del mejor teatro en Paraná

    Los inicios del teatro moderno en Paraná llevan inscriptos nombres propios que también pasearon su talento por la dramaturgia y la radiofonía. Uno de los motores de creatividad e inspiración fue el Teatro Estudio Casacuberta. Entre aquellas referencias aparece la de Juan Carlos Magistrelli, testigo y observador de la rica experiencia artística.

     

    Rubén I. Bourlot / [email protected]

    El 30 de noviembre de 2010 falleció en Paraná Juan Carlos Magistrelli, uno de los cultores del teatro local y regional que supo lustrar las tablas del Teatro Estudio Casacuberta, vigente entre 1948 la década del ’60.

    El teatro es un género que nació popular. Tal vez en otros tiempos lo era mucho más cuando no existían tantas alternativas como el cine y la televisión para entretener al público. Después se refugió en los fastuosos coliseos para una audiencia restringida, para los “entendidos” del género.

    Pero esta circunstancia no fue impedimento para que el gran público, el común de la gente, tuviera opciones para disfrutar del teatro, y de hacer teatro.

    Así, en Buenos Aires la expresión “¡al Colón!” era una invitación para convocar a los artistas y mostrarse en esa sala de público exclusivo, pero, por otro lado, estaba el circo criollo que deleitaba a otro segmento heterogéneo y masivo con obras del repertorio criollo como el clásico Juan Moreira. El mismo repertorio que luego se trasladó al radioteatro y volvió al escenario popular en las representaciones que se realizaban en los sitios menos pensados.

    El teatro vocacional representado por el grupo “Casacuberta” de Paraná nació en coincidencia con una época de cambios en el género que se modernizó y comenzó a captar nuevos públicos emergentes, como los asevera el autor Osvaldo Pellettieri.

    La experiencia de Casacuberta fue alentado por el periodista y director Héctor Santángelo, que ya venía de foguearse con el Teatro del Arte, donde Albérico Seghesso y Carlos Bruno hacían teatro con obras de los clásicos Eugene O’Neill , Henrik Johan Ibsen, Samuel Beckett, entre otros.

    De los muchos que pasaron por Casacuberta se encontraban José Carlos Magistrelli, Albérico Seghesso, Víctor Albornoz, Carlos Bruno, Ester Scetta -que conducía programas en la radio LT14 bajo el seudónimo de Cristina Elizalde-, Oscar Carniglia, Natalio Hocsman, Beatriz Repetto, Myriam del Castillo, Esmeralda Rolland, Mimí Santángelo, Oscar Villarrodona, Mario Gerbotto, Roque Vera, Omar Díaz, Nina Marqui, Beatriz Taleb, Roberto Díaz Picó, Hernán Pepe Pirro y Hugo Alem.

    En una entrevista, realizada en 2007, José Carlos Magistrelli sostuvo que “no hubo otro teatro (en Paraná) con la duración y los fundamentos del ‘Casacuberta’, y del ‘Teatro de los Seis’, no ha habido esa consecuencia con respecto al teatro.”

    El grupo tuvo su sala propia en calle Carlos Gardel 17 (ex México), inaugurada en 1953 con la obra El enfermo imaginario de Molière, muy elogiada por el legendario Luis Arata que presenció la puesta. “Para los que recién empezábamos, Casacuberta era como un templo, un lugar donde se aprendía mucho, todo el mundo bregaba por lo mismo y nos ayudábamos mutuamente…”, acotó otro de los integrantes del grupo, Albérico Seghesso.

    Las giras teatrales

    El grupo Casacuberta, además de su localización en la sala de la actual calle Carlos Gardel de Paraná, realizaba giras por toda la provincia, Santa Fe y llegó a actuar en los teatros “Patagonia” y “Cervantes” de Buenos Aires, donde representaron La casa de los Montoya del dramaturgo nogoyaense Juan Carlos Ghiano.

    Refiriéndose al grupo, una publicación de la época opinaba que “los teatros vocacionales han surgido en todo el mundo como reacción contra los artistas y empresarios que, interesados sólo en el aspecto económico, ofrecen al público obras mediocres, de efecto inmediato que aseguran así una segura recaudación de boletería. Su obra ha sido vastísima y de consecuencias y puede decirse sin exageración que todo el formidable renacimiento del teatro nuevo se debe a los conjuntos vocacionales.” Y acotaba el artículo que “en los Estados Unidos, las obras de Eugene O’Neill y otros grandes fueron estrenadas por elencos vocacionales que le sirvieron de trampolín para llegar al gran público (…)”.

    Paraná cuenta con un interesante conjunto: el Teatro Casacuberta, colocado bajo la advocación del primer gran actor argentino. Su obra de cuatro años le ha dado ya fisonomía propia y bajo la dirección de Héctor Santángelo se ha situado a la cabeza de los conjuntos de ese carácter en la provincia”.

    Un desmembramiento del grupo “Casacuberta” formó, en la década de 1960, el “Teatro de los Seis”, continuando con la misma tradición, integrado por Magistrelli, Seghesso, Hernán Pepe Pirro, Inés Durán, María Luisa Obaid, Luis Maldonado, Sheyla Perduca, Elsa y Mundo Satulovsky. El teatro funcionaba en el Club de Viajantes con una capacidad de 23 plateas. El grupo se mantuvo hasta 1966 y, según opina Magistrelli, esa experiencia teatral no se había reeditado hasta el momento de la entrevista, ocurrida en 2007.

    Una farsa para 5.000 personas

    Dentro de los tipos de representaciones teatrales más populares de la época se encontraba la farsa. Así lo describe Magistrelli: “(…) salíamos en gira con el teatro. Con el ‘Casacuberta’ y el ‘Teatro de los Seis’…era impresionante. Salíamos todos los veranos. La farsa era ideal para eso. La farsa francesa en escenario circular, en medio de la plaza, en la calle. En Gualeguay, (según) un informe policial, cuando hicimos la farsa en la plaza, hubo más de 5.000 personas. Era sin micrófonos, había que hablar fuerte y moviéndose permanentemente porque no podíamos estar estáticos, porque hablábamos para todos.”

    Eran farsas muy simples, para todo el mundo, eran cosas cotidianas: el marido, la mujer y la suegra. La suegra no quería que la hija trabajara tanto y le mandaba leña al marido para que él hiciera todas las cosas. Y en una de esas que yo paso -hacíamos la farsa de La Tinaja, una pieza anónima francesa del siglo XV -, un hombre me agarró de acá de la calza y me dijo ‘no le dé pelota a la vieja’. Es decir que el público se involucraba”.

     

    De relleno a género

    Cabe acotar que el nombre de farsa proviene del francés farce (y este, a su vez, del latín farcire), y define a la pieza cómica, por lo general bastante breve, cuyo único objetivo es hacer reír a los espectadores. En la antigüedad, se utilizaba el término para referirse a todo tipo de comedia.

    El mencionado vocablo latino farcire significa “rellenar”. En sus orígenes, consistían en breves interludios que se interpretaban antes de los dramas, para rellenar el programa, que con el tiempo se constituyó en un género en sí.

    Generalmente una farsa se burla de las creencias populares, poniendo en ridículo aquellas cosas de las mismas que no sean loables y utilizando para ello el imaginativo colectivo.

    Algunos filmes de Charles Chaplin, el Teatro Bufo cubano y el teatro absurdo, son ejemplos de la farsa.

     

    Para seguir leyendo

    Pellettieri, Osvaldo, director, Vol. II, (2007), Historia del teatro en las provincias, Galerna, Bs. As.

    Bourlot, Rubén, (2007), El radioteatro en Entre Ríos. Testimonios de una pasión popular, Ediciones del Clé, Paraná.

    Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com 

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