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miércoles, diciembre 8, 2021
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    Una pinacoteca soñada que es referencia ineludible

    Repleto de historias cinematográficas, el surgimiento, cenit y ocaso del afán coleccionista por el arte pictórico desarrollado por el empresario Ignacio Acquarone ha llevado a ser considerado un sello de calidad en sí mismo. Alguna de las tantas crisis económicas tiró al piso aquel castillo de naipes que tanto costó formar, pero la experiencia tuvo características singulares que vale la pena recuperar.

    Mariana Melhem / [email protected]

    Una elegante casa de patios forma parte de un conjunto armónico que unifica el carácter de la cuadra de calle Pellegrini entre Catamarca y Corrientes, en Concordia.

    Ignacio Acquarone, por Spilimbergo.

    Sutiles detalles ornamentales compuestos por entramados y guardas en el revoque, balaustradas de formas poco usuales en el coronamiento, una efigie femenina apoyada en volutas y flanqueada por dos copones, son algunos de los elementos de líneas Art Nouveau que se combinan con otros de procedencia clásica, sobre un extenso frente que es la antesala de una obra centenaria muy bien conservada.


    Hasta aquí una serie de atributos necesarios para una obra patrimonial, pero su carácter no solo refiere a lo material expresado en esta elegante vivienda sino que la obra además es referencia de las personas que la habitaron y del legado que dejaron.


    Fue construida hacia 1910 como vivienda para el matrimonio Garat-de la Cruz que legaron una escuela al barrio de Pompeya.


    Hacia 1940, fue adquirida por Acquarone como residencia familiar quien la adaptó a sus necesidades realizando una serie de modificaciones y ampliaciones entre las que se destaca el área de reserva y exposición para su colección de arte en una de las salas del frente.

    Testimonios de pinacoteca
    La provincia de Entre Ríos ha contado con verdaderos promotores de la cultura en las ciudades que habitaron. Así sobresalen figuras destacadas como la de Pedro E. Martínez, cuya colección artística fue el fundamento del Museo Provincial de Bellas Artes, que lleva su nombre.

    Pero el caso de Ignacio Acquarone, un empresario de la construcción de origen italiano radicado en Concordia es especial ya que, como coleccionista, reunió una serie de obras de arte producidas por autores que integraron la vanguardia europea de principios del siglo XX y una exquisita selección de artistas argentinos.

    Tal fue la relevancia de su colección que mereció la publicación de un libro denominado “I Pintura Argentina” compilado por Mario Loza, con una extensa y detallada introducción por parte del afamado crítico de arte Cayetano Córdova Iturburu quien valoró la pinacoteca como “la mejor compilación del arte argentino contemporáneo”. El libro fue publicado en 1955 con textos en francés y español.

    El encuentro
    El crítico se anotició de su existencia en ocasión del 75º aniversario de La Fraternidad, en Concepción del Uruguay, donde se expusieron cerca de treinta pinturas argentinas facilitadas en préstamos por Acquarone. “Lo que suscitó de manera particular mi interés, fue la evidencia del excelente criterio estético severo, refinado y moderno, con que las obras habían sido seleccionadas. Tuve la convicción de encontrarme ante una de las colecciones más valiosas existentes en nuestro país. (…) Quien desee informarse acerca de lo que ha ocurrido en el campo de la pintura en nuestro país en lo que va del siglo y, muy particularmente, en estos últimos años, hallará en la colección Acquarone una rica orientación documenta. Esta doble condición -la de su valor histórico y la de su interés actual- es la que proporciona al conjunto su comunicativa vibración de la realidad viva”, señala.

    Descendimiento, óleo de Aquiles Badii.

    Prácticamente todos los artistas argentinos de mediados del siglo XX, fueron seleccionados por el empresario: Lino Spilimbergo, Raúl Soldi, Emilio Pettorutti, Aquiles Badí, Horacio Álvarez, Héctor Basaldúa, Juan Batlle Planas, Horacio Berreta, Horacio Butler, Cerdá Carretero, Alfredo Guttero, Juan Carlos Castagnino, Eugenio Daneri, Miguel Diomede y Raquel Forner entre muchos otros. También contaba con esculturas y relieves de Alfredo Bigatti y Libero Badii.

    ¿Cómo nació la vocación?
    Resulta difícil imaginar cómo un constructor de obras de infraestructura se vinculó a tal punto con el arte, que se volvió referencia obligada para su consulta. Nicolás Passarella, artista plástico local, señala que Acquarone se encontró con el santafecino Ricardo Supisiche que mientras estaba pintando un paisaje le dijo: “Mire que si usted es empresario la pintura también es plata. En vez de comprar un lingote de oro compra dos cuadros”.

    Haber sido parte de la colección Acquarone es un sello de distinción.

    Por su parte, el crítico Jorge Taverna Irigoyen, relata el encuentro entre Supisiche y Acquarone como un hecho casual, acaecido en 1943, que tendrá una derivación decisiva en el arte del santafecino: “Cierta vez, llegan a Corrientes, cerca de los bañados de la laguna Iberá, invitados al campamento de un hombre con quien de inmediato se comunican afectivamente. Se llama Ignacio Acquarone. Es ingeniero y no resulta extraño que, a poco de hablar de sus barcos y de las travesías, terminen discurriendo sobre pintura. Supisiche y Acquarone consolidan una real amistad. Tal vez el pintor fue el primer ‘culpable’ de que éste, en pocos años, formara una de las colecciones de pintura más completas y coherentes dentro del país. El santafesino elegía al entrerriano no sólo las firmas sino aun los períodos más representativos de determinado maestro (…) el propio Acquarone le solicitó al artista que viajara a Europa para ubicar dos o tres figuras dominantes, sobre las cuales tenía especial interés. Así, en 1951 viaja a Italia financiado por Acquarone”.

    El desenlace
    Singular por el volumen, la selección y la calidad de las obras en un territorio alejado del centro capitalino, formó parte de diversas exposiciones, en el país y también ocupó un lugar importante en los catálogos de países vecinos. Hoy solo existe en los libros ya que, la crisis económica de la década de 1970 provocó la quiebra de la empresa de Acquarone y las obras fueron rematadas para responder a los acreedores.

    Legado
    En la actualidad, las galerías aún consignan en sus catálogos de venta “ex colección Acquarone” como certificado de calidad, quizás eso sea un buen recordatorio de lo que fue una de las más grandes pinacotecas privadas del interior.


    El legado de Acquarone está también en los logros de su hija Elena, arquitecta y artista plástica que diseñó singulares arquitecturas asociada al arquitecto Clorindo Testa y cuya producción artística en escultura y pintura trascendió el ámbito nacional. Ella reconoce como principal motivación para el desarrollo de su vocación, su infancia rodeada del arte que atesoraba su padre.

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