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viernes, diciembre 3, 2021
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    Federik, el tono local de una obra poética trascendente

    La edición de «Geografía de la fábula», con su obra poética reunida y textos inéditos, Miguel Angel Federik traerá nuevamente a Paraná a uno de los referentes más encumbrados de la literatura de Entre Ríos. El volumen, publicado por la Editorial de la UNER, se dará a conocer esta tarde a las 19.30 en la Sala de Conferencias de la Escuela del Centenario, en la IX Feria del Libro. La actividad contará con la presencia de Sergio Delgado y María Elena Lothringer que presentarán el trabajo.

     

    Carlos Marín / [email protected]

     

    En el transcurso de cinco décadas, Miguel Angel Federik ha entregado su esfuerzo por hacer oír a quien quiera acercarse a él a través de la poesía, la voz montaraz de Entre Ríos.

    Amante de la lengua castellana y uno de los referentes más encumbrados del panorama literario en la provincia, siempre tuvo entre sus propósitos construir desde Villaguay, donde nació y reside, una poesía que alcance resonancias universales. En ese intento se ha cifrado su existencia.

    El fruto de ese esfuerzo puede desde ahora encontrarse en “Geografía de la fábula”. El libro, publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos (EDUNER) se presentará hoy a las 19.30 en Sala de Conferencias de la Escuela del Centenario, dentro de la programación de la IX Feria Paraná Lee.

    En un recorrido que se inicia en 1971, con “La estatura de la sed”, publicada por Editorial Castelví, en Santa Fe, a través de más de 500 páginas, el trabajo permite acercarse a la integral de este autor, ganador del premio Fray Mocho en 1992. Un punto destacado de “Geografía de la fábula” es que además de lo conocido (Los sepulcros vencidos, Fuegos de Bien Amar, Una liturgia para Némesis, Imaginario de Santa Ana, de Cuerpo Impar, Niña del desierto), incluye textos inéditos de Federik.

    Este último aspecto, un aporte sustancial para acercarse al poeta menos conocido, ha sido posible por la tarea del equipo de edición de la EDUNER que trabajó sobre material “inédito y desparramado, incluso cosas que ya estaban armadas como libro y que fueron quedando por el camino”, contó el escritor a EL DIARIO.

    Para lograr concretar el libro, todo el corpus de la obra de Federik fue sometido a un minucioso y delicado trabajo de selección, corrección,  ordenamiento y diseño. “Un trabajo de primer nivel por parte del equipo, integrado por María Elena Lothringer, Sergio Delgado, Guillermo Mondejar, Paola Calabretta y Manuel Siri”, entre otros.

    “Geografía de la fábula” cuenta con un prólogo escrito por Sergio Delgado. El texto constituye un estudio en profundidad de la obra de Federik. “Un lujo”, dice el poeta villaguayense sobre el trabajo de Delgado, investigador residente en Francia y especialista en Juan L. Ortiz.

    “De los poetas de Entre Ríos que estamos vivos, soy el primero que tiene el honor de que universidad le edite su obra reunida”, reconoce Federik en la entrevista con EL DIARIO. Y es posible acordar que, como sugiere, lo mejor es que los reconocimientos puedan hacerse en vida.

     

    SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

     

    -¿Qué le provoca ser editado por la editorial de la UNER en la madurez de su vida?

    -Los sentimientos son contradictorios. Por un lado está la alegría, el honor que se recibe al ser tratado de esta manera, es decir no sólo ser publicado meramente sino ser editado, es decir contar con el amparo, el cuidado de personas especializadas en la edición que todo mejoran; sobre todo en los libros de poesía, que requieren un cuidado de edición mayor que otros. Pero por otro es verme a mí mismo en una madurez ya cumplida, con una obra en la cual, como siempre, se salvan algunos poemas, algunos versos. Con lo cual todo esto trae el regusto amargo de no haberlo hecho mejor, de no haberlo podido hacer mejor. No es un sentimiento estrictamente negativo. Si el tiempo me da vida tal vez pueda corregirme en alguna parte, porque la mejor forma de hacerlo es escribir otro poema.

    -¿Cómo se procesa el vínculo entre la sonoridad de la palabra que se traduce luego en la musicalidad del verso y el ritmo del poema?

    -Es una cuestión compleja. Pero diría que basta la ordenación de la frase, la secuencia silábica, unas secuencias acentuales, como para que la lengua exija la cláusula siguiente. Por ejemplo, basta apenas una mera intervención de comas en una frase suelta, para que los sentidos varíen. Y quiero decirle algo: tengo la impresión que actualmente se desprecian los signos ortográficos de puntuación. Es algo que puede hacerse, claro; es parte de las libertades. Pero prescindir de elementos de puntuación, es hacerlo de esas marcaciones que pautan el silencio. Y sabemos que éste es parte esencial de la poesía. Así como lo es en la música. Retomando su pregunta, son esas formas de construir los primeros pasos, los primeros versos, las que dan el tono para que las otras cláusulas exijan su correspondencia o su antítesis en el desarrollo de los versos. No podemos olvidar que la lengua castellana tiene un modo especial, singular de producirse, que la distingue del resto.  El proceso no es lineal. Uno siempre tiene una idea, una inquietud, un tema, un sueño, una frase que lo persigue. Así comienza un poema a construirse a sí mismo. Y en algún momento uno tiene, necesariamente, que intervenirlo. Para esto están la técnica, el conocimiento. Porque sino la lengua tiende a producirse siempre de la misma manera. En este punto es clave la intervención que uno hace sobre esos ritmos y esas cláusulas preestablecidas para que la lengua suene diferente. Porque en la poesía la musicalidad es consustancial al sentido.

    CERTEZAS DEL CAMINANTE

    -El propósito de construir desde Villaguay una poesía que alcance resonancias universales es un intento en el cual ha transcurrido su vida. ¿Cuál o cuáles son las claves que condensan lo propio de lo entrerriano, y de su lugar en el mundo? ¿Qué cosas puede mencionar, si eso es posible?

    -Si uno abreva no sólo en mi literatura, sino también en la de otros amigos y poetas del país interior de los argentinos, podrá apreciar que en mi poesía nunca, o casi, aparece el viento. Algo que en los poetas patagónicos, por el contrario, es muy común. En mis poemas no hay montañas ni serranías porque no las hay en Entre Ríos. Lo que habrá siempre, necesariamente, es agua, verde y colinas. También aparecerán los ritmos de las hablas populares, no digo ya de Entre Ríos, sino del Noreste argentino, región en la que hablamos el castellano con una musicalidad guaranítica. El guaraní es fundamentalmente agudo y nosotros tratamos de hacer agudas, si no es la palabra, la frase, el período, la expresión. Mientras que los poetas pertenecientes a otras provincias, como Córdoba, Salta, Santiago del Estero donde hay otras culturas precolombinas debajo, tienen otros ritmos naturales para hablar. Creo que lo que va a estar siempre en un poema es el entorno vital, que es el que nos corresponde. Pero dejemé decirle algo: si bien es cierto mis mayores han cantado la provincia, sus paisajes, sus aguas, su cielo, la verdad es que cuando llegué a este mundo ni el paisaje ni la palabra eran ya lo mismo que aquel que fue el de mis mayores. Ya estaban modificados, alterados; habían seguido su curso.  En cuanto a la resonancia un poco más allá de lo local, creo que proviene de que ésta región, Villaguay, fue zona de una inmigración poderosa. Por aquí han vivido y se han asentado italianos, franceses, luxemburgueses, belgas, españoles, judíos. En algunos de mis últimos ensayos digo que el francés, por aquí, era una lengua rural, porque los colonos valesanos lo hablaban. El castellano era la lengua oficial y de la escuela, pero dentro de las casas, había otros idiomas. Y a todo eso agrego el guaraní, que podía escucharse sobre todo en la zona norte del departamento Villaguay, que era la frontera del imperio jesuítico.

    -¿Cuáles son las certezas que han orientado, como poeta, su recorrido en el hacer?

    – Sigo ese oficio o magisterio que una vez me enseñara Lermo Balbi: expandir y contraer la voz común. Ser fiel a una lengua; a la memoria de una lengua. La que canta es la lengua frente a todas las lenguas del mundo, …sus amantes -como todos los amantes- somos siempre segundos y prescindibles.

    Miguel Angel Federik: “El poeta es un instrumento de esa obra de arte mayor que es la lengua”.

     

    BÚSQUEDA QUE NO CESA

    -En esa búsqueda de orfebre de la palabra, que no cesa: ¿Qué lo impulsa a continuar, con todo el camino recorrido?

    -Sigo pensando que el trabajo del poeta consiste en lo siguiente. En primer lugar, de todo el inmenso tesoro de la lengua, recolecta una parte, que la hace propia y que es característica de su estilo, de su vocabulario, de sus intereses. Por otra parte, está la tarea de hacerse con la propia lengua, la de la patria en que uno vive. Porque desde donde se escribe tiene su relevancia. Aunque en definitiva, en poesía, lo esencial nunca es el desde, sino el cómo. Esos dos trabajos son infinitos, porque la lengua también lo es. La que tengo hoy no es misma de aquella con la cual empecé a escribir. La de mi país interior tampoco es la de 70 años atrás. Esto es un viaje permanente. Y lo que me interesa es dar con esa palabra que es, en definitiva, la que construye el poema. Lo demás son pretensiones que a esta altura de la vida uno ya sabe que han sido fantasías; como la de creer que es uno quien escribe. Uno es un medio y un instrumento de esa obra de arte mayor que es la lengua.

     

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