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miércoles, diciembre 8, 2021
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    Para desarticular el pacto de varones en cualquier ámbito

    Desde hace ya 15 años existe por ley la Educación Sexual Integral (ESI) que junto con otras normas afines, fueron habilitando nuevos debates, entre ellos los vinculados a los pactos patriarcales y las nuevas masculinidades. EL DIARIO fue en busca de algunas voces expertas para abonar a la temática.

     

     

    Mónica Borgogno / [email protected]

     

    Si bien han sido numerosos y enriquecedores los aportes del campo académico en relación a los feminismos, es un trabajo efectivamente arduo motorizar un cambio cultural que permita quitar todo vestigio de patriarcado en los vínculos al interior de las universidades y los centros de investigación.

    En distintas universidades del país se están dando los primeros pasos en ese sentido y Entre Ríos no es la excepción.

    Sin ir más lejos, en 2018 empezó a funcionar en la Facultad de Trabajo Social de la UNER el Núcleo Feminismos, teorías de género y sexualidades (Feges) con el fin de aportar en la co-producción de conocimientos en torno a temas relevantes de la agenda política y social. Autodefinido como “un espacio feminista de construcción política y producción de conocimientos, que no agota ni subsume las distintas expresiones del feminismo, sino que promueve la interlocución y diálogo con diversas perspectivas críticas, aportando en la construcción de prácticas cotidianas libres de violencia en el ámbito de la Facultad”. Este núcleo viene desarrollando diversas acciones.

    En efecto, según comentaron las principales gestoras y quienes llevan adelante este trabajo – coordinado por la doctora en Ciencias Sociales, Mariela Herrera y co coordinado por la licenciada Luciana Basso-, en estos tres años han podido construir y sostener instancias de comunicación e intercambio, discutir posicionamientos frente a diversos temas y fortalecer vínculos intrafacultad e interclaustros. Asimismo, se aportó “en la consolidación de un espacio de referencia institucional que, entre otros aspectos, le dio impulso y acompañamiento a la implementación del Protocolo de Actuación frente a violencias sexistas en el ámbito de la UNER (conformación del Equipo de Referentes del protocolo en la Facultad), participación en la RUGE (Red interuniversitaria por la igualdad de género y contra las violencias) y en 2019 en el Consejo de Decanos de Ciencias Sociales (Codesoc) donde se trabajó sobre la transversalización de género en las carreras de Ciencias Sociales”, explicaron.

    El caso es que, en esta semana en particular, el Feges organizó una conferencia referida al “Pacto de varones y contextos institucionales”, que estuvo a cargo del especialista Enrique Stola.

    EL DIARIO fue en busca de la palabra de Herrera y también de Stola, para esclarecer conceptos en torno a ese singular “pacto” y desde allí, poder contribuir a la erradicación de actitudes asociadas a micromachismos que abundan en cualquier sitio.

    “Hay tantas masculinidades como varones”, destacó Stola.

    Ambos entrevistados acercan ejemplos para detectar esos dichos y prácticas que pueden lucir naturalizadas y que encierran subestimación y violencia hacia las mujeres.

    “Instalar el debate sobre el tema de las complicidades de varones en la violencia sexista que se manifiesta en distintos ámbitos de las instituciones”, fue uno de los objetivos de la conferencia con el especialista. “Justamente, como se trata de una suma de actitudes que silencian y minimizan estas violencias, resulta importante darle entidad y someterlas al debate en el ámbito de nuestra institución”, señaló Mariela Herrera. Hacia ella fueron las primeras preguntas.

     

    CONCEPTOS

    –¿Cómo definirías el pacto de varones y por qué es necesario hablar de esto?

    –El pacto de varones tiene que ver con una forma naturalizada y tolerada socialmente, que estructura las relaciones sociales y se replica en las redes, por medio de la cual circulan chistes, imágenes, insultos, etc. que son humillantes respecto a mujeres y disidencias. Estamos refiriéndonos a grupos de varones que también llevan a la práctica estas situaciones abusivas porque, según ellos, «es en chiste», «no pasa nada» o, que cuando son delatados dicen: «No me di cuenta». Se trata de un pacto porque los otros varones actúan con complicidad y aunque les moleste, no se animan a transgredir la imposición de estas prácticas por parte de sus compañeros y levantar la voz. También si la situación se denuncia, toman partido por el varón o los varones implicados, desprestigiando a las personas denunciantes dado que se sienten protegidos por el pacto.

    Stola instó a romper con los estereotipos sexuales que sostienen la dominación masculina y también el binarismo de género.

    –¿Qué responsabilidades o complicidades tienen las instituciones para profundizar esos pactos o bien cambiarlos?

    –En realidad, vivimos en una época donde están cambiando lentamente (y por cierto, con mucha resistencia) estas prácticas. En ese sentido, las instituciones públicas tienen un rol específico por su vocación democrática. También señalamos que estos pactos tienen una función «pedagógica», es decir que enseñan a las mujeres y disidencias a someterse a estas violencias «porque las cosas son así» y a callar los abusos y el acoso «porque no va a pasar nada». Estamos tratando de instaurar otra pedagogía, basada en una justicia de género. En nuestro país contamos con un marco legal con distintas leyes que, en el último tiempo, han buscado desmontar estos modos de actuar que perduraron durante siglos.

    Por ello, buscamos escuchar acerca de estos pactos para tener herramientas que ayuden a transformar las relaciones, los modos de vincularse y que las instituciones desarrollen su trabajo en la búsqueda de un orden más justo.

     

    Las jefaturas de cátedra y de equipos de investigación suelen estar a cargo de varones.

    ESCENARIOS

     

    –En el ámbito universitario, ¿tiene otras características ese pacto?

    –En el marco de las instituciones universitarias el pacto de varones tiene ciertas particularidades por la relación asimétrica que mantienen profesores y estudiantes. Aunque está cambiando la composición del claustro de docentes, en algunas facultades se sigue observando una gran preponderancia masculina entre los titulares de las cátedras.

    Por otra parte, apelando a la autonomía de la institución, muchas actitudes se justifican y toleran. Dado que existe cierta permanencia en los cargos, avalada también por los conocimientos que pueda poseer un docente, en algunos casos esta «autoridad» se desliza hacia otras prácticas sexistas y discriminatorias.

    En el caso de la UNER existe un Protocolo de actuación hacia las violencias sexistas por medio del cual han empezado a salir a la luz estas alianzas y complicidades que sostenían a algunas personas en su lugar de «intocable”, lo mismo que algunos hábitos abusivos entre estudiantes o que pueden involucrar al personal no docente.

     

     

    LÍMITES

    El magister Enrique Stola es médico especialista en Psiquiatría y Psicología Médica, ex Profesor de Derechos Humanos y Memorias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y miembro de la Comisión Nacional para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG).

    A él también se le pidió una definición y ejemplos de actitudes cómplices.

    “El pacto entre varones es un acuerdo construido históricamente y que en la actualidad se expresa -en forma explícita o implícita- en el esfuerzo por sostener un sistema de creencias de dominación de género, racial y económico, concretado en prácticas socio-económico-culturales machistas. La matanza de mujeres en todo el mundo y la nula manifestación activa de los varones no femicidas es un ejemplo de esa complicidad; el sostenimiento de la Cultura de la Violación es otro ejemplo, así como la actitud ante los asesinatos de personas trans-travestis, y la homofobia”, repasó el entrevistado.

    Para el especialista consultado, al interior de las casas de estudios superiores también ocurren estos pactos. “Las universidades son instituciones jerarquizadas dentro de los estados patriarcales, hoy muchos de estos resquebrajados por la lucha feminista. En el interior de las instituciones educativas se expresan tensiones de género, clase y raza. La jerarquización masculina es una constante aunque podamos encontrar algunas decanas y alguna rectora. Salvo excepciones, las universidades tratan de encapsular los estudios feministas, antiracistas y anticapitalistas tratando de neutralizar el pensamiento que puede cuestionar el poder político dentro y fuera de la institución”, cuestionó.

     

    Pareciera que los repertorios de chistes misóginos son una necesidad de demostrar masculinidad. Hoy se habla de masculinidades en plural, ¿Cuáles otras habría que habilitar y pensar?

    –Casi la generalidad de los varones heterosexuales se ve en la necesidad (o el medio les exige) de demostrar cotidianamente y de alguna forma su «ser masculino». Los chistes, la mirada a las mujeres y la complicidad con otros hombres, la forma de caminar o sentarse, los gestos y el modo de expresar su afectividad son algunos de los indicadores que pueden servir a tal objetivo. Hay tantas masculinidades como varones, pero esa masculinidad hegemónica en cada momento histórico atraviesa todos los cuerpos: así, tenemos masculinidades trans, lésbicas, antipatriarcales, no-violentas, políticas, etc.

     

    LECTURAS POSIBLES

     

    –¿Qué hay que tener en cuenta para formar otro tipo de varones y mujeres, en la vida cotidiana y en las escuelas?

     

    –En todos los niveles educativos necesitamos Educación Sexual Integral, romper con los estereotipos sexuales que sostienen la dominación masculina y también el binarismo de género que, en el llamado mundo occidental y sus dominios, logró imponer el catolicismo. Esta visión comenzó a romperse en la década de los años 60. Debemos llegar a construir una sociedad sin géneros, donde un cuerpo, una persona, no sea descalificada ni sometida por su forma de ser y estar en el mundo.

    –¿Se usa el psicodrama como técnica para hablar de estos temas con varones en talleres referidos a otras masculinidades posibles?

    –El socio-psicodrama es una teoría y técnica muy operativa para abordar esta problemática y generar aprendizajes significativos. Me refiero a lograr que un concepto teórico imbricado con alguna experiencia vital de quien participa comience a operar como transformador concreto que le permita ganar en libertad, comprensión y afectividad.

     

    –En ese sentido, ¿Qué lecturas recomendaría para aquellos varones que quieren despegarse de ese pacto o quienes se desempeñan como formadores?

    –No voy a recomendar sino a sugerir que dejen de lado la ignorancia deliberada. Propongo leer a autoras feministas de nuestra América, a feministas indígenas, negras, decoloniales, y comunitarias.

    Hay un listado interminable de autoras, pero pueden comenzar buscando en internet: feminismo, olas feministas, filósofas feministas, o feminismo latinoamericano. Tengan una actitud activa de encuentro con los estudios de género, con el pensamiento de mujeres que representan diferentes feminismos y tendrán un gran aprendizaje.

    Pueden buscar en internet novelas feministas, novelistas feministas, novelas que tienen al feminismo como protagonista, novelas trans-travestis, autoras trans, novelas homosexuales, busquen, investiguen, encuentren la vitalidad que hay en los cuerpos que se resisten y generan políticas de emancipación.

     

    Lo que persiste o se transforma

    A Stola se le preguntó si observa cambios de actitudes y políticas para combatir este pacto al interior de las universidades. Su respuesta fue más que contundente y reflexiva. “La pregunta que hago es: ¿cuántas universidades han logrado que todas sus carreras estén atravesadas por una perspectiva de género? Si eso no se ha dado, hay mucho que transformar. Seguimos teniendo profesores en Filosofía que usan el término «Hombre» análogo a Humanidad; carreras de Psicología que no estudian acerca del incesto-paterno filial y si lo hacen es desde una perspectiva del siglo XIX; en Derecho no saben lo que es la Cultura de la Violación, y así podríamos seguir por horas”.

     

    El dato

    En la historia de la UNER, por caso, no ha habido aún mujeres al frente de la casa de estudios, como Rectora; en tanto, en Uader, sólo Graciela Mingo ocupó el cargo de Rectora entre 2007 y 2011.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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