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miércoles, diciembre 8, 2021
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    Espacios terapéuticos para niños y adolescentes

    A menudo, las conductas de niños, niñas y adolescentes dicen mucho sobre las relaciones familiares y sociales que transitan. Por ello, ante la presencia de la disfuncionalidad, una opción recomendable es contemplar el acceso a  la terapia psicológica. Pero, ¿todos los adultos habilitan el acceso a los espacios terapéuticos?

     

    En estos últimos tiempos se han incrementado, significativamente, las consultas y los tratamientos en esta franja etaria y en el intento de buscar una explicación al fenómeno y a la disfuncionalidad, encontramos sus orígenes en factores sociales y familiares.

    Cabe destacar, que la infancia y la adolescencia son  periodos de los descubrimientos por excelencia. Este afán por experimentar, multiplica la capacidad de absorber conocimientos, ya sean buenos o malos. Es por eso que, cuando se enfrentan a una situación negativa, el riesgo de que les afecte emocionalmente se multiplica, especialmente en su entorno más cercano. La familia puede marcar de manera negativa, y al mismo tiempo puede ser parte fundamental de la contención y  recuperación cuando detecta que hay un problema.

    Es común que, en estos escenarios cotidianos, nos encontremos con el discurso de muchos niños, niñas y adolescentes que refieren que han sentido la necesidad (desde hace mucho tiempo) de consultar con un terapeuta y no han podido concretar ese deseo.

    Esto puede deberse a que:

    -Sus padres o referentes de crianza no crean en la eficacia de la terapia.

    -A no sentirse habilitados económicamente para acudir a estos espacios.

    -Sus padres no los acompañan a encarar estos procesos

    -Desestimen lo que les puede estar pasando, justificando que debe ser algo de su edad. En resumen, no validan lo que están transitando sus hijos.

    -Sienten miedo a las burlas y a no ser comprendidos.

    En casa, muchas familias se comunican escasamente. Se atienen a lo anecdótico y cotidiano: pequeños relatos del día y carencia de profundización y reflexiones acerca de la vida.

    Los hijos circulan bajo este patrón de conductas y los padres se vuelven menos tolerantes frente a sus planteamientos y comentarios. Y la exigencia con poco espacio para reclamos, crea una situación violenta regida por la impaciencia y la indiferencia.

    Frente a estas dinámicas cotidianas, que nos invaden en una rutina con falta de observación y profundización, ¿Qué debo tener en cuenta, para saber si un niño, niña o adolescente necesita de ayuda profesional?

    Se proponen algunos ejemplos clarificadores para reconocer indicadores, que podrían requerir de una intervención:

    -Presencia de dificultades o problemas que interfieren en el funcionamiento diario.

    Síntomas como la falta de apetito o lo contrario, irritabilidad, aislamiento social (tiene menos ganas de salir o quedar con amigos), bajo del rendimiento académico, negativa a ir al colegio, desobediencia sistemática o actitud agresiva podrían estar encubriendo la necesidad de una intervención profesional. Un cambio importante en las emociones o comportamientos también podría ser una señal de alerta que nos lleve a considerar el hecho de pedir ayuda profesional.

    -Presencia de  conductas extrañas que le generan malestar.

    Las dificultades de adaptación también pueden ser una señal de alerta para pedir ayuda psicológica. Estas dificultades pueden darse en cualquier ámbito de su vida,  como por ejemplo; la separación de los padres, la llegada de un hermano a la familia, una mudanza a una nueva ciudad, la muerte de un ser querido, etc.

    Si identificamos que un niño, niña o adolescente manifiesta dificultades persistentes para comprender esta nueva realidad, tolerarla, aceptarla o adaptarse a ella, con cambios de humor repentinos, irritabilidad, tristeza excesiva o llanto descontrolado, por ejemplo, quizás sea hora de plantearse el hecho de pedir ayuda especializada.

    -Recomendación institucional.

    Es fundamental la observación específica en los espacios escolares, ya que son fuente de información precisa emocional y conductual. Estos espacios deben convertirse en lugares de atención y escucha para poder intervenir a tiempo frente a la detección de una modificación o perturbación.

    -Verbalización del pedido de ayuda.

    Si le preguntamos a nuestro a un niño, niña o adolescente, si quiere hablar con alguien que no seamos nosotros sobre lo que le preocupa, y nos comenta que sí, que quizás le gustaría hablarlo con otra persona, o directamente nos dice que le gustaría estar mejor, que no sabe cómo hacerlo, cómo gestionar sus emociones…Entonces, es hora de valorar opciones y de ofrecerle esa ayuda que solicita.

    -Presencia significativa de pérdida de interés.

    Si observas que hay una muestra relevante de pérdida de interés por las actividades que siempre le han hecho disfrutar, sin que hayan surgido nuevos intereses sino que más bien parece que nada le motiva o le genera disfrute es importante estar atento y observar si ésta situación se prolonga en el tiempo, especialmente si prefiere estar solo que en compañía de amigos y/o familiares.

    -Presencia de conductas agresivas reiteradas.

    Si percibes que se enfada con frecuencia, parece estar irritable e incluso muestra conductas agresivas y descontroladas, presta atención.

    -Presencia de modificaciones en el rendimiento académico.

    Cuando se produce una baja en el rendimiento académico, abandono progresivo de amistades que han formado parte de su vida hasta el momento, surgen enfermedades físicas que impiden acudir a clase y por supuesto si se observan en su cuerpo cortes o heridas sospechosas, es necesario prestar atención y buscar ayuda profesional, tanto sea individual como familiar, para adquirir estrategias de abordaje y contención integral.

    -Situaciones de Bullying.

    Los que han sufrido bullying a menudo,  presentan secuelas relacionadas con la autoestima, depresión, ansiedad, indefensión aprendida y otros síntomas.

    -Separación de los padres.

    La separación de los padres es una de las situaciones más estresantes para todos los miembros de una familia. Si tenemos posibilidad de consultar con un profesional, puede serle de ayuda para afrontarlo de la mejor manera. Y solicitar pautas y consejos sobre la mejor forma de contener síntomas que se pueden suscitar.

    -Presencia de trastornos alimenticios o conductas relacionadas a la alimentación.

    Si observas que hay una restricción en  la alimentación o se obsesiona con el aspecto físico, la detección a tiempo en los trastornos alimenticios es crucial. Es mejor consultar con un profesional y que se aborde la situación, a esperar por meses o años y actuar cuando se establezca un trastorno.

    – Presencia de lesiones autolíticas.

    Si identificamos marcas en lugares del cuerpo, o que se tapan partes del cuerpo de manera innecesaria, es fundamental la consulta profesional para obtener herramientas de abordaje no invasivo de esta problemática.

    -Presencia de una enfermedad crónica

    Ya sea que se trate de una alergia alimentaria o del asma (condiciones que requieren una supervisión a largo plazo), o de un diagnóstico de cáncer o diabetes, los niños, niñas y adolescentes, pueden necesitar ayuda para manejarlo de la manera más saludable posible.

    Los padres también pueden necesitar ayuda para procesar la enfermedad  y sus propios sentimientos al respecto. Como resultado de estas interrupciones en su vida diaria, los  que tienen alguna condición médica a menudo se sienten excluidos o cohibidos. Dependiendo de su edad, estos sentimientos pueden llevar a problemas de comportamiento, ansiedad y depresión.

    Para finalizar con el abordaje de esta temática, es necesario apelar a la toma de conciencia y la identificación de que hay pedidos de ayuda más directos que otros, pero que indistintamente, requieren de  contención o de conductas habilitantes. Es nuestro deber como padres, referentes y adultos facilitar el acceso a espacios de terapia.

    Nunca esta demás una consulta con un profesional, sea de manera individual, familiar o como referente de crianza.

    No debemos esperar a que la salud mental y física estén en peligro y que identifiquemos la presencia de huellas irreparables. La escucha atenta, la observación y el fortalecimiento de recursos, son herramientas valiosas de prevención, afectividad y contención.

     

    Anabella Martínez

    Licenciada en Psicología (M.P 2009)

    Especialista en Terapia Cognitivo Conductual y Sexología Clínica (UBA)

    Diplomada en Programación Neurolingüística.

    IG, YouTube y Facebook: Psicóloga Anabella Martinez

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