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sábado, diciembre 3, 2022
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    Las marcas de la pandemia en la vida cotidiana y la educación

    La producción de conocimiento sobre el impacto económico y social de la pandemia, arrojado por intelectuales y expertos, es vasta. No así, la mirada de los estudiantes. Con la finalidad de cubrir esa área, la UNER montó un proyecto, cuyo objetivo fue visibilizar experiencias y balances que instaron a los universitarios a generar una encuesta.

     

    Mónica Borgogno | coordinació[email protected]

    Pese a que todavía se siga lidiando con los efectos de la pandemia y ya se empiece a hablar de escenarios “post pandémicos” -cuando en realidad aún circula el virus- un análisis de lo acontecido en estos últimos meses resulta imperioso.

    Como se sabe, el impacto del Covid-19 fue integral, abarcó a toda la sociedad: tanto organizaciones sociales como empresas, trabajadores, estudiantes, docentes y cualquier mortal, se vieron afectados en sus rutinas, hábitos, modos de vivir y, naturalmente, de relacionarse.

    A propósito de estos temas, desde algunas cátedras de las Facultades de Trabajo Social y de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos se lanzó un proyecto de innovación e incentivo a la docencia que tiene la particularidad de partir de la mirada de los y las estudiantes universitarios.

    Bajo el nombre de “Transformaciones en la sociedad actual, el impacto de la pandemia en el mercado, las subjetividades y las organizaciones”, la  experiencia apunta a que sean los alumnos quienes realicen un abordaje en torno a la educación para que, justamente desde allí, puedan problematizar sobre sus realidades múltiples; expresar los desafíos y anhelos de corto y largo aliento y al mismo tiempo puedan compartir sus miradas sobre los modos de trabajar o estudiar.

    La propuesta en cuestión fue la siguiente: se incentivó a que los alumnos elaboren una encuesta a sus propios pares para indagar precisamente acerca de cambios en la sociedad actual, tomando una serie de ejes vinculados con los espacios íntimos como la familia, las transformaciones en los estilos de relacionarse con el sistema educativo, las nuevas formas de aprender en la virtualidad, en la inserción en el mercado laboral, junto a las modalidades de trabajo, sumado a pensar el rol de las organizaciones sociales y empresariales, las creencias religiosas, las manifestaciones en la expansión de la pobreza y las desigualdades sociales, entre otros temas que preocupan.

    Viviana Verbauwede, integrante de la cátedra Teoría Sociológica Contemporánea, es una de ellas. En diálogo con EL DIARIO, explicó que “la idea de este proyecto de innovación pedagógica tiene a los estudiantes como centro de las problematizaciones de la vida cotidiana”, antes de precisar que “nos propusimos pensar la docencia desde otra perspectiva, y para ello creímos que la visión del estudiantado resultaba crucial”.

    En ese sentido, añadió que “fue importante para nosotros advertir cómo ellos visualizan estos cambios; conocer sus vivencias, de qué modo construyen lo que pasó, y cuál fue el impacto en sus subjetividades”.

    Durante la entrevista se consultó a Viviana Verbauwede sobre la producción de conocimientos motivada por las transformaciones derivadas de la nueva situación sanitaria. En ese sentido, resaltó la numerosa producción de artículos y ponencias sobre la temática que realizaron los expertos de distintas disciplinas. Faltaba la mirada de los estudiantes.

    APORTE INNOVADOR. De esta manera, luego de elaborar la encuesta, pensar los interrogantes posibles, definir los subtemas, procesar los datos, y hacer la lectura de las respuestas, los estudiantes de las cátedras Métodos Cuantitativos, Análisis Estadístico  y Teoría Sociológica “realizarán sus trabajos finales de procesamiento y análisis de la información, completando así un ciclo de aprendizaje en campo, de los conceptos teóricos aprendidos en clases y su vinculación con lo empírico”, explicó Verbauwede, antes de señalar que los estudiantes involucrados cursan las carreras de Trabajo Social, Ciencia Política y Ciencias Económicas.

    La marca distintiva de esta investigación es que los estudiantes formaron parte central del diseño.

    Entre las preguntas incluidas en la encuesta que se aplicaron a unos 230 universitarios, aparecen las ligadas a reflexionar sobre la realidad que queda tras la situación derivada de la pandemia, con el fin de sumar de manera práctica los aportes de la Sociología, el Trabajo Social y la Ciencia Política para pensar e imaginar las problemáticas actuales.

    Hasta aquí, se estaba al tanto de las secuelas en el sector gastronómico, hotelero y de servicios; también de la profundización de las desigualdades; la mayor precarización de las condiciones laborales y de los pros y contras del trabajo desde el hogar.

    También se conocía sobre el trabajo de contención que realizaron las organizaciones sociales y comunitarias, así como los centros de salud, para paliar la situación económica de numerosas  familias. Ahora, se incorporará la perspectiva estudiantil, bajo un formato no tradicional, en el que los y las estudiantes aprenden, como parte de una propuesta de cátedra, el uso de las tecnologías y la construcción del dato científico, competencias de relevancia en el proceso de aprendizaje.

    La voz de los participantes

    Para evaluar las secuelas de la pandemia, los estudiantes incluyeron en sus encuestas distintas preguntas, muchas de las cuales apuntaron a indagar acerca de la transformación que sufrió el universo laboral y educativo; las nuevas dinámicas en torno al trabajo presencial y online, las formas de enseñar, la flexibilización y regulación de las tareas, así como también aspectos referidos a la salud.

    Uno de los puntos del relevamiento refería a los hábitos de aprendizaje adquiridos durante la pandemia. Al indagar sobre la modalidad del cursado en la virtualidad, un 40% de los estudiantes dijo que le resultó “medianamente difícil”; más de un 20 % lo consideró “difícil”; mientras que el resto manifestó que le gustó más, o que no fue problemático. Del análisis de los datos surge que en general, los estudiantes se adaptaron a trabajar en grupos de manera virtual.

    Del total de encuestados, un 45% recibió apoyo de los dispositivos de la facultad a la que pertenece, aunque el mayor acompañamiento provino de amigos.

    Por otro lado, más de un 60% calificó como “satisfactoria” la experiencia de clases virtuales; un 20% la consideró “muy satisfactoria” y apreciaron la comodidad y la autonomía en la organización de aprendizajes.

    Ante la consulta sobre los aspectos categorizados como “negativos”, fueron numerosos los consultados a quienes la situación les produjo ansiedad y estrés, debido a que muchas veces no contaban con una buena conexión a internet, o el espacio físico era inadecuado.

    Respecto a la permanencia o abandono del cursado, los consultados aseguraron que entre los compañeros que abandonaron los estudios la principal razón fue la dificultad para sostener las clases virtuales.

    DESDE CASA. Cuatro de cada diez estudiantes consultados que no son oriundos de Paraná, y que alquilaban en la ciudad, debieron volver a sus lugares de origen; lo que, según indicaron, favoreció su economía doméstica.

    Del total de esa muestra, tres de cada cuatro volvieron a convivir con sus familiares, y la mitad de ellos respondió que no le fue tan fácil sostener la cotidianeidad en un mismo espacio, debido a las dificultades para estudiar y concentrarse.

    Otro dato es que de los que conviven o están casados, el 14% tiene hijos pequeños, y manifestaron que se les dificultó el cursado desde el hogar.

    Además, un 30% indicó que tuvo que encargarse de tareas de cuidado a niños y personas mayores o con discapacidad.

     

    TRABAJAR. De acuerdo a las respuestas recibidas, se observa un equilibrio entre los que trabajaron y no lo hicieron durante la pandemia. Casi la mitad de los que lo hicieron de manera virtual conocían la Ley de teletrabajo sancionada en abril del 2020, mientras que tres de cada diez sólo habían escuchado hablar de ella.

    Vuelta a clases

    Respecto a las expectativas que genera el regreso a las aulas, la mitad de los encuestados considera que todo será como antes de la pandemia; un 26% consideró importante que el proceso sea progresivo o por burbujas y otro 15% espera volver, pero no próximamente.

    Se coincide, eso sí, en que tanto en el campo educativo, en los hogares, en las comunicaciones intragrupos, la virtualidad que se afronta desde largos meses ha provocado un inesperado cambio en la vida de cada uno de ellos.

    Les cuesta imaginar a muchos cómo será el regreso a las aulas.

    En términos proporcionales se destacó participación en la encuesta (230 aproximadamente), lo que es un indicio del interés existente. De ese total, el 51% correspondió al estudiantado de Ciencias Económicas y el resto al de Trabajo Social. El grupo etario de 19 a 21 años fue el que más ha respondido.

    Otros desagregados son sumamente interesantes. Por ejemplo, que el 78% de las respuestas proviene de mujeres; que el 83 % son solteros/as; que un 63% convive con la familia y que un 23% vive solo/a.

    La situación laboral se diversifica en las respuestas: un 29% no trabaja ni busca trabajo; un 22% no está inserto en el mundo laboral, pero busca cómo hacerlo; y de los que están empleados, un 24% son a través de vínculos informales.

     

    Trabajar desde nuevos escenarios

    Graciela Mingo es licenciada en Ciencia Política y Magister en Metodología de la Investigación. Además de docente e investigadora universitaria, y una de las colaboradoras del proyecto de innovación.

    EL DIARIO le trasladó algunas preguntas referidas a un tema que conoce bien: el mundo del trabajo y las nuevas reconfiguraciones de la dimensión laboral durante la emergencia sanitaria, y su vigencia.

    “La heterogeneidad y la desigualdad quedó al descubierto porque aumentó la tasa de desocupación”, indicó, antes de agregar que “por otro lado -en el marco del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) – se profundizó el trabajo a través de las aplicaciones móviles, por ejemplo para repartir mercadería básica como la comida y los remedios”.

    En efecto, fueron numerosos los rubros que vieron en esta alternativa una posibilidad de seguir en contacto con sus clientes, cuando sus locales estaban cerrados e imperaba el ‘quedate en casa’. Así, las redes sociales pasaron a ser la principal herramienta de comunicación y, al mismo tiempo, resultaron un eslabón clave a la hora de satisfacer las demandas de la sociedad.

    Esta tesitura fue el disparador para que por primera vez en Argentina se comenzara a hablar en otros términos sobre el tan nombrado “teletrabajo”, una práctica que, por habitual que parezca, está habitada de cuestiones aún no resueltas, como es la regulación.

    Las mujeres se mostraron más solícitas a responder las encuestas.

    En esa línea, Mingo señaló el surgimiento de un nuevo cariz en cuanto al concepto de “flexibilidad laboral”. Fue entonces cuando desplegó una serie de ejemplos: “en una plataforma existe la posibilidad de que una persona pueda trabajar en administración y en programación y tenga mejores condiciones que el repartidor que está en la calle y necesita aprender a manejar la App y además, contar con un medio de locomoción para llegar en tiempo y forma al lugar. Eso deja ver otras formas de relaciones laborales que impactan en cómo la persona puede pensar en obtener un ingreso sabiendo que su posibilidad de vida corre riesgo permanentemente al manejar una moto y andar en la calle. Quienes estudiamos el mundo del trabajo desde hace tiempo, observamos esta idea de ´flexibilidad´, y un cariz diferente en repartidores porque hay una pseudocreencia de que esa autonomía les permite decidir sobre su tiempo, pero en realidad cuando están trabajando están controlados -por un algoritmo-, en cuánto tiempo llegan de un lugar a otro para darle el bien al cliente”, explicó.

    Ahora bien, en el ámbito de la administración pública es otro el cantar y hay miradas diferentes. “Algunos piensan que el trabajo remoto les permitió una flexibilidad diferente y para otros, el espacio físico cobraba un lugar importante y les ordenaba los tiempos en familia”, dijo Mingo.

    No obstante, marcó cuestiones pendientes. “Las lógicas administrativas no fueron acompasando ese proceso del trabajo remoto porque para firmar o elevar un expediente había que hacer un trabajo mixto porque la firma digital no estaba aceptaba totalmente”, ilustró.

    En la actualidad tanto las organizaciones como algunas empresas “están viendo y analizando si vuelven a la presencialidad total o se establece un sistema híbrido”, comentó.

     

     

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