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lunes, diciembre 6, 2021
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    Ana Teresa Fabani, artesana verbal de fugacidad profunda

    Ana Teresa Fabani o, como le llamaban sus amigos “Teresita” o simplemente “Teté” fue una escritora entrerriana que dejó una impronta insoslayable en las letras de la provincia y que tuvo una repercusión nacional en los círculos dedicados a los legados y las producciones argentinas.

     

    Angelina Uzín Olleros | [email protected]

    Ana Teresa Fabani vivió pocos años. Sin embargo su corta vida fue muy intensa: dejó plasmada en su poesía y en sus novelas la experiencia profunda de vivir intensamente y padecer a temprana edad una enfermedad que le quitó la posibilidad de proyectarse literariamente y hacer su carrera de diplomacia que tanto deseaba. Son pocas las imágenes que han quedado de ella, retratando la belleza que reflejaba un rostro que recuerda a actrices de la época como Zully Moreno en Argentina o Lauren Bacall de Hollywood.

    Ana Teresa Fabani nació en Concepción del Uruguay el 6 de marzo de 1922. En diciembre de 1939 enfermó de tuberculosis, debiéndose trasladar a Córdoba para su tratamiento, primero en un lugar llamado Cerro de las Rosas y luego en el Sanatorio de Ascochinga. Regresó a Buenos Aires en 1946, hizo viajes periódicos a su ciudad natal y a Córdoba. Por un tiempo permaneció en Capilla del Monte. Como se ve, la enfermedad marcó su vida y su juventud.

     

    Aportes e influencias

    Domitila de Papetti dijo que: “Ana Teresa fue como tantas figuras de nuestras letras, casi autodidacta. Estudió en la Escuela Normal, después, los libros de la biblioteca paterna, el roce con escritores y personalidades cultivaron su espíritu. El poeta genuino había nacido en ella. Empezó a escribir desde la más tierna adolescencia en el seno de un hogar acaudalado. Y día a día fue afinando su sensibilidad en las lecturas de Rilke, de Garcilaso, de Lope de Vega, iniciándose hacia el cómo y el por qué de cuanto nos rodea, hasta que su vida toda, así enriquecida, empezó a darse, mágicamente en el canto. Cabe destacar que Ana Teresa Fabani junto con Ana María Chouhy Aguirre y María Adela Agudo poeta esencial de Santiago del Estero conforman una trilogía dramática en cuanto a desaparición prematura dentro de la poesía del cuarenta, reconocida por su vertiente neorromántica y su herencia elegíaca. Generación querida, sembradora de melancolía y de hermosura.”

    La lectura de su novela nos recuerda a lo que Susan Sontag escribió en 1978 en un libro “La enfermedad y sus metáforas” donde abordó principalmente dos enfermedades, la tuberculosis y el cáncer, la autora afirma que la “buena reputación” de la tuberculosis (a diferencia del cáncer) provenía de los artistas que la habían sufrido como Chéjov, Chopin, Modigliani, Poe, Balzac, Novalis, Schiller, o Whitman. Sontag reflexionó sobre el modo en que distintos momentos históricos generan discursos completamente diferentes a la hora de explicar las enfermedades, las metáforas con que se refieren a ellas, debido a que estas son siempre traumáticas máxime si son mortales, estas construcciones lingüísticas eran a menudo “un subterfugio para no mirar nuestros miedos de cara”, sostuvo. Es, en otro sentido, el caso en el que en su novela publicada póstumamente “Mi hogar de niebla” Fabani recrea las circunstancias que rodearon su desenlace.

     

    Testimonio

    La historia de “Mi hogar de niebla” está inspirada y refleja su vida en ese sanatorio donde ingresó para tratarse la enfermedad; la niebla en su caso era una metáfora de su propia vida, una autobiografía en clave existencial para narrar la fragilidad del cuerpo, la soledad y el aislamiento, bien podría haber incorporado Sontag esta novela a su libro pero sólo un acto de frondosa imaginación posibilitaría esa circunstancia. El único libro publicado en vida de Fabani es el poemario “Nada tiene nombre”, que apareció poco antes de su muerte en enero de 1949 en ediciones Botella al Mar y tuvo una reedición en 1999 a cargo de la Editorial de Entre Ríos, que dirigía entonces la poeta Marta Zamarripa, en la Colección “Homenajes”, a cincuenta años de su muerte y de la aparición de su primera obra.

    A Ana Teresa Fabani le tocó en suerte una existencia fugaz, que transformó en una escritura de profundidad.

    Dicha reedición incluye poemas éditos e inéditos de Ana Teresa Fabani, los poemas que le dedicaron Córdova Iturburu, Luis Alberto Ruiz, Juan L. Ortiz y Raúl González Tuñón, los textos de Leopoldo Bröll y José Portogalo, leídos en el homenaje que se rindió a la autora la Biblioteca Popular de Concepción del Uruguay.

    La poeta María Meleck Vivanco habla de su singular amistad con Ana Teresa Fabani: “Tendríamos que hacerle el homenaje que se merece como mínimo en la Biblioteca Nacional. Era agnóstica, pero con mucha humanidad adentro. Yo me dormía sobre su frondosa cabellera extendida a modo de cola de pavo real y de un castaño dorado fuera de serie. Era muy fácil contagiarse la tuberculosis, sin remedio, pero los jóvenes jamás piensan en el peligro. ‘Mi único consuelo -me decía- es que mi cuerpo no conocerá la vejez’. Con su nivel de ternura tan alto y su extraña belleza, se la veía como iluminada”.

    La Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos publicó en la Colección Cuadernos de las orillas, en el año 2017, “Mi hogar de niebla”, en la página de la editorial se encuentra la reseña y el audio de Guillermo Mondejar que relata la biografía de Fabani. En la primera edición de 1950, el prólogo estuvo a cargo de Ulyses Petit de Murat y una ilustración de Juan Carlos Castagnino en la portada.

     

    Teresa Fabani (1922-1949)

    Nacida en Concepción del Uruguay, Teresita Fabani, se graduó como maestra en 1939 en la Escuela Normal Mariano Moreno. ​ Inspirada en la obra de Rainer Maria Rilke, de Lope de Vega y de Garcilaso de la Vega, en 1943 realizó su primera publicación de poesía en la sección de literatura del diario La calle, de Concepción del Uruguay. Luego ocurrió lo propio con Clarín y La Nación. Su último libro en vida fue la colección de poemas Nada tiene nombre, publicado poco antes de su fallecimiento en enero de 1949. También se editó la novela “Mi hogar de niebla”, una obra autobiográfica que salió a la consideración pública luego de que muriera de tuberculosis a los 27 años. La novela se imprimió en Buenos Aires en 1950, con un prólogo escrito por el escritor y dramaturgo Ulyses Petit de Murat e ilustraciones de Juan Carlos Castagnino.  En su ciudad natal fue ubicado un monumento en su homenaje en una plazoleta de Bulevar Hipólito Yrigoyen, cuyo autor es Juan Carlos Ferrero. En el mismo sector, una de las calles fue bautizada con su nombre mediante decreto 6.444 de 1979. En 2017 su imagen fue incluida en el Salón Mujeres Entrerrianas de la Casa de Gobierno de la Provincia de Entre Ríos, junto a los retratos de Rosario Vera Peñaloza, Rita Latallada de Victoria, Camila NievasEmma Barrandeguy y Beatriz Bosch.

     

     

    Motivos de un espacio

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