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Para el escritor Juan Zorraquín “medicina y literatura son dos formas de arte que a veces se ensamblan”

“El guiño” es la tercera novela de este médico y escritor porteño, que trabajó durante cuarenta años en el Hospital Posadas de la CABA.

En la novela, se narra el vínculo entre médico y paciente pero que luego construyeron durante años un universo en el que aparecen la complicidad, el dolor, las pérdidas y la amistad como un modo de trascender lo cotidiano.

Juan Zorraquín nació en Buenos Aires, en 1949. Publicó el libro de cuentos “Tormentas”, y las novelas “El fin de la corriente” y “Medicina”, es médico, y durante cuarenta años trabajó en el Hospital Posadas. También y es uno de los responsables de la editorial Mardulce.

El autor, que recientemente lanzó a consideración del público “El guiño”, habló sobre su última novela, editada por el sello editorial. En esta nueva producción el escritor retoma una experiencia con un paciente en los primeros años de ejercicio de la profesión y reflexiona sobre el cruce entre literatura y medicina, a las que define como “dos formas de arte que muchas veces se ensamblan”.

En “El guiño”, hay un componente autobiográfico en la historia, pero no es lo central.”Soy médico al igual que el protagonista, eso es autobiográfico porque además también lo soy por tradición familiar. Mi primera novela era más densa en concepto, después fui cambiando y en ésta, para no perderme en el laberinto de la conciencia, me ceñí a cosas objetivas”, apuntó Zorraquín en una entrevista realizada por Telám.

La narración realza el lazo de amistad entre un profesional y su paciente, una una relación que el autor califica como “completamente humana” de entrega y dedicación aún con pronósticos adversos.

En este punto, el escritor reconoció que “cuando conocí al paciente que disparó esta historia estaba muy atrapado en la medicina y no le encontraba mucho más que el destino de sacrificio. Me di cuenta de que a este personaje le había alterado su destino de morgue pero él también había alterado el mío. Todo el hospital, en la figura de mi jefe, decía `esto se acabó´ y yo decidí dedicarme porque creí que podía salvarlo. Fue una batalla casi en soledad. Hubo algo en su frase “¿no me vas a dejar morir así, no?” que tuvo una calidad literaria muy potente”.

Al evocar el inicio del vínculo entre medicina y escritura, Zorraquín evocó que “primero llegó la lectura, que siempre fue un refugio. Leí mucho durante mi infancia, después en las guardias y en un momento sentí la necesidad de empezar a escribir, que me encanta porque me despeja de cualquier neurosis”.

En una etapa posterior comenzó a escribir y más tarde pasó a ser parte de la fundación de la editorial Mardulce.

“El fin de la corriente la escribí y la dejé guardada, la envié a un concurso pero como no pasó nada, decidí dar otro paso. Se la di a un conocido, Pablo Maurette y le pedí que le quitara al texto lo que él consideraba que sobraba.  A esa primera novela la corregí, y luego la publiqué. Fue entonces cuando me di cuenta de la orfandad que tiene un título si no tiene una estructura editorial atrás. Fue así que con mi amiga Gabriela Massuh , quien también había publicado su primera novela empezamos a juntarnos e impulsamos Mardulce”.

¿Qué tienen en común la literatura y la medicina? Para Zorraquín, el vínculo entre ambas le permitió descubrir “que la mejor manera de ayudar a los pacientes era hacerlos hablar sobre su pasado, contarles cosas, llevarlos a momentos de felicidad”.

Desde esa perspectiva, asegura el médico, “el dolor tiene un componente objetivo, lo que te está pasando, y otro subjetivo, que es cómo lo lees. Muchos dolores se calman con tocar y acariciar para esperar que pase, por eso creo que la literatura está relacionada con calmar y tranquilizar. La muerte es irreductible y la literatura es la posibilidad de derivar a otra zona donde tu imaginación se calme. La medicina y la literatura son arte, son dos formas de arte que muchas veces se ensamblan. Somos personas gregarias que necesitamos ayuda siempre”.