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lunes, diciembre 6, 2021
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    Ludocajas o la experiencia de jugar sin tecnologías móviles

    En plena pandemia, un grupo de formadores de nivel inicial de Uader llevó adelante una experiencia que vino bien para paliar la falta de dispositivos móviles y conectividad que padecieron tantas familias, y así facilitar los aprendizajes de esa etapa escolar. EL DIARIO buscó a las responsables de la propuesta -que continuó este año-, para saber de qué se trata.

     

    Mónica Borgogno
    [email protected]

     

    Los niños de nivel Inicial y sus docentes, en 2020, atravesaron una experiencia inédita, podría decirse. En la historia de la educación y en las memorias de toda una generación, quedará la experiencia de haber aprendido los primeros números y letras, el haber adquirido destrezas manuales como pintar o plegar un papel para transformarlo en un barco o el reconocer calles, instituciones públicas o señales de tránsito, todo a través de un mensaje de whatsapp o una videoclase. Sin la sala, sin la presencia de la maestra que ayuda, abraza, acompaña al despegar de la familia y a transitar una nueva etapa de socialización.

    Eso ocurrió durante todo el año pasado y buena parte del presente año. Las maestras de ese nivel debieron ingeniárselas para llegar con los contenidos hasta sus alumnos porque en muchas casas, no había dispositivos para poder comunicarse y seguir las tareas escolares y en los que sí había, a veces se priorizaba el uso de parte de los hermanos mayores, en desmedro de los más pequeños, según confiaron algunas maestras.

    Al interior de la formación docente de inicial, observaron esa problemática y enseguida, en plena pandemia, idearon una propuesta para facilitar el acceso a los contenidos y aprendizajes que, sobre todo en niños y niñas de 2, 3, 4 y 5 años, se da a través del juego o estrategias didácticas lúdicas.

    Así fue como un numeroso equipo de docentes del Profesorado de Educación Inicial de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) diseñó un proyecto de extensión consistente en el armado de unas ludocajas que estudiantes de segundo, tercero y cuarto año de esa carrera debían confeccionar y que luego, entregaron a diversas instituciones y salitas de jardín.

    EL DIARIO fue en busca de Leticia Simioli, una de las profesionales que estuvo detrás de esta iniciativa.

    “Empezamos por entrevistar a una maestra jardinera de contexto social rural y a otra, de contexto periférico de Paraná y cuando escuchamos sus relatos vimos que había cosas en común: No podían vincularse con niños porque muchos no tenían dispositivos, computadoras o acceso a whatsapp y otros, por las distancias geográficas entre otras razones. A partir de lecturas de Miguel Ángel Roldán, que es un ludoeducador, armamos cajas lúdicas que en su interior contenían seis juegos vinculados con contenidos disciplinar de jardín de infantes, como geometría, educación física, ciencias naturales, matemática, música, literatura. La caja en sí misma era un juego”, narró esta profesora, licenciada en Ciencias de la Educación y especialista en Políticas de infancia.

    Desde hace 15 años Simioli se desempeña como formadora de docentes en Uader, pero también capacitó en institutos de Ramírez y Diamante. Ahora, coordina la Licenciatura en Educación Inicial que acaba de empezar en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER. Esos años en su haber, son tal vez, los que hicieron emerger la propuesta de las cajas lúdicas. La repercusión y el impacto de atravesar la confección de esas cajas para jugar, tanto en quienes las elaboraron como en quienes las recibieron, provocaron la necesidad de que la experiencia se repitiera este año.

    Unos 40 docentes de nivel Inicial, de Prácticas I, II y III, Prácticas disciplinares y Prácticas de Educación Especial participaron del proyecto de extensión. En esa ocasión, los estudiantes realizaron más de 400 cajas que fueron entregadas a las salas de Jardines Maternales y de Infantes de la escuela Hogar Eva Perón, Pedro Giachino, Unidad Educativa Pequitas, de Paraná y la Escuela Rural Olegario V. Andrade y Escuela Rural Armada Argentina, de Paraná campaña.

    CONTINUIDAD. En 2021, los alumnos que no participaron del proyecto en cuestión, pidieron darle continuidad a ese trabajo. Así fue que este año se crearon 70 ludocajas y más de 420 juegos que se repartieron en la Unidad Educativa Amparo Maternal, de Paraná.

    Los objetivos y beneficiarios de esta labor, fueron varios. “Este trabajo permitió a los estudiantes conocer un jardín de infantes, reconocer su historia institucional, saber más de la comunidad socio educativa y el contexto de vida de los niños, para luego pensar y elaborar propuestas lúdicas creativas y significativas para ellos. Era una caja para cada niño que cada uno se llevaba a su casa”, especificó.

    Por otra parte, bajo esta modalidad, se apuntalaron las prácticas docentes de quienes ansían educar a los más chicos, pero también desde el espacio académico, fue la oportunidad de “ofrecer algo, esto es, una propuesta de enseñanza en tiempos de virtualidad”, agregó.

    “Para los estudiantes fue un desafío grande porque la consigna era armar una caja con materiales que se tuvieran a mano, de descarte. Se usaron cajas de banana que son reforzadas, traen tapas y tienen aberturas para que puedan meter la mano y trasladarlas. Cuando todo estaba cerrado, las verdulerías estaban abiertas así que era fácil conseguirlas. Además había que pensar juegos para jugar en la mesa, en el piso y al aire libre. Y debían ser impermeables de modo que se puedan limpiar y seguir jugando. Que los chicos puedan jugar solos, con otros y jugar muchas veces, era otra parte de la consigna”, relató la docente, quien en esa tarea de guiar la planificación de lo que cada uno iba a construir, estuvo acompañada por la colega Silvina Frenkel y la auxiliar alumna Priscilla Marignac.

    Hubo cajas que se convirtieron en cofres del tesoro con pistas, piratas y monedas de oro, todo hecho con material de descarte.

    El encantamiento de lo simple

    Las propuestas de juego hacían magia, según el relato de los estudiantes consultados. Con tapitas, cartones y envases plásticos de todo tipo, forma y color, que combinaban de una y otra forma, las cajas se transformaban de pronto, en cofres del tesoro, con un pirata, monedas de oro que había que contar y pistas que había que adivinar para encontrarlas, por caso. Otras parecían una galería de arte en sí mismas, pues ofrecían a su destinatario o destinataria, recorrer cada lateral de la caja y conocer distintas obras del artista Antonio Berni y con una lupa, descubrir tantos pequeños detalles.

    Hubo versiones de cajas con juegos de emboque, con teatrillos, adivinanzas, memotest, rayuelas, rompecabezas, juegos de recorridos con dados, de literatura con cuentos y actividades de prelectura y poslectura, de armado de títeres, entre otras ideas.

    Entre los desafíos de la propuesta, estuvo la elaboración de consignas que había que agregar a cada uno de los juegos. Al tratarse de niños que están recién aprendiendo a leer y escribir, “cada bolsita de juego tenía que incluir consignas para que el niño que las leyera las pudiera interpretar. Entonces, junto con docentes de Didáctica de la Lengua los alumnos hicieron consignas iconográficas con dibujos, flechas, circuitos que iban explicando cómo jugar”, comentó Simioli.

    “Fue una complejidad además porque a la hora de pensar y hacer un juego al aire libre había tener en cuenta el viento para que no tire las cosas y se frustre el juego. Tuvieron que detenerse a ver bien qué materiales usar”, ejemplificó la profesora.

    Con sonidos, imágenes, colores

    “Yo hice una caja el año pasado y veía lo felices que estaban cada uno con la suya, jugando. En la mía había juegos de emboque, memotest e hice un tejo con tapitas plásticas que las planché y les di forma de flores. Más un juego de observadores para jugar al aire libre”, contó Priscilla Marignac.

    Tras la entrega de las cajitas, “las maestras les enseñaban a jugar a los chicos para que después pudieran jugar en sus casas”, añadió.

    En tanto Santino Gaioli, quien hoy cursa el segundo año del Profesorado en Educación Inicial, hizo una ludocaja para experimentar con sonidos. “Mi caja por fuera tenía un hueco por el que tenés que meter la mano y sacar un cuadradito con la imagen de un animal y tenés que hacer el sonido que lo representa. Incluí otro juego que era como una ciudad, con calles, hospital, escuela, bomberos, y ante una emergencia, tenés que hacer un recorrido determinado. A partir de ese juego podían ver cómo funcionan las instituciones, las calles, las señales de tránsito. La idea es jugar y aprender algún contenido. Fue una linda experiencia porque si había un nene con carencias de juego en la casa, con esto le brindamos una oportunidad para que se divierta y aprenda. Vimos mucha alegría de parte de los docentes y de los chicos”, aportó el joven.

    La tarea no resultó sencilla, no obstante, fue impactante y dejó huella tanto en hacedores como en destinatarios principales. “Estuvieron casi cuatro meses haciendo esto. Primero planificaron, corrigieron y luego, pasaron al proceso de construcción”, apuntó Marignac.

    “Los primeros juegos para niños fueron los de Montessori, que están en el museo de la Escuela Normal. Con el tiempo va variando la idea de juego en función de la concepción de infancia imperante. Ningún juego que presentamos era con figuras estereotipadas o infantilizadas como las que aparecen y consumen los niños de manera corriente en la televisión”, aclararon entre los dos.

    Ahora están embarcados en la construcción de unas ecoludocajas, es decir, con temática ambiental, para reconocer, recrear y divertirse con distintos aspectos de la flora y fauna. Para eso, en la semana que pasó, visitaron la reserva de la Escuela Alberdi (Oro Verde) y la San Martín que está en la Escuela Almafuerte, en La Picada, con el fin de conocer mejor estos espacios preservados.

    EL PRIMERO. Hacia Gaioli, fueron otros interrogantes. Es que cuando egrese, se convertirá en el primer maestro de nivel Inicial de la Escuela Normal. Sobre él hay cifradas expectativas para que culmine su carrera. Entusiasmo no le falta. “Siempre tuve afinidad con los niños pero cuando estudias esta carrera te das cuenta que es mucho más que eso. Pienso que no va a haber días en que trabaje en esto y que no sonría”, dijo Santino Gaioli.

    Este año el Amparo Maternal de Paraná, fue una de las instituciones beneficiarias de las cajas lúdicas.

    Trabajo comprometido y en equipo

    Cuando se habla de la situación sanitaria que pasó y sigue pasando en todo el mundo, los recuerdos no son buenos. Mucha gente quedó sin trabajo y en otros casos, sobre todo para las mujeres, se sumaron más responsabilidades puertas adentro. Para Leticia Simioli, hubo un aspecto positivo que como una estela de esta pandemia, ella quiso revalorizar: “Este proyecto nos dio la oportunidad de aprovechar la situación de virtualidad e iniciar un trabajo en equipo. Nos apropiamos de un proyecto común que seguramente será el puntapié de otros trabajos institucionales. Eso fue lo más positivo de la pandemia, juntarnos para hacer un proyecto en común de formación docente de inicial, por primera vez. Sumando propuestas de formación docente para nuestros estudiantes”.

    En esa línea, subrayó el trabajo comprometido de pares y estudiantes. “El año pasado y este año, más allá que buscaban opciones y tutoriales en internet, los alumnos le pusieron su toque personal y lo hicieron con mucho amor y mucha calidad en los trabajos presentados. Saber que con esta experiencia estaban haciendo un aporte, los hizo sentir muy bien. Muchos me decían “no me dan ganas de regalarla, porque salió tan linda, pero la regalo porque siento amor y sé que los niños van a poder jugar con esto por muchos años”, compartió la especialista.

    INSUMOS. Por qué resulta crucial, conocer a los sujetos que luego van a aprovechar estas cajas mágicas, se consultó a la docente. “Necesitamos saber las edades porque no es lo mismo ofrecer un juego a un niño de 3 que a uno de 5. O saber a qué juegan en sus casas, en la escuela y en base a esas experiencias culturales respecto al juego, diseñar las propuestas. A veces pensamos que todos los niños saben jugar a la rayuela o a circuitos de recorrido con dados y no es así”, respondió.

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