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miércoles, diciembre 8, 2021
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    Cochrane, una serpentina vial para surcar la planicie sureste

    Sinuosa, suburbana y barrial, Cochrane es una calle de antojadiza traza que nace en Ramírez y se despliega hacia el este, por hendijas a las que se asoman concentraciones residenciales y viviendas unifamiliares. Es una vía de servicio que, pese a su extensión, cumple una misión circunscripta, subsidiaria de las avenidas con las que se encuentra.

     

    Víctor Fleitas

    [email protected]

     

    La ocurrencia vivaracha de un cartógrafo loco explica la traza indescriptible de Cochrane. Es una calle proletaria aunque con tramos que exhiben otras pretensiones. Se abre paso desde la Avenida Ramírez, en una lonja que fuga hacia un horizonte oriental cercada por la exuberante Provincias Unidas y la bulliciosa Santos Domínguez.

    Para calcar la huella digital de su despliegue en el territorio hay que tener el sentido de la exploración y el gusto por la aventura que evoca el nombre de almirante británico que porta, comprometido con la lucha independentista de América del Sur.

    No es tarea sencilla explicar la traza entremezclada de curvilíneas y rectas de Cochrane; los quiebres abruptos a diestra y siniestra; las tribus suburbanas que miran a los expedicionarios desde acantilados arrabaleros; las marcas invisibles de las promesas incumplidas; las continuaciones dislocadas en busca de un aroma amanecido que al final se escabulle; el cambiante estado de ánimo del perfil constructivo; ni las copas semiesféricas, las ramas recién brotadas y los pirinchos lungos de la desolada hilera de palmeras, al lado de los arbustos florecidos.

    Algo que no está a la vista vuelve irregular la perspectiva en los parajes que configura Cochrane. Es como cuando se advierte el zigzagueo caprichoso de un navío sobre las aguas encrespadas pero no las paredes y montículos rocosos semihundidos que lo justifican. En fin, la primera impresión es que visitar esta calle no es una travesía para hacerla desprovisto de instrumentos ni de experiencia previa.

    Autos requintados y peatones por la calle, dos características de Cochrane. FOTOS: Gustavo Cabral

    Radiales

    Desde Provincias Unidas hacia el norte, hay que andar con cuidado para no pasarse porque Cochrane irrumpe de manera repentina, sin previo aviso, en un santiamén, sin cartel que lo indique. Se extiende al este de Ramírez, recorre barrios populosos como Rocamora II, Paraná V y llega hasta Gazzano. Quien la recorra aguas arriba se encontrará irremediablemente con cursos de agua de caudaloso tránsito, como División de los Andes, Artigas o Garrigó.

    De hecho, Cochrane se quedará con ganas de llegar hasta Zanni. A tiro de piedra de la gran avenida, el frente de una casa recomendará doblar a la izquierda y, a través de un angosto pasaje asfaltado llamado Fidel Sagastume, se desembocará en Santos Domínguez.

    Pero regresemos a los orígenes de Cochrane. La avenida Ramírez, como se sabe, es una de las arterias que modifica la nomenclatura urbana en Paraná. De Ramírez y Cochrane al oeste, el callejón se llama Carrillo en honor al reconocido sanitarista argentino y se inserta en un sector que recuerda un período de consolidación del peronismo: calles como Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José Ignacio Rucci, Arturo Sampay y la mismísima 17 de Octubre hablan a las claras del ordenador temático desplegado en esa amplia parcela, con un pasado añorado en el que trabajo y progreso caminaban juntos, entre las vías que llevan a la estación de trenes y la Avenida de las Américas.

    De Ramírez al este, la tierra ha quedado subdividida de un modo que sigue la manera en que los tejidos perimetrales delimitaron las desaparecidas quintas. Si se pudiera ver desde cierta altura y a través de los tiempos, los tractores y chatas levantarían una polvareda pretérita por los costados de unas parcelas productivas con forma de paralelogramos, trapecios o triángulos.

    Con transparencia, se ve aquí uno de los patrones urbanos de la ciudad: la ausencia de planes públicos que organicen el espacio en función de los usos previstos y el predominio de los intereses privados por sobre los colectivos. Sin duda alguna, la acción de los loteos particulares ha legado un enorme problema, porque la trama vial que precisan los enclaves productivos es muy diferente de la que requiere su conversión en sectores residenciales.

    Entonces, se diluye la idea de circuitos camineros y, creyendo dar una elemental vuelta a la manzana, se puede terminar en el punto menos pensado. Tampoco la señalización ayuda que, si existe, está desvencijada y sólo informa sobre lo puntual pero no indica cómo llegar a referencias clave. La traza imprevisible de la propia Cochrane es consecuencia de estos males, es cierto; pero la lógica de las cosas hechas a medias también se manifiesta en casas inundadas con líquidos y sólidos cloacales, como en Rocamora II, problema que se ha ido profundizando con la multiplicación de las radicaciones y la ampliación de las existentes.

    Cuidado por los vecinos, el arbolado regala su sombra reparadora en Cochrane. FOTOS: Gustavo Cabral

    Tramos

    Cerca de Ramírez, Cochrane es jornalera y buscavida. Llama la atención el estado de los vehículos que circulan: se nota que muchos de ellos han sido resucitados, después de haber estado abandonados a un destino de chatarra. Tal vez fueron adquiridos a precio módico y el nuevo propietario fue incorporándole mejoras, aliado con algún mecánico testarudo. Esa combinación de chasis ajados y partes móviles reparadas son una paradoja que no cesa en ese tramo de Cochrane, aunque en algún momento tomen para algunos de los tantos pasadizos que desde esa calle se despliegan.

    En el otro extremo, en torno a Garrigó, Cochrane mantiene sus características formales, aunque las viviendas han sido proyectos encarados con otro nivel de cuidado en cada uno de los detalles. De hecho, las rejas y las aberturas, ya no sólo proveen seguridad sino que además hacen gala de un mayor refinamiento estético.

    Entre medio, Cochrane es una calle diversa, desde cuyas veredas puede accederse a galaxias singulares: un templete, un auto de carrera hecho con un tronco o una parra gigante que recuerda mateadas conversadas y picadas pantagruélicas; plazas que separan la marcha de carros empujados por caballos de la de automóviles, motos y bicicletas; espacios de recreación y deportivos sostenidos por los propios vecinos; y predios de esparcimiento con un vía crucis perimetral cuyas estaciones se despliegan en el teléfono móvil desde códigos QR.

    Desde su sencillez, unas veces marchita, otras vigorosa o al menos rejuvenecida, Cochrane es una cadena urbana que une barriadas densamente pobladas en el sureste. Y en cierta forma un testimonio de cómo ha crecido la ciudad.

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