Borges en la tumba de Mastronardi

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El sábado 5 de junio de 1982, en el cementerio Sagrada Familia, de Gualeguay, Jorge Luis Borges habló de su relación con el autor de “Luz de provincia”.

 

♦Roberto Romani
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“La amistad con Mastronardi surgió porque Carlitos estaba haciendo un trabajo sobre Evaristo Carriego, y como éste era muy amigo de mi casa, venía muy seguido a comer y quería que yo le hablara del autor de “Misas herejes”. Nuestra amistad era muy rara: nunca fuimos confidentes. Yo recorrí con Mastronardi gran parte de Buenos Aires. Íbamos de a pie y veíamos amanecer en Chacarita o en Barracas”, dijo entonces.

La noche anterior, Borges se había alojado en el Gran Hotel Gualeguay. Cenó un plato de ñoquis y un vaso de agua en el Club Social, frente a Plaza Constitución. Habló de sus 82 años y del crepúsculo final: “Para mí la muerte es una gran esperanza, la esperanza de desaparecer enteramente. Mi padre me dijo: cuando me muera voy a morirme enteramente. Yo me estoy muriendo lentamente, decorosamente”.

Hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo, el autor de “El Aleph” (1949), fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (1950) y director de la Biblioteca Nacional (1955), obteniendo el Premio Nacional de Literatura (1956) y el Premio Cervantes (1979). Nació en Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899, y murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986, a pocos meses de haberse casado con María Kodama.

Ernesto Sábato expresó: “Cuando todavía yo era un muchacho, versos suyos me ayudaron a descubrir melancólicas bellezas de Buenos Aires…Su muerte nos privó de un gran poeta”.

Sylvia Iparraguirre nos recuerda la centella inaugural de 1923: “En una edición de trescientos ejemplares costeada por su padre, Jorge Guillermo Borges, y con ilustraciones de su hermana Norah, aparecía para admiración de un acotado círculo de lectores porteños “Fervor de Buenos Aires”, el primer libro de uno de los autores más importantes de la literatura contemporánea”.

Aquella fría mañana, en Gualeguay, al cumplirse seis años de la muerte de Mastronardi, y a raíz del traslado de los restos del poeta entrerriano que falleciera en Buenos Aires en 1976, al monumento funerario definitivo, hablaron también Héctor Izaguirre, Juan José Manauta, Roberto Beracochea, Juan María Gianello y Armando Freyre.

Con el júbilo a flor de alma, que todavía perfuma mis días, vuelvo a escuchar la quebrada voz del hombre que nombraba los sitios “donde se desparrama la ternura”. Con la grabación de Radio Gualeguay que conservo entre las cosas queridas, guardo también el pañuelo del adiós y un aplauso para el escritor que decidió volver, después de la muerte del cuerpo, a la ciudad de Ginebra, “la más propicia a la felicidad”.

A nueve días de la visita de Borges a Entre Ríos, finalizó la Guerra de Malvinas.

Mientras cada argentino iniciaba el triste camino de entender la sangre de los hermanos, en el viejo cementerio que fundara Urquiza, un duende ciego repetía: “Ahora lo que quiero es la paz, el placer del pensamiento y la amistad, y aunque sea demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado”.

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