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miércoles, diciembre 8, 2021
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    El lugar de los partidos en los procesos electorales

    Con las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias se inició un proceso electoral que concluirá el 14 de noviembre. Una vez más, la mayoría de los partidos políticos, y en particular las dos fuerzas mayoritarias, el Justicialismo y el Radicalismo, participan a través de coaliciones, del mismo modo que lo han hecho en otras instancias electorales. Un disparador para hablar de política y de partidos políticos.

     

    Redacción EL DIARIO
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    En los medios de comunicación y también en las redes sociales predominan las manifestaciones de los candidatos por sobre la de los dirigentes de los partidos. Y de estos últimos los que aparecen, expresan miradas más bien personales antes que una posición partidaria, doctrinaria. La situación disparó la inquietud de analizar cómo impactan las alianzas en la vida de los partidos políticos, definidos en la Constitución Nacional como instituciones fundamentales del sistema democrático y de cuyo debilitamiento se habla permanentemente.

    Para este análisis, que es complejo, EL DIARIO consultó al licenciado en Ciencias Políticas Pablo Barberis, coordinador de esa carrera en la UNER, además de docente e investigador.

    Ante una consulta, el titular de la cátedra Análisis Político en principio marcó una “pluricausalidad” entre los factores que permiten evaluar la situación de los partidos políticos. “Yo diría que las coaliciones son un efecto más de la falta de educación persistente de las dirigencias políticas, de la mayoría de las estructuras partidarias, para generar consensos. Trasladan esa forma de la disputa hacia la proliferación de mecanismos que buscan suplir con beneficios electorales lo que es la pérdida de acuerdos orgánicos. No es nada nuevo lo que estoy diciendo, es algo que está en la prédica hoy de muchos políticos que son protagonistas de este proceso electoral”.

    –¿Qué otros componentes aparecen en esa pluricausalidad a la que alude?

    –Yo digo que la crisis de los partidos como formas idóneas de una representación política viene jaqueada por otras cuestiones de más larga data. Se puede empezar para el diagnóstico con elementos más de la esfera cultural que tienen que ver con el descrédito de las narrativas, de las formas más doctrinarias de entender el mundo.

    Los impactos culturales que se vienen produciendo en el mundo occidental por lo menos desde finales de la década del 60 en adelante, de alguna manera, someten al análisis crítico más severo la idea que un partido político, en tanto conjugación doctrinaria específica, resuelve la totalidad de los problemas existenciales de una sociedad o de los sectores. De modo que hay un trasfondo que trasunta algunas dinámicas de lo simbólico, sumadas a la proliferación de otras formas en las cuales se producen los debates políticos.

    –¿En los hechos?

    –Me explico: si los partidos eran el lugar ideal para producir primero la confrontación interna, antes de llevar a la sociedad una especie de síntesis sobre lo que implica una forma general de ver el mundo con una concepción propia de la ideología, todo eso se viene erosionando; si es que alguna vez fue tan efectivamente así como alguna literatura politológica o sociológica nos trata de convencer.

    Se puede pensar un partido que resuelve una visión general del mundo a uno que se presenta como la solución parcial, sin llegar al punto actual donde la segmentación llega a producir un discurso según un problema concreto, absolutamente disociado de lo que es una plataforma ideológica que implica el conocimiento de un cierto patrimonio histórico, discusiones historiográficas, los ídolos, los símbolos.

    Para simplificar, hay un panorama cultural de fondo que hace a una parte importante del diagnóstico, con lo cual yo no digo que tenemos una crisis de representación partidaria, sino una crisis de las representaciones en general.

     

    Espejos

    –Volvamos a las coaliciones, frentes, alianzas. ¿Qué expresan en términos de la vida de los partidos políticos?

    –Otro elemento de la vuelta de la democracia a esta parte es esa forma cómoda de cierta dirigencia de trasladar hacia afuera la disputa por la consecución de un poder dentro de una estructura interna partidaria, no resolver los liderazgos de la manera que se resolvían y dejar esas cosas abiertas a la opinión pública. Se trata directamente de procesos electorales con la legislación que tenemos hoy, de internas abiertas, las PASO o, por ejemplo, cuando no consigo un acuerdo interno, busco alguien que puede solventar un caudal electoral por afuera.

    A veces, esas conformaciones terminan expresadas en una economía de personajes y de consignas que por ahí no tienen que ver unas con las otras, pero que terminan asociándose y a causa de una determinada rentabilidad electoral se constituyen como una opción un poco más a mediano plazo, como puede ser el ejemplo de Cambiemos: Empieza siendo una especie de frente que junta todo en contra de esa versión del peronismo de 2015 y hoy, a pesar de que ha pasado por cuatro años de gobierno y dos de oposición prácticamente, no necesita un discurso, una organización clara de un plan de acción, un conjunto programático para proponerse en la confrontación política. Ahora bien, también es cierto que el Frente de Todos, en esta última ocasión, ha sido una forma de resolver la manera más hábil de ganarle a Mauricio Macri y luego, cuando se constituye como gobierno, solidifica una ficción o un mito de gobierno que puede funcionar en la unidad, pero cuando aparecen los problemas surgen las diferencias anteriores.

    Son piezas de un mismo rompecabezas.

    Pablo Barberis, coordinador de la Licenciatura en Ciencias Políticas (UNER), docente universitario e investigador.

    Al interior

    –¿Las coaliciones no implicarían necesariamente, un salto cualitativo en la actividad política en el marco de la democracia?

    –Una modalidad que opera es un tipo de racionalidad más sistémica, en la que las cosas se producen un poco por efecto de demostración de un resultado electoral antes que por la constitución de esa forma todavía nostálgica -la que evocamos- con imágenes de funcionamiento partidario donde la asamblea, el debate y la trayectoria de los liderazgos constituían una forma de organización del poder interno. En cambio, esta modalidad se abre, se abre, y en el resultado las urnas terminan definiendo qué es un líder sin que eso se demuestre de otra manera.

    –¿Por dónde pasa hoy la fortaleza de un partido político?

    –La fortaleza siempre se va a medir en función del lugar que el partido ocupa en ese momento, de la capacidad de un líder o de algunos liderazgos para aglutinar planes de acción que tengan por lo menos un atisbo importante de consolidación de seguimiento de sus propias bases y produciendo formas de interpelación a la sociedad que se sostengan. Eso quiere decir que no es que un día están diciendo una cosa y al día siguiente todo lo contrario, pero también es cierto que toda forma de constitución de estas modalidades más nostálgicas de producir organizaciones partidarias, también se ven asediadas por otro tipo de configuraciones de poder que son tan parte del juego democrático como los partidos políticos.

     

    Repaso

    –¿Cuáles son esas configuraciones?

    –Pienso en los medios de comunicación, las asociaciones empresarias, en estructuras sindicales, en todas las formas de organización social más informales como las de la economía popular, la de las asociaciones de base. Pero hay algo que me parece también importante incorporar a la discusión: algo que gobierna no es solamente una estructura partidaria o una estructura de distintos frentes que componen una alianza porque todo proceso de sectorización donde se establece una funcionalidad de un poder que gobierna o hace oposición, siempre se asiste de todas estas estructuras relacionales que componen en un determinado momento la foto de un proceso político en consolidación o en evolución.

    Es decir, no hay solamente Frente de Todos, no hay solamente Cambiemos, partidos de izquierda, hay corporaciones, complicidades de grupos empresariales de los medios de comunicación, hay siempre un conjunto de cosas que hacen a una forma de organizarse. Si el partido es el mecanismo por el cual se resuelve un proceso electoral, eso no consolida todo el entramado de poder del cual se constituye una alianza que gobierna o una alianza que se opone. Eso hay que decirlo porque si no pareciera que todo el problema es de una sola dimensión en toda la cuestión que implica la disputa política hoy, en sistemas democráticos como el nuestro.

     

    Los lugares

    –¿Esa disputa no estuvo siempre y en todo caso se va modificando el rol que cumplen los actores, en particular el de los partidos políticos?

    –En una lectura histórica, hace un tiempo, la definición política de un gobernante era asistida por sus cuadros políticos como también la definición de una campaña lo era. Hoy en el medio no solamente tenemos empresas que se dedican a construir las imágenes y a deshacerlas, empresas que ensucian el espacio de la discusión política con las fakes (falsas noticias), con carpetazos y una serie de dispositivos que no eran tan habituales antes. Los medios de comunicación en los 90 generaron una expansión particular, hoy eso se complejiza mucho más cuando todo lo que es circulación de información política está disuelto en un sinnúmero de dispositivos que lo que hacen es fragmentar cada vez más la comunicación. Si el mundo para un discurso se componía sobre cuatro o cinco ejes, hoy la plétora de cuestiones sobre las cuales hay que poder componer una respuesta es mucho más amplia.

    De manera que las formas discursivas que organizaban los poderes partidarios hace un tiempo, hoy se encuentran sometidos al jaqueo de otras formas de la economía de lo simbólico que también achica la potencia de esa voz o desamplifican esas voces. Pero claramente, es siempre un vaivén entre lo que mencionaba al principio. En ese sentido, podría historizar leyes electorales que pareciera que fueron creadas para la destrucción de los partidos políticos.

     

    Sistemas y contextos

    –A lo largo de los años, del 83 en adelante, ha habido reformas electorales que implicaron cambios no menores: lemas, internas abiertas, PASO….

    –Pienso todos los sistemas de doble voto. Por ejemplo, el sistema de las internas abiertas, simultáneas y obligatorias que fue un invento de la provincia de Santa Fe para salir de la ley de lemas que es un sistema de doble voto simultáneo. Y después, sin que eso haya estado demasiado sometido a prueba, vino Unidad Ciudadana, lo incorporó y lo hizo ley nacional. Ya estaba en la provincia de Buenos Aires el sistema de colectoras, una forma de resolver la complejidad política de esa provincia que, claramente, ya atentaba contra las formas de debate interno porque en realidad sacaba la discusión afuera, con 25 listas y la que más respaldo obtiene termina siendo la lista definitiva, sin tener nada que ver con las propuestas internas adversarias.

    Lo que se están sacando de encima es la tarea de construir un liderazgo, sedimentarlo y fortalecerlo dentro de un territorio porque total eso lo resuelve el sistema por afuera. Entonces la política pasa a ser un problema de qué imagen es conocida, un nombre que no haya que instalar o cuánto sale instalar un nombre.

    –Así pareciera que los primeros que descreyeron de la política fueron los políticos.

    –Diría que sí. El caso de la provincia de Santa Fe, la ley de lemas, por ejemplo, llegó por la anuencia política de un entonces líder radical, Horacio Uzandizaga, para sacarse de encima el problema de la interna con otro líder radical que era (Changui) Cáceres. Los legisladores alineados a Uzandizaga votan la ley de lemas; después el peronismo gana cuatro o cinco veces con esa ley. El problema es que la ley de lemas es la mala palabra de la política. ¿Con qué lo salvaron? Con una ley creada en un despacho de un viceministro que se somete a la discusión legislativa que no le agrega una letra, y se convierte después en ley nacional. Si las leyes que hacen a las disputas partidarias se producen así, claro, los primeros que atentan contra la política son los propios políticos.

    –Y entonces la política…

    –Uno cree que es ahí donde hay que ir a romperse el lomo, pero es más fácil pasearse por los medios de comunicación, sacarse una foto, estar en algunos afiches; ahora, con el de enfrente nunca se discute, solamente a través de los medios. Y no es una crítica a los medios, sino que los políticos se sostienen en esa comodidad y se hacen conocidos ahí también.

    Hay “configuraciones de poder que son tan parte del juego democrático como los partidos políticos”, señaló Barberis.

    EL CONTEXTO

    “Si Bolsonaro gobierna Brasil, si Trump fue presidente de los Estados Unidos no es un problema nuestro”, señaló a EL DIARIO el licenciado Pablo Barberis al ampliar la mirada. “Si las derechas con sus discursos ridículos, presentando esos personajes como a Beppe Grillo en Italia, son una opción es porque hay algo ahí que es un problema generalizado. Del mismo modo, si los fascismos hoy golpean la puerta de la democracia como lo hace, con discursos de liderazgos locales, como lo tenemos a Milei que no sale de cuatro consignas y no puede sostener un debate. Milei es la cara tardía de algo que empezó en otros lugares hace mucho”, sostuvo.

    Barberis indicó que “no es un problema nuestro porque lo podemos ver en la pérdida de confianza a la democracia que vivieron países de la región en la historia reciente; porque sabemos que hay embajadas que son jefaturas directas de algunos referentes importantes de las escenas nacionales y eso no es un problema solamente de la Argentina. Sabemos que hay grupos de poder concentrado, oligopólicos, que se dedican a otra cosa pero que fueron a comprar medios de comunicación y sabemos cómo se construyen algunas líneas editoriales. Ahí hay un problema mucho mayor. Ahora que los políticos se ayudan muy poco a sí mismos, estamos de acuerdo. Los políticos hacen su propio mérito en un problema mucho mayor”.

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