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miércoles, octubre 27, 2021
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    Echagüe, breve avenida comercial entre formidables madejas viales

    Parte fundamental de un circuito que involucra también a calle Gualeguaychú, la avenida Echagüe tiene la capacidad de reflejar como pocas la realidad económica de la ciudad. También es una puerta de salida del centro.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

    A la avenida Echagüe le alcanza y le sobra con la decena de cuadras que la conforma para constituirse en una arteria singular, en más de un aspecto. Uno de ellos es que se trata de un segmento que empieza y termina en sendos enjambres viales.

    Desbordada de tránsito, atravesada día, tarde y noche por una caravana diversa de colectivos urbanos, autos particulares y de alquiler, motos y bicicletas, Echagüe es la conexión natural de las neurálgicas España-25 de Mayo con la rosa de los vientos de las Cinco Esquinas. En efecto, luego de un desvío que se produce a la altura de la bifurcada Hipólito Yrigoyen, Echagüe se extiende hasta otro cruce peculiar, en torno a Alem y Alsina, que conduce a la vieja y a la actual Terminal.

    Si bien el tramo está semaforizado de comienzo a fin, la intensidad de la circulación vehicular impone un respeto que en general los peatones acatan. Muchos de ellos, andan a paso redoblado, acaban de realizar una compra, van rumbo a emprender un trámite o simplemente cortan camino porque Echagüe es acogedora incluso en medio de la desolación.

    El arbolado no es homogéneo, pero donde existe genera una apreciada sombra. FOTOS: Gustavo Cabral.

    El segundo aspecto característico es acaso el más conocido: el perfil comercial y de servicios que predomina sobre el residencial. De hecho, en ese reino de veredas amplias y generosa distancia entre cordones, al tiempo no lo administran los relojes sino la parsimonia con que empleados de los más diversos rubros sacan a la vereda la mercadería con la que atraen a clientes y la resignación posterior con que juntan lo no vendido, para ponerlo a resguardo dentro del local.

    Echagüe forma un circuito mercantil con Gualeguaychú, del que a veces participan calles vecinas como Carbó y Alem. Ese tono se mantiene pese a que las Cinco Esquinas ha ido perdiendo la densidad de otrora como nodo ordenador de lo urbano.

    Hitos

    La tercera singularidad es la cantidad de obras escultóricas que alberga: en un triangulito embaldosado que forman Echagüe y 25 de Mayo, los bustos de Hipólito Yrigoyen y Raúl Alfonsín están tan próximos que, en su vívida representación metálica, parecieran conversar cuando nadie lo nota; unas cuadras más allá, reina sin ser visto, entre arbustos, detrás del árbol de granada, el busto en mármol de Carlos Pellegrini, en el espacio verde olvidado, maltratado, que forman Echagüe, Cura Álvarez y Alem; a no más de 150 metros hacia el este, cuando la última cuadra de Alem fuga del encuentro entre Alsina y Echagüe, la estatua del presidente de la Nación electo en 1983 espera de pie un reconocimiento que no llega porque lo invisibilizan unas ruinas de estación; por último, en la esquina noreste de Ramírez y Echagüe, el anónimo monumento el gaucho acepta resignado que lo confundan con este u otro prócer o caudillo, mientras los padres llevan a sus hijos al jardín de la Iglesia Bautista y apuran el paso para aprovechar la combinación semaforizada.

    Y mientras estas pequeñas galaxias orbitan, el verdulero vuelca en la vereda un cajón de aromas, el cadete hace arrancar la moto mientras chequea la dirección de entrega, la señora reza un rosario de un solo misterio, los jóvenes le hacen seña al ómnibus que no frenará porque va lleno y el adulto mayor se deja pasear por la mascota que lo gobierna desde el extremo de la correa.

    Nadie parece ver el arbolado desparejo que crece desde cuadraditos misérrimos, en medio de un desierto de baldosas emparchadas; ni se pregunta a dónde llevan el fruto del estropicio el ejército de hormigas que marcha por el borde del cordón; ni cómo le fue al empleado que espera llegar a su casa.

    El transporte urbano hace que una numerosa cantidad de personas se reúna en torno a Echagüe.

    Paisajes

    Echagüe es, por momentos, un sueño recurrente, una aventura timorata, una procesión profana, una fila de casas que desafía al imperio comercial, una secuencia de vidrieras repletas para contemplantes vacíos. En la esquina de siempre, será la despedida que no terminó en abrazo, el ómnibus de media distancia que se va, el lamentado regreso sin gloria y la culpa por la falta de arrojo.

    Y mientras ese mundo se desvanece, Echagüe se apenará por el saludo no correspondido de mitad de cuadra, por la marquesina olvidada, los pasos aturdidos por Pascual Palma y Presidente Perón hacia el hospital, el pasado de prosperidad, la necrológica vigilia, la espera interminable en la garita helada.

    Ensimismado, el borbotón de rodados que aguarda a que la secuencia de semáforos los habilite evitará preguntarse por la utilidad actual de las dársenas para estacionar a 45 grados, a ambos lados, de cuando esta avenida era un ir y venir de caos vehicular. Tampoco reprochará, en general, ese gesto tan comarcano de adaptar a medias la infraestructura urbana. Sencillamente avanzará por el imperfecto pavimento, sorteando escollos repentinos, zarandeándose, maldiciendo ante el pozo no esquivado, alertando a puro bocinazo.

    Es un día más para Echagüe. Pero pasará, como cualquier otro. Fugaz, la madrugada se hará mañana; el mediodía, siesta; el atardecer oscurecerá por grados, irremediablemente; y un techo estrellado difícilmente recuerde que media jornada atrás eso fue algo parecido a un hervidero mercantil y una vía de escape del histórico centro. Entonces, la avenida simplemente se dejará habitar por el silbido desafinado del que vuelve con la cabeza gacha o la charla a dos voces que se repite en el estribillo. Será así hasta que esta parte de la ciudad amanezca, hasta que los comercios se desperecen y suceda el milagro cotidiano que ha convertido a Echagüe en una arteria clave para descifrar alguna de las tantas dimensiones que atraviesan a Paraná.

    El último tramo de Echagüe, antes de llegar a Cinco Esquinas. FOTOS: Gustavo Cabral.

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