Hablar sobre el suicidio es parte de una estrategia de prevención

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En el mes de septiembre, dedicado a reflexionar sobre las formas de prevención del suicidio, el especialista Sergio Brodsky fue entrevistado por EL DIARIO, oportunidad en la que volcó su experiencia profesional en una problemática de creciente importancia.

 

Valeria Robin / [email protected]

 

El psicólogo Sergio Brodsky propone abandonar los lugares comunes y los prejuicioso que suelen existir en torno al suicidio y las personas suicidas, para abordar las situaciones desde una perspectiva que recupere el protagonismo del entorno vincular y la potencia de la comunicación como estrategia de prevención.

Brodsky es referente de la ONG Lazos en Red, un grupo de voluntarios para la prevención del suicidio creada por la Asamblea de Salud Mental y Derechos Humanos de Concordia. Esa línea de trabajo se fue replicando en distintas localidades, donde el fenómeno del suicidio se hizo presente de manera palpable. Hoy todos esos núcleos conforman una red provincial.

Brodsky, además es autor de los libros “De amor y de muerte”, “Palabras para vivir, creatividad y salud mental” y “Los hijos de la desdicha”.

Lo que sigue es un extracto de la entrevista que le concedió a EL DIARIO.

Sergio Brodsky, especialista en la problemática del suicidio.

 

–¿Qué objetivos persiguen las acciones programadas para el mes en curso?

–Se trata de visibilizar la problemática del suicidio. La idea es sensibilizar y concientizar que el suicidio se puede prevenir y que toda la comunidad puede comprometerse en esta tarea. También aprovechamos la ocasión para explicar de qué modo se puede colaborar y a qué señales hay que prestarle atención y cómo abordarlas concretamente.

 

Los tabúes

–¿Por qué le parece que es necesario llamar la atención sobre estos aspectos?

–Hace años que venimos trabajando el tema del suicidio, abordándolo en talleres, en charlas, en instituciones, en escuelas, en clubes. La experiencia nos indica que la sociedad en general desconoce que el suicidio se puede prevenir. Pese a lo que digamos de la boca para afuera, el suicidio es un tema tabú, atravesado muchas veces por el miedo, la vergüenza y los prejuicios. Tengamos en cuenta que a todos nos genera cierto escozor lidiar con la existencia y con la muerte, dos nociones claves con las que nos interpela el suicidio.

Por lo general la gente no quiere saber ni hablar del tema. Este tabú fue construido durante siglos: no olvidemos que el suicidio fue considerado un delito, un pecado por las religiones y por la cultura, a partir de lo cual existe una condena moral y social latente. Entonces, al convertirse en algo de lo que no se habla con la profundidad suficiente, reina el prejuicio y las creencias erróneas. En ese sentido, dos de los lugares comunes son que la persona que se va a suicidar no lo anuncia y que quien lo anuncia es porque no lo va a materializar. El problema es que si no se sale de esa trampa quedan obturadas las posibilidades de prevención y de acceder a información certera.

–El suicidio, entonces, no es un acto impulsivo…

–No. En la mayoría de los casos, el suicidio no es imprevisible; es la acción final de un proceso cuyas huellas se pueden detectar a través de indicadores de advertencia.

El conocimiento de esas señales de riesgo por parte de la comunidad y los distintos espacios comunitarios puede ayudar a que nos comprometamos en la detección, la contención, el acompañamiento, y el abordaje de las problemáticas que llevan a las personas al suicidio. En ese sentido, es muy importante que los medios masivos de información, las redes sociales y los espacios de comunicación comunitaria trabajen de manera integrada, evitando reproducir los prejuicios y miradas superficiales y sesgadas. Este concepto explica algunas acciones que venimos llevando adelante desde hace un tiempo, como la caminata por la vida y los murales, que son maneras que tenemos a nuestro alcance para visibilizar el problema. La tarea es ciertamente compleja porque las ideas erróneas están expandidas no sólo entre la comunidad, sino entre muchos profesionales de la salud en general y de la salud mental en particular.

 

–¿A qué se llama la posvención del suicidio?

–A todas las intervenciones que apuntan a la prevención una vez que se concreta un suicidio. En lo puntual, son acciones que apuntan a contener al entorno de la persona que se quitó la vida; es el nivel terciario de prevención y aspira a evitar nuevos suicidios al ya producido.

Posvención entonces son un conjunto de estrategias dirigidas a ayudar al entorno de las personas que se quitaron la vida a que elaboren el duelo por la muerte del compañero de trabajo, del compañero de escuela, del familiar, del amigo.

Hay que tener en cuenta que el suicidio suele derivar en duelos que se complican, por lo traumático de la situación, y no siempre el entorno próximo está en condiciones de elaborarlo. Ahí debemos insistir en la condena social y moral que está instalada contra la persona que se suicida y sus vínculos.

Tengamos en cuenta que durante mucho tiempo los suicidas fueron enterrados en lugares apartados del cementerio. Esta marginación generó estigmas entre familiares y amigos que aún hoy se mantienen pese al tiempo transcurrido. Ese sentimiento de culpa o de vergüenza dificulta muchas veces la contención y la ayuda que necesitan ante una pérdida tan dolorosa.

Una de las acciones de capacitación sobre el suicidio se desarrolló entre efectivos de la policía.

Hay que hablar

–Concretamente ¿cómo se trabaja en la posvención?

–La posvencion del suicidio apunta a tres cuestiones. En primera instancia aspira a generar un espacio de circulación de la palabra, es decir de elaboración del duelo traumático del suicidio. En segundo lugar, se busca identificar en el entorno personas que ante este hecho hayan experimentado situaciones de riesgo de suicidio. Y también personas que tengan problemáticas relacionadas a procesos suicidas, como alguna adicción, o un estado depresivo.

En tercer lugar, la posvención es una instancia válida para compartir información sobre prevención del suicidio, ya sea en el entorno como en la comunidad, por ejemplo, en una escuela informar de manera preventiva sobre las situaciones de riesgo y cómo actuar ante cada caso.

Actualmente en Lazos en Red y en la Red de Voluntarios para la prevención del suicidio Concordia tenemos un espacio de contención grupal con los familiares de personas que se han quitado la vida, que es sumamente importante y productivo. La coordinación de ese espacio está a mi cargo.

 

–¿Qué se trabaja en esas instancias?

–En general hay dos cuestiones fundamentales que se intentan elaborar para poder convivir con la situación traumática. En primer lugar surge la pregunta del por qué, ya que las razones de la decisión suelen no estar claras. Indagar sobre qué pudo haber llevado a la persona a suicidarse es una necesidad que aparece frecuentemente. Lo cierto es que no hay una única causa, sino una confluencia; pero la familia necesita interrogarse, preguntarse por qué.

La segunda cuestión es la necesidad de la familia de dilucidar qué participación se tuvo en el proceso que derivó en esta drástica decisión: aparece la culpa y el miedo de que pueda haber un nuevo suicidio en otro miembro de la familia.

Desde el psicoanálisis hablamos de que el duelo por suicidio es patológico en el sentido de que suele ser más difícil de elaborar: aparecen conductas a veces incoherentes, ansiedad, culpa, situaciones de depresión; en fin, hay que estar muy atentos a eso, a que un miembro de la familia del suicida puede entrar en un proceso depresivo que lo ponga en riesgo de quitarse la vida.

 

–¿Qué puede hacer el entorno?

–Mucho más de lo que se cree. Ante todo reactivar los circuitos de comunicación franca. También es muy importante tener espacios de contención psicológica para poder hablar sobre la culpa, la participación, qué se hizo y qué no, e incluso, sobre el temor de que otro miembro de la familia se suicide.

En estos casos es recomendable hacer el duelo en el marco de un proceso terapéutico, porque, como dijimos, es un duelo difícil, no necesariamente patológico pero sí complejo. Lo importante es poder poner en palabras y compartir con ánimo de sanar y de llevar adelante la mejor vida posible.

En ese sentido, el trabajo junto a personas que estén atravesando situaciones similares es altamente edificante. Lo que suele suceder en los grupos es que hay entre los voluntarios personas que han perdido familiares por suicidio, entonces aportan desde esos testimonios de vida a que el proceso sea reparador. Esta forma de compartir en una pequeña comunidad  puede resultar saludable a la hora de tramitar el duelo.

 

Una agenda nutrida

–¿Qué actividades han previsto para el mes de septiembre a fin de visibilizar la problemática del suicidio?

–Desde la red provincial de voluntarios de prevención del suicidio venimos trabajando en la difusión de información preventiva en redes sociales y en los medios de comunicación. Lo propio están haciendo las redes locales, diseminadas en distintas ciudades de la provincia.

Particularmente en Concordia, a través de Lazos en Red, se han programado muchas actividades, algunas de las cuales ya se realizaron y unas cuantas ya están en marcha. Por ejemplo, dimos una charla en Federal, invitados por la municipalidad. Fue una jornada interinstitucional de prevención y una charla abierta al público.  También organizamos actividades en Concepción del Uruguay, junto al municipio local: una de ellas dirigida a efectivos de la policía provincial -con asiento en Concepción del Uruguay- sobre cómo intervenir para evitar un suicidio. Y de la otra participaron adolescentes de escuela secundaria.

Además, en Concordia, junto con el Instituto Superior de Especialidad en Educación Física, organizamos una Caminata por la vida y por la prevención del suicidio para el 26 de este mes. En las paradas del recorrido iremos compartiendo tips y abriremos el debate para que los caminantes puedan sacarse dudas y plantear inquietudes. También en Concordia descubriremos un mural cuya autora es la artista plástica Sandra Fernández.

También en Concordia, junto a la biblioteca de la Cooperativa Eléctrica tiene lugar un ciclo de cine ligado a la prevención del suicidio y también a problemáticas sociales. Las funciones se realizan una vez al mes.

También nos invitaron de Victoria para dar una charla como Lazos en Red.

Lo que queda en la agenda es una charla virtual organizada por la Sociedad de jóvenes libaneses de Argentina, para los próximos días.

 

Los Lugones

En el primer capítulo del libro “Palabras para vivir, creatividad y salud mental” (editado por Panza Verde), su autor, Sergio Bordsky, desarrolla la posvención del suicidio en la familia Lugones. Lo hace a partir del análisis de Diana Altavilla. ”En cuatro generaciones hubo cuatro suicidios: desde Leopoldo Lugones, el poeta, hasta su bisnieto”, prologó Brodsky en diálogo con EL DIARIO. “Hay un trabajo muy interesantes que hace Tabita Peralta Lugones -que es la bisnieta del poeta Leopoldo Lugones-  a través de la escritura de libros sobre la historia familiar. Allí, va tramitando, elaborando, redescubriendo y resinificando las trasmisiones siniestras donde está implicado el suicidio y ciertas situaciones de violencia y abuso. A través de este trabajo ella va elaborando una respuesta distintas a la repetición suicida que puede producirse si no hay una elaboración que procure una sanación”, explicó.

Partiendo del caso, Brodsky propuso una perspectiva más general. “La sucesión de suicidios no tiene que ver con una cuestión genética o hereditaria sino fundamentalmente con las formas de transmisión de lo traumático, y las dificultades de elaboración de este tipo de situaciones. El problema viene dado por el hecho de que se transmite un legado no escrito que instala en la cultura familiar que el suicidio es una alternativa cierta para afrontar determinadas circunstancias”, indicó, antes de explicar que “para encontrar los modos de cortar esa cadena, los espacios de elaboración de lo traumático son fundamentales. Así me lo indica mi experiencia en terapias de grupo con familiares de personas suicidadas; y en las escuelas, donde integramos a compañeros de curso, padres y docentes”.

 

Tomar contacto

“¿Quiénes conforman la red provincial?”, preguntó EL DIARIO. “La red provincial de voluntarios de prevención del suicidio está compuesta por Lazos en red de Concordia; SOS de Chajarí; Sintonizando vida, de Concepción del Uruguay; Llegaremos a tiempo, de Federación, y otros grupos humanos que están en plena formación”, enumeró Brodsky, al añadir que “también contamos con la participación de profesionales de la salud mental de Paraná, Los Charrúas y otras localidades que brindan de manera desinteresada su tiempo y su trabajo”.

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