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    José María Torres, patriarca de las escuelas normales

    Distinguido ensayista, notable planificador y gestor educativo, José María Torres ejerció una influencia apreciable en los grupos dirigentes de la segunda mitad del siglo XIX. Nuevos planes de estudio, más abiertos a la exploración científica y receptivos de la curiosidad de los estudiantes, junto a la ampliación de las matrículas, fueron pilares de un proyecto socialmente integrador.

     

    Norma Fernández Doux de Demarchi | [email protected]

     

    En una carta que el profesor José María Torres le escribió el 19 de agosto de 1882 al historiador Benigno Teijeiro Martínez, presenta en pocas líneas, cuál ha sido su desempeño docente en España entre 1845 y 1863 y (tras previa escala de algunos meses en Montevideo) en Argentina entre 1864 y 1882, cuando aún le faltaban doce años de esforzada y calificada dedicación a la formación del magisterio desde la cátedra, el libro y el periodismo y todavía soñaba con la Facultad Normal.

    La historia de Torres tiene una etapa española. Un prometedor horizonte se muestra al joven malagueño nacido en 1823, cuando como aspirante a ingresar al Profesorado Normal y previo concurso, obtuvo una plaza en calidad de alumno becado por el gobierno de Málaga (1840) en la Escuela Normal-Seminario Central de Maestros, fundada en Madrid en 1839 para formar Directores de Escuelas Normales o Inspectores de Instrucción Primaria, dirigida por el Lic. Pablo Montesino y en compañía de discípulos y amigos de la talla pedagógica de Joaquín de Avendaño y Mariano Cardedera y Poto. Es muy importante este período de su formación ya que su influencia se percibirá en sus escritos, organización y reglamentación prevista para la Escuela Normal del Paraná.

     

    Trayectos

    Obtenido el codiciado diploma como integrante del primer plantel de Maestros Normales egresados de tal institución, comienza una exitosa carrera docente en Málaga, como vice Director de la Escuela Normal y Visitador de Escuelas y luego como Inspector de Instrucción Primaria en Alicante, en Cádiz y finalmente en Madrid como Inspector de primera clase con sobresueldo como recompensa por sus buenos servicios. A ello une su participación integrando comisiones examinadoras de maestros, distinguido como miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País (en Málaga y Alicante) y promoviendo la creación de escuelas para todos los niveles proyectando su organización y reglamentación, incluyendo “la primera Escuela Normal de Maestras que se estableció en España” (Cádiz).

    Con tan valiosos antecedentes, ¿qué lo llevó a decidir el viaje al Plata donde se radicará con su familia en forma definitiva? “A pesar de esta ventaja mis haberes eran insuficientes para sostenerme decorosamente en Madrid, como me sostuve mientras pude ayudarme con el patrimonio de mi familia, pero, agotado éste, resolví venir a esta República con el designio de promover en ella la creación de Escuelas Normales”. Algo le decía que en América “estaba la génesis de la regeneración del mundo” y era allí donde “la escuela debía llenar una misión magna”, porque “la gran política es educar al pueblo”.

    La Escuela Normal de Paraná exhibe orgullosa el pergamino de haber tenido a José María Torres entre sus directores.

     

    La etapa argentina

    Decidido el viaje hacia fines de 1863 se encuentra de paso hacia Buenos Aires, en un Montevideo asolado por la guerra civil. Tuvo intenciones de radicarse allí pero finalmente su intuición lo hizo cruzar el Río de la Plata en septiembre de 1864 convencido de que si bien “el pueblo argentino había consagrado en sus leyes los principios de la democracia, le faltaban las virtudes que sólo podría dárselas la escuela ilustrando el espíritu y formando el carácter de sus hijos”, como escribiera Leopoldo Herrera en 1888.

    Llegado a Buenos Aires, comenzó una etapa de logros y reconocimientos en el orden educacional a partir de octubre de 1864: Vice- rector y profesor (Aritmética y Geometría) del Colegio Nacional al que organizó y disciplinó (1864-69), Inspector y Visitador de Colegios nacionales (1865), Inspector General de Colegios Nacionales y de todos los establecimientos de Educación que reciban subvención del Gobierno Nacional (1869-76), con activo desempeño con motivo de la fundación del Colegio Nacional de Corrientes y Escuela de Preceptores anexa e interesantes gestiones ante la Legislatura correntina en demanda de apoyo económico para la difusión de la educación pública; así como con las conversaciones mantenidas con el gobernador de Entre Ríos, Gral. Urquiza para fundar en Concepción del Uruguay, la primera Escuela Normal de Maestras con primaria de Aplicación y en Paraná con la Sociedad Protectora de la Enseñanza y el establecimiento de la Escuela Normal.

    Fue partícipe necesario en los trabajos del Departamento de Instrucción Pública, (entre ellos leyes por él propuestas y sancionadas), incluidos en Memorias Ministeriales presentadas ante el Congreso Nacional y desde octubre de 1876, director de la Escuela Normal de Profesores del Paraná durante dos gestiones: 1876-1885 (a cuyo término fuera nombrado Inspector Honorario de la misma por el Presidente de la Nación Gral. Roca quien ya lo había distinguido anteriormente ofreciéndole el cargo de Inspector y Consejero del Ministro, 1883) y luego la de 1892-1894 año en que presenta su renuncia definitiva en la tierra que había amado como su segunda patria al punto de tomar la ciudadanía argentina (1893).

     

    Como autor

    El éxito de sus gestiones al frente de “la Escuela matriz del normalismo argentino” se basa en la elaboración de nuevos planes de estudio, en el notable incremento del número de alumnos procedentes de distintas provincias y del exterior, en el reconocimiento de la calidad de la enseñanza impartida por parte de presidentes y personalidades que visitaban la célebre Escuela, en la magnitud de las reformas realizadas en la otrora sede del gobierno de la Confederación, en el apoyo a la propuesta pedagógica de profesores/as y maestros/as y en su misma personalidad intelectual y moral, requerida como consejero, asesor, congresista e inspirador de iniciativas tenidas en cuenta durante los debates parlamentarios previos a la sanción de la Ley n° 1420/1884 . Finalizada su primera gestión ofreció en venta su biblioteca particular al Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública que éste donara a la Escuela del Paraná (1886).

    Torres, intelectual

    Su pensamiento se expresó en valiosas obras pedagógicas de necesaria consulta como el Curso de Pedagogía (1887-1889) y los Varios asuntos de Política Doméstica y Educación (1890), en sus Informes anuales (1877-1884), sus prólogos a distintas traducciones de autores clásicos y contemporáneos de la educación, discursos, artículos para revistas especializadas y notas de cátedra conservadas por su alumno y luego director de la Escuela, profesor Alejandro Carbó (1888-1892). El profesor Torres legó su Testamento Pedagógico (1893) a muchas generaciones de docentes y vencido por las luchas, el esfuerzo y la perseverancia de toda su vida vivida como magisterio, se alejó definitivamente de su querida Escuela en 1894, para fallecer en Gualeguay el 17 de septiembre de 1895. El Decreto del 16/04/1931, art. 15 da razón del nombre que lleva la Escuela desde entonces: “En homenaje al más destacado de sus directores y al iniciador de los estudios del profesorado secundario en esta institución, se designa con el nombre de ‘José María Torres’ a la Escuela Normal Superior de Paraná”.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected] [email protected] y/o [email protected]

     

     

     

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