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El pueblo Chaná, representado en su bandera

La comunidad Chaná ya tiene su propia bandera. El emblema presidirá todos los actos y ceremonias de las que participe este Pueblo, que cuenta con numerosos miembros en la provincia de Entre Ríos, Santa  Fe, Buenos Aires y República Oriental del Uruguay.

CARLOS MARÍN

“Cuando íbamos a algún acto oficial, mi padre, Blas Jaime, llevaba la bandera de Entre Ríos porque él se sentía identificado. Pero yo no. Necesitábamos algo nuestro”. Las palabras de Evangelina Jaime, `Adá oyé ndén´ – mujer guarda memoria en lenguá chaná- explican el origen de un emblema que desde este año presidirá todos los actos y ceremonias de las que participen los integrantes del Pueblo Chaná.

Al menos es el propósito de la iniciativa generada por inquietud de la hija del último custodio de la lengua chaná, comunidad que cuenta con numerosos miembros en Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires y República Oriental del Uruguay.

“Fue mi idea de tener un símbolo que nos represente como a las demás comunidades aborígenes”, contó a EL DIARIO la joven nacida en Paraná.

La idea comenzó a gestarse hace muchos años, pero cobró forma concreta en 2017. “Con el grupo de alumnos de los cursos de idioma Chaná, ese año decidí que ya era hora”, confió la impulsora de la iniciativa.

Para materializar su anhelo, la joven realizó un pequeño concurso entre los estudiantes del curso. Cada uno presentó diferentes bosquejos e ideas. “Entre todos fuimos armando la bandera hasta quedar tal cual la dimos a conocer públicamente”.

El pabellón se presentó oficialmente en la entrega de certificados y exposición de fin de año, el 20 de noviembre pasado, en el museo Antonio Serrano de Paraná. “En el grupo que creó la bandera (2017) y el grupo que lo hizo realidad se vivió con mucha emoción y entusiasmo por parte de todos”, aseguró Jaime a EL DIARIO.

VOLVER A VIVIR

Tras la persecución y la matanza a la que fueron sometidos por los europeos, los Chaná debieron ocultar sus signos de identidad: su cultura y su lengua fueron motivo de burla y escarnio.

Blas Omar  Jaime, oriundo de la provincia de Entre Ríos, es el último hablante de la lengua chaná, que se daba por perdida desde hace 200 años.  Lo aprendió de su madre, a quien se lo había enseñado su abuela, que a su vez lo heredó de la bisabuela, en legado oral secreto, que se remonta a cientos de años atrás, cuando comenzaron a ser perseguidos por colonizadores españoles y evangelizados forzosamente.

Técnicamente los Chaná no se extinguieron. Un porcentaje importante de los habitantes de la provincia de Entre Ríos tienen sangre Chaná, aunque lo desconozcan. Obligados por las circunstancia la transmisión oral se cortó y el idioma se conservó en secreto durante aproximadamente dos siglos.

Actualmente, Blas junto a su hija Evangelina -ambos descendientes de ese pueblo- se encargan de enseñar su cultura a quienes estén interesados en aprenderla, en cursos anuales sobre lengua y cultura Chaná, que brindan en el Museo Antonio Serrano, de Paraná. Los dos luchan contra el olvido y la marginación a la que fueron sometidos durante siglos los sobrevivientes de su pueblo.

Durante décadas este hombre de tez oscura, bajo, taciturno y observador, fue un hombre común. Hasta que un día, aceptó que era custodio del legado ancestral que le había encomendado su madre: ser custodio de la lengua del pueblo Chaná, al que pertenece.

Presentación de la bandera, en el acto de finalización del curso 2018 de Lengua Chaná, en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas de Entre Ríos.

PROYECCIÓN

Después de muchos años de silencio, rescató ese lenguaje y escribió de forma artesanal y con su propia letra, un diccionario.

Posteriormente junto al investigador Pedro Viegas Barros, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y lingüista, editó  el libro y diccionario “La Lengua Chaná, patrimonio cultural de Entre Ríos”, que cuenta la historia y las características de la cultura Chaná.

El volumen explica el criterio de validación de la lengua, incluye un diccionario chaná-español, describe la fonología, la escritura y la gramática de la lengua, y contiene textos, cantos, oraciones y leyendas Chaná en ambos idiomas.

A comienzos de siglo se dio a la tarea de transmitir a Evangelina el valioso patrimonio cultural del cual era custodio único. Hoy, el objetivo del trabajo de padre e hija -tarea que asumen con orgullo- es multiplicar el legado con nuevos hablantes. Con ese propósito acaban de colocar un nuevo mojón en rescate de la identidad y miran con esperanza hacia delante, porque, como concluye Blas “siempre hay tiempo. Cuando se preserva algo, como ha pasado en éste caso, es que aún hay tiempo. Esto es un designio ancestral, tiene que ver con la divinidad. Por algo suceden las cosas, no hay casualidades, sino causalidades”.

SIMBOLOGÍA REPRESENTATIVA

Evangelina Jaime, mujer guarda memoria del Pueblo Chaná, explicó: “Cada dibujo integrado en el diseño de la bandera tiene un sentido. Hay líneas quebradas, que significan  las tres líneas de la vida. Desde abajo hacia arriba el nacimiento, la vida y la muerte. Las estrellas, ubicadas en la parte superior, son el lugar donde van los Chaná cuando mueren. O sea al caserío de las estrellas o  “Dananát ug  mirrí”. Los colores apuntan a eso. De azul más claro a negro”. Por otra parte precisó que la cabeza de loro se incluyó “porque es lo más representativo de la cultura chaná, según lo encontrado en piezas de cerámica,  en las excavaciones realizadas por investigadores”.

CARACTERÍSTICAS

La cultura chaná que habitó en Entre Ríos comprendía a Mocoretáes, Timbúes y Beguaes. Estas comunidades se dedicaron a la caza, pesca, recolección y el cultivo de la tierra. Poseyeron una industria de cerámica decorada. Eran seminómadas y sus casas eran ranchos comunales. Su organización a través de cacicazgos hereditarios, contaba con asambleas para resolver asuntos comunitarios muy importantes. Sus creencias religiosas eran expresadas a través de rituales populares.

Los datos etnográficos relevados por investigaciones y rescatados en excavaciones arqueológicas en la ribera de ríos y arroyos no posibilitan una exposición precisa de la cultura material y espiritual del pueblo Chaná. Teniendo en cuenta las características que parecieran ser comunes a los pueblos del Grupo del Litoral se alimentaban de carne, pescado, y algunos vegetales. La pesca era considerada como un medio de subsistencia muy importante. La practicaban sirviéndose de canoas de 20 metros de largo.

Los chaná practicaban la caza de venados, avestruces, nutrias. En la recolección sobresalían la miel, vainas de algarrobas, raíces y caracoles.

La manifestación artesanal más destacable de este pueblo, la constituye su cerámica que adquiere valor diagnóstico en las excavaciones arqueológicas.

La decoración modelada es la que le ha otorgado a sus artesanos el título de “ribereños plásticos”. Los adornos modelados colocados en el borde o en la parte superior del cuerpo del recipiente, cumplen siempre la función de apéndices o asas. Ejemplares de la fauna regional constituyen motivos predominantes. Cabezas y colas de loros, lechuzas y patos entre las aves, felinos, batracios, ofidios y también representaciones humanas, forman parte del repertorio indígena.