Eulalia Guzmán, la arqueóloga que exploró entre huesos sagrados

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La dedicación y el esmero que Guzmán aplicó a sus investigaciones intentaron ser invisibilizados.

Dedicada, estudiosa, decidida, Eulalia Guzmán pagó caro haberse enfrentado a algunos poderes fácticos de notable influencia en la academia mexicana. Reconocida arqueóloga, en su invisibilización se advierte un afán sancionatorio, un interés disciplinador contra el entusiasmo de las mujeres libres. Sus ideas la llevaron a militar a favor del voto femenino.

 

Angelina Uzín Olleros / [email protected]

 

 

Eulalia Guzmán Barrón nació el 12 de febrero de 1890 en Zacatecas. Fue la primera mujer arqueóloga en México, comenzó a realizar exploraciones cuando tenía 23 años, llegó a ser Jefa del Departamento de Arqueología del Museo Nacional y se desempeñó como Comisionada para localizar en Europa información relacionada con la cultura mexicana en el período prehispánico. Consultó archivos y bibliotecas en Londres, Bruselas, Berlín y también en el Vaticano. Eulalia destinó gran parte de su trayectoria académica a la Antropología; fue una de las dos mujeres que formaron parte de la primera generación de antropólogos en México en el siglo XX.

Estudiosa, dedicada, Eulalia llegó a hablar cuatro idiomas. Su extenso currículum es una muestra cabal de la experiencia profesional recogida y la dedicación desde corta edad con la que se entregó a la docencia, la investigación y la arqueología. Su compromiso ciudadano le llevó a militar a favor de la participación política de las mujeres.

Con 36 años, fue becada por el Fondo “Alejandro Von Humboldt”, lo que le permitió estudiar Ciencias durante tres años en universidades alemanas. Al regresar a México fue nombrada primera Jefa del Departamento de Alfabetización del país, según comenta Guadalupe Ramos Ponce.

Tenía 40 años cuando Eulalia se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma de México en el área de posgrado y se graduó como Magíster en Filosofía; anteriormente Eulalia tuvo sus primeros contactos con la Arqueología y la Antropología en un curso impartido por Franz Boas en el Museo Nacional de México durante 1913. En su tránsito por la UNAM, entabló una estrecha amistad con Alfonso Caso, quien la invitó a participar como asistente en las exploraciones que desarrollaba en el sitio de Monte Albán, Oaxaca.

No obstante, Caso fue punta de lanza en la avanzada contra Guzmán, años más tarde. En efecto, sus investigaciones fueron descalificadas cuando anunció haber encontrado los restos de Cuauhtémoc, algunos estudios afirman que el tema de Ichcateopan puede verse como el resultado de las disputas políticas entre hispanistas e indigenistas y sus luchas por el control de los símbolos nacionales. Dado que Cuauhtémoc representaría al líder más antiespañol de los aztecas, resultaba demasiado radical aceptarlo como un símbolo nacional en el México de 1950. Alfonso Caso, quien participó en la Comisión dictaminadora, sugirió que la maestra Guzmán había sido víctima de un engaño “no sólo de un pueblo en busca de reconocimiento, sino de sus propios prejuicios y deseos de recuperar la imagen de un héroe a la altura del imperio español y del más reciente imperialismo norteamericano”.

 

Épocas

Es preciso destacar que, finales de la década de 1940, en México predominó un notorio conservadurismo social y moral. Las mujeres fueron objeto de discursos que subrayaban la importancia de que se ocupen de la familia y la maternidad para la estabilidad de la nación. Eulalia Guzmán no cumplía con esos requisitos.

La invisibilidad de Eulalia Guzmán tiene una razón. Carmen Ruíz Martínez en un artículo escrito desde la perspectiva de la Arqueología de género sostiene que: “La muerte de Cuauhtémoc era una muerte que ocupaba y todavía ocupa un lugar ambiguo en el imaginario nacional mexicano; es una de esas gloriosas muertes que simbolizan la resistencia frente a la opresión colonial, una muerte que estaba rodeada de gran expectación y misterio porque ni las circunstancias específicas ni sus huesos habían sido localizados. Por ello la de Cuauhtémoc era una muerte mal resuelta, que permanecía en el terreno de lo que se ha llamado fantasmagórico. Comprometerse a realizar una excavación arqueológica como Eulalia lo hizo no era cualquier cosa, sobre todo porque al recuperar los huesos ese imaginario turbio y confuso se tornaría en algo real, con consecuencias inevitables para un nacionalismo que parcialmente se asienta en el terreno de lo fantasmagórico y misterioso. No es pues casual que fuera una mujer la que, al intentar rescatar los restos de un héroe nacional, fuera relegada a un espacio marginal y ambiguo y sin lugar a duda enterrada en el olvido.”

Eulalia Guzmán murió el 1 de enero de 1985 en la Ciudad de México. Hace poco tiempo el Instituto Nacional de Antropología e Historia creó un acervo histórico de su trabajo que se compone de más de tres mil expedientes, que incluyen información sobre las exploraciones realizadas en sitios arqueológicos de los estados de Oaxaca, Guerrero, Morelos y Chiapas. Su investigación ha quedado relegada dentro de la historia y aportaciones de la antropología mexicana.

 

 Eulalia Guzmán (1890-1985)

 

Arqueóloga mexicana de reconocida trayectoria, Eulalia Guzmán estuvo becada para estudiar en la Escuela Normal de Profesoras obteniendo el titulo en 1910. Desde 1909 prestó sus servicios como ayudante de escuela hasta 1914. Fue capacitada en Estados Unidos en el conocimiento de aritmética, álgebra y geografía, desempeñando funciones como profesora de dichas materias y también como profesora de Historia patria y Educación cívica, profesora de Castellano en la Escuela Nacional Preparatoria desde 1921 hasta 1922, comisionada para asistir a conferencias y congresos en Estados Unidos, Suiza, así como a Alemania de 1926 a 1929 y para estudiar la organización técnica en diferentes centros escolares. Nombrada Directora de la Campaña Contra el Analfabetismo en 1923 a 1924, fue profesora de Historia de la educación en la Escuela Normal Primaria para Maestras en 1923 y autora del libro «La Escuela Nueva» (1924). Por petición del gobierno de Guerrero y a partir de sus estudios sobre arqueología llegó a rebatir la tesis de Alfonso Caso que pretendía acabar con la veracidad de la tradición de Ixcateopan, Guerrero, dando una fundamentación sobre la autenticidad de la tumba de Cuauhtémoc que se encontraba bajo el altar mayor del templo católico de esa localidad (1951), que a partir de entonces fue declarado Altar de la Patria. Hasta 1970 estuvo encargada de los archivos históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia fecha en que se jubiló. Entre sus obras se pueden encontrar: La escuela nueva o de la acción (1933), Los relieves de las rocas del cerro de la Cantera, Jonacatepec, Morelos (1934), Caracteres fundamentales del arte prehispánico de México (1934), Un manuscrito de la Colección Boturini que trata de los antiguos señores de Teotihuacán (1938), The art of map making among the ancient mexicans (Londres, 1939), Lo que vi y oí (1941), Genealogía y biografía de Cuauhtémoc. Refutación a la Gran Comisión (Culiacán, Sinaloa, 1954), Relaciones de Hernán Cortés a Carlos V sobre la invasión del Anáhuac. Aclaraciones y rectificaciones (1958) y Manuscritos sobre México en archivos de Italia (1964).

 

(Para recuadro)

Motivos de un espacio

Cuando hablamos del espacio el sentido común nos lleva a pensar en astronautas, naves y satélites que recorren la galaxia; pero el espacio en general y los espacios en particular tienen relación aquí con los lugares que ocupan las mujeres y que fueron negados históricamente. Las mujeres espaciales salen del universo doméstico cerrado y delimitado por los poderes de turno para ocupar espacios laborales, políticos, económicos, artísticos, luchando por conquistar derechos en lo público y terrenal.

 

 

La dedicación y el esmero que Guzmán aplicó a sus investigaciones intentaron ser invisibilizados.