Gerchunoff en la Colonia Rajil

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Nacido en Proskuroff, fue en las colonias judías de Entre Ríos donde su espíritu se llenó de leyendas comarcanas. Su llegada a Rajil, donde se hizo agricultor, su trabajo periodístico y su legado a través de la literatura.

 

Roberto Romani
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Martiniano Leguizamón escribió el 28 de abril de 1910 sobre “Los gauchos judíos” de Alberto Gerchunoff: “Su lectura ha renovado el recuerdo de los paisajes y aromas de una región que vive entre mis mejores recuerdos de la infancia. Son flores de mi tierra que viene a brindarme un artista; sabores y coloridos bocetos que describen la vida íntima de las colonias judías, que fueron a trazar los primeros surcos en el linde de Montiel”.

Tenía 27 años y vivía en Buenos Aires. Había nacido en Proskuroff, provincia rusa de población judía, el 1 de enero de 1883.

Evocaba con asombro el arribo al Hotel de Inmigrantes, la trágica muerte de su padre en Moisés Ville, el 12 de febrero de 1891, y la llegada a la Colonia Rajil, donde se hizo agricultor: “Yo araba el campo con mi hermano, guiaba la segadora, cuidaba el ganado. El boyero, un antiguo soldado de Urquiza, me perfeccionó en el arte de cabalgar y me inició en el empleo del lazo y de las boleadoras. Como todos los mozos de la colonia, tenía yo aspecto de gaucho”.

Jorge Luis Borges conoció a Gerchunoff en 1921: “Sé que él sentía amistad, indulgencia por mí, y sé que yo siento una amistad por él que linda con la veneración. Pienso en “Los gauchos judíos”. Creo que ese libro es menos un testimonio histórico que un testimonio de nostalgia, un testimonio de amor que él sintió por Entre Ríos. Yo he compartido ese amor con él, aunque yo conocí a Entre Ríos mucho después”.

En las colonias judías de Entre Ríos fue donde su espíritu se llenó de leyendas comarcanas: “Las tradiciones del lugar, los hechos memorables del pago, las acciones ilustres de los guerreros locales llenaron mi alma a través de los relatos pintorescos y rústicos de los gauchos. En aquella naturaleza incomparable, bajo aquel cielo único, en el vasto sosiego de la campiña surcada de ríos, mi existencia se ungió de fervor, que borró mis orígenes y me hizo argentino”.

Publicó “Cuentos del ayer” (1919), “La jofaina maravillosa” (1922), “Roberto J. Payró” (1925), “El hombre importante” (1934), “El retorno de Don Quijote” (1951) y “Entre Ríos, mi país” (1952).

Desempeñó numerosos oficios. Dirigió “El censor” de Rosario, y fue periodista de “El país” y “La Nación”. Manuel Mujica Láinez trabajó a su lado: “Uno de los privilegios de mi vida que ahora me hace sentir nostalgia, ha sido el de tratar diariamente a Alberto Gerchunoff, desde 1932, hasta que ocurrió su repentina y extraña muerte. La cotidiana costumbre no disminuyó el deslumbramiento”.

Falleció en Buenos Aires, el 2 de marzo de 1950, añorando el abrazo del doctor Naún Yarcho y la despedida del boyero de la colonia:

“Así murió don Remigio Calamaco, en su última proeza de gaucho, así concluyó su vida, densa en hechos, sin agonía, sin haber conocido el decaimiento entristecedor de la vejez, con el lazo silbando en el aire.

Y así quisiera que me llegase la hora temible y tenebrosa, abiertos los ojos para ver lo que quiero ver siempre, pues morir como se vive, en lo que hacemos y en lo que amamos, es acaso, uno de los dones más benignos de Dios”.

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