Una mochila con tres kilos de cocaína enfrentó a dos jóvenes

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El Tribunal Oral Federal condenó a los dos jóvenes por el delito de transporte de estupefacientes.

Un joven de 27 años y otro de 20, al momento del hecho, se achacaban la tenencia de una mochila con el escudo de Boca Juniors que contenía más de tres kilos de cocaína de alta pureza. Fueron detenidos en Paraná tras una persecución de varias cuadras por intentar evadir la voz de alto de la Policía. Entre los argumentos para culparse mutuamente, uno dijo que la mochila no era suya porque era hincha de River.

 

Redacción El Diario / coordinacion[email protected]

 

El 19 de octubre de 2019, José Ayala y Brian Cejas, de 27 y 20 años en ese momento, fueron detenidos en barrio Las Flores, al borde de un arroyo, en el oeste de Paraná, cuando huían en el VW Gol en el que se trasladaban, de la voz de alto que les ordenó un móvil de la Policía que estaba de recorrida en zona de barrio San Agustín.

Los funcionarios les hicieron señas de luces, pusieron la sirena y el altavoz pidiéndoles que detuvieran la marcha para una identificación de rutina. Después de una persecución de al menos diez cuadras, en el primer lugar se halló una mochila con tres kilos de cocaína, que estaba acondicionada en ladrillos, en una mochila con el escudo de Boca Juniors.

El pasado 8 de septiembre, la juez del Tribunal Oral Federal de Paraná, en su integración unipersonal en la vocalía de Noemí Berros, los condenó por el delito de Transporte de estupefacientes. A Ayala le impuso la pena de cuatro años y diez meses de prisión efectiva por su rol como autor; en tanto que a Cejas, lo sancionó con la pena de tres años de prisión condicional como partícipe secundario. Asimismo, les impuso la pena de multa: de 90.000 pesos a Ayala y de 45.000 pesos a Cejas.

 

Valor de mercado

 

En la sentencia, Berros consideró la “calidad y pureza” de la sustancia, “superior al 60%”. Según la pericia química que realizó Gendarmería Nacional la sustancia era “clorhidrato de cocaína, con novocaína como sustancia de corte, con un peso neto total de 3.038 gramos, una concentración promedio de su principio psicoactivo del 60,77%, aptitud para extraer 18.465 D.U. y un valor estimado de mercado de 30.380,00 dólares (a mil dólares el gramo)”.

Berros entendió que “se trata de una cantidad de cocaína de un importante valor económico, pues –según se ha probado y se dijo más arriba – su valor de mercado asciende a 30.380,00 dólares, que en la moneda de curso nacional y a la fecha del hecho ascendía a casi 2 millones de pesos”.

 

¿De quién es?

 

La sentencia también destacó el careo entre Cejas y Ayala que se realizó a pedido de Ayala para aclarar “dos puntos centrales en contradicción: 1) a quién pertenecía la mochila con los tres kilos de cocaína: si estaba en el auto de Ayala o si Cejas la trajo de la casa de un familiar de su pareja en el Bº Paraná XVI y se subió al auto con ella; y 2) si Cejas se bajó del auto con éste en movimiento o si Ayala abrió la puerta del acompañante y lo empujó a Cejas”. No se pusieron de acuerdo y cada uno se mantuvo en sus dichos.

 

Persecución

 

Si bien Ayala negó que haya ocurrido una persecución, Berros consideró como determinante el testimonio de un policía que estuvo en el lugar y aprehendió a Ayala. El testigo desmintió la versión defensiva que sostuvo Ayala al manifestar que “venía a baja velocidad, pues fue precisamente la alta velocidad a la que se fugó la causante del episodio relatado conforme al cual ‘se le vino el barrio entero, eran como 30 personas, le tiraron un piedrazo y le gritaban que no podía conducir así porque había criaturas’. Se probó así, en definitiva, que Ayala –al comando de su auto- hizo caso omiso a la advertencia policial para que se detuviera, aceleró la marcha, intentó fugarse y que, en su consecuencia, se produjo la persecución policial del rodado por las calles de barrio San Agustín”.

Se acreditó que la persecución comenzó en calle Acebal y transcurrió a lo largo de ocho a diez cuadras. El testigo manifestó que el recorrido comprendió “tres o cuatro cuadras por Acebal, luego doblaron por una paralela a calle Ameghino, luego por una calle a contramano hacia el norte, para luego ingresar por las cortadas del barrio Las Flores, llegando al final de la calle, sin salida, contra el arroyo, detrás del cementerio”.

 

Farandulero

 

La jueza consideró como un indicio la “caracterización que, de Ayala, hace Cejas (“farandulero”) y que torna verosímil el episodio de esa exhibición de la mochila con droga que Ayala tenía en el auto, queda corroborada por un testigo –amigo de Ayala quien refirió que ‘el audio-car (actividad a la que Ayala probadamente se dedicaba) es para ‘fachear’; por el propio Ayala quien explicó que, cuando Cejas subió a su auto, ‘le mostró el celular nuevo que tenía, un iPhone X que le costó 40.000 pesos’ y hasta por su defensor técnico que expresó que su pupilo ‘caretea. Si lo menciono, es porque este aspecto de su personalidad o carácter (farandulero, fachero, careta) –irrelevante e inmune a cualquier consideración jurídico-penal- resulta a la postre revelador de la veracidad del episodio relatado por Cejas y se erige en un indicio de que la mochila estaba en el auto de Ayala cuando aquél subió”.

 

 

La mitad

 

Durante el debate, las defensas cruzaron argumentos y versiones. La de Cejas sostuvo que “no admite mayor esfuerzo argumental la ineficacia probatoria en el sentido propiciado por el defensor de Ayala de asignar a Cejas la propiedad de la mochila de Boca porque Cejas sea hincha de ese club –como lo reconoció, aunque aparentemente lo desfavorecía- y Ayala de River.

Ello, no solo porque – como dijo la defensa de Cejas- ‘una mochila cambia de manos y la mitad del país es de Boca’, sino porque ser de River y llevar en una mochila de Boca la droga que lo incrimina, puede –a la postre- ser una hábil coartada retórica, que no es dable soslayar. Lo relevante no es la pertenencia de la mochila –mero continente-, sino la de la droga –su contenido”.