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En su nuevo trabajo Felipe Pigna rescata mujeres protagonistas de la historia argentina

En “Mujeres insolentes 2” el historiador Felipe Pigna presenta el segundo volumen de una serie pensada para chicos y jóvenes, que recupera la biografía de mujeres latinoamericanas que rompieron con paradigmas de época en la lucha por sus derechos, y desde su lugar denunciaron la opresión del modelo patriarcal para la construcción de una sociedad más igualitaria.

En el segundo volumen de la serie con mujeres que se destacaron en distintos momentos históricos están, por ejemplo, Macacha Güemes, “la primera mujer que ejerce el poder de hecho en una provincia” cuando su hermano Martín Miguel estaba en campaña; Tita Merello “con una infancia tremenda, que decía que el tango nadie se lo había contado porque su vida lo era”; o Victoria Ocampo, “una oligárquica que dedicó buena parte de su dinero a una aventura literaria”.

Pero también, en las páginas de este volumen publicado recientemente por Emecé, se suceden la Difunta Correa, Martina Chapanay, Alicia Moreau de Justo, Trinidad Vergara, y Azucena Villaflor.

Como en 2011 con el libro “Mujeres tenían que ser”, el conocido historiador busca incorporar una perspectiva de género a la narrativa de América Latina y la Argentina.

“Mujeres insolentes 2” se suma a una serie de obras que el autor escribió recuperando el aporte de destacadas mujeres. Para Pigna es un libro que nació “de manera muy linda: en colegios. Una pregunta que aparecía bastante era si esta oleada feminista es nueva o tenía una historia”.

Para el investigador, en los libros de la gran historia, “las mujeres aparecen como fuente o mención secundaria o la `mujer de´; hay silencio, desconfianza y mucha escritura en contra que viene de una tradición hispánico católica muy fuerte, con cantidad de prejuicios y una mirada inquisitorial sospechosa, algo que también tienen, por ejemplo, los griegos”.

La génesis de la cuestión se remonta a milenios. “La mujer en Grecia no tenía derechos políticos y sin embargo las grandes tragedias están protagonizadas por ellas con temas de reivindicación, como Lisístrata, la primera huelga de relaciones sexuales. Evidentemente la mujer nunca renunció a esos derechos negados, como no lo hizo en el siglo IV y V antes de Cristo. No hubo resignación, hubo siempre pelea por los derechos y eso tratan de mostrar estos libros”, señaló Pigna a Télam.

Ampliar perspectivas

En relación a su propia formación en la perspectiva de género, Pigna reconoce que comenzó a partir de su experiencia con colegas en el ámbito laboral. “Mis primeras aproximaciones fueron durante la dictadura; en ese momento la perspectiva de género era inexistente. Sí estaba el feminismo como movimiento focalizado más bien en los países centrales con mucha referencia histórica pero muy débil por el contexto, donde sí veía que había colectivos muy importantes como Madres y Abuelas. Era la historia de varones y las mujeres destacadas tenían que ver con preponderancia de tipo dinástico. Tenía muchas compañeras en docencia, eso hizo que empezara a mirar la vida desde otro lado y me parecía una historia muy machista. Y había una demanda de mis lectoras. Empecé a leer para formarme hasta que después me animé a publicar en 2011, cuando había muchos movimientos feministas muy solos y valientes pero no una oleada como ahora. Para mí fue un desafío ingresar a ese mundo olvidado pero que en la Argentina tiene una fuerte tradición que arranca en el siglo XIX”.

En ese sentido, el desafío es hacer de esta perspectiva una norma en la historiografía. Pero superar reduccionismos y prejuicios y al tratar los distintos temas hacerlo desde una perspectiva amplia: “Un gran deseo que tengo hace tiempo es que no haya que escribir específicamente de mujeres, sino que se incorporen a la gran historia”. La cuestión clave es ampliar la mirada de género y en este punto “hablar de patriarcado que es más abarcador: porque incluye el modelo económico, la perspectiva de vida, el desprecio por el otro”. Para Pigna la perspectiva patriarcal es lo que debe modificarse ya que se trata de un paradigma “tremendamente dañino y va más allá del género: es un modelo económico social y político que hoy está aumentado y corregido, porque gana adeptos cuando más duro se pone”.

“Hoy la incorrección pasa por la derechización y el ataque a la mujer es muy potente”, concluyó el historiador.