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sábado, septiembre 18, 2021
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    El pasado virreynal de los puertos del norte entrerriano

    Reutilizadas como espacios culturales, los puertos de La Paz y Concordia han tenido una importancia notable tanto para la economía de la provincia como para que el Puerto de Buenos Aires, que lo usaba como postas hacia Corrientes.

     

    Mariana Melhem / [email protected]

    El autor Blasco Ibáñez en el libro “Argentina y sus Grandezas”, editado en 1910, decía sobre Entre Ríos que los 1.270 km de costa por ambos lados le permitían tener más puertos que ninguna otra provincia argentina. Y, por cierto, tenía razón.


    De hecho, a través del Paraná y el Uruguay, la colonización española avanzó en la ocupación territorial y transportó los recursos para el sostenimiento de las misiones. Es por eso que los puertos de La Paz y Concordia han sido las primitivas puertas de acceso y escala obligada entre Buenos Aires y Asunción (por el Paraná) y entre Buenos Aires y Yapeyú (por el Uruguay).

    Enclaves
    Vale la pena recordar que tanto La Paz como Concordia, adquieren estatus de villa fundada en la década de 1830, pero sus orígenes se debieron a la existencia de sus embarcaderos coloniales.

    En las diversas etapas de la historia local estos puertos, renovados constantemente acorde a los avances en la navegación, cumplieron un rol relevante hasta que, a fines del siglo XIX con el tendido ferroviario, pasaron a ser parte de un sistema clave en el desarrollo del modelo agroexportador. En ese contexto, el puerto de Concordia llegó a ocupar el tercer puesto en importancia del país luego de Buenos Aires y Rosario.

    Sobre el Paraná
    De este lado de la provincia, es conveniente subrayar que el primitivo embarcadero de La Paz, en el siglo XVIII, fue un paso importante de penetración en el territorio, vinculado al camino real hacia Corrientes.


    La base del pueblo fue el caserío que creció a la vera del Cabayú Cuatiá en un cruce de caminos donde la alta barranca era un mirador que permitía visualizar el entorno y a su vez protegía de inundaciones. Al abrigo de la barranca los navegantes podían desembarcar en amplias playas, sin riesgos de emboscadas.

    En poco tiempo el embarcadero se transformó en puerto manifestando un gran progreso, pero fue cerrado en dos oportunidades al finalizar la década de 1840, prohibiéndose la navegación por el Paraná aguas arriba.


    Hacia 1850 se habilitó nuevamente instalándose una Aduana Provincial. Unos años más tarde, debido a su gran movimiento, adquirió la clasificación de “Tercera Clase” exportando frutos, cueros y carbón. Posteriormente, durante la Presidencia de Mitre, adquirió el rango de “Segunda Categoría” y con ello se designó el primer personal.

    Los productos embarcados eran los derivados de la actividad ganadera, agrícola y carbón que se entregaba en grandes cantidades como combustible para los vapores que hacían escala en camino a Asunción.


    El paisaje del lugar no solo estaba configurado por embarcaciones, sino que se sumaban las carretas que proveían el carbón desde el rico monte.


    Entre fines del siglo XIX y principios del XX, se construyeron los muelles, edificios y otras piezas que conforman el conjunto actual: la Subprefectura, los galpones, la grúa, entre otras. El lenguaje de las componentes responde al reconocido como “arquitectura de la ingeniería” donde se expresan, sin aditamentos ornamentales, las piezas industriales que conforman cada obra, en su mayoría concebidas para ser armadas o desarmadas y ubicadas en los lugares más convenientes en función de la actividad que contienen.

    Para el caso de los edificios institucionales se recurre a una combinación de la tecnología tradicional de ladrillos con madera y hierro. Para los muelles, se usó estacado de madera y posteriormente hormigón armado.


    El área del puerto fue un núcleo que aglutinó la configuración de un barrio con residencias y servicios.

    Saltos del Uruguay
    El sitio donde hoy se emplazan las ciudades de Concordia y Salto (ROU) estaba signado por los escollos que representaban, para la libre navegación y comunicación entre Buenos Aires y Yapeyú, los Saltos Grande y Chico del río Uruguay. Por ello, a principios del siglo XVIII, se estableció un paraje denominado Ytú.

    Este era el punto donde se descargaban las embarcaciones para proseguir por tierra, en carreta hasta Yapeyú. El paraje fue reemplazado al poco tiempo, a causa de una inundación, por San Antonio de Salto Chico, fundada sobre un lugar denominado El Brete y por cuyo embarcadero se transportaba yerba mate, tabaco, lienzos, algodón y cueros.


    Luego de la fundación oficial de Concordia (1831), si bien existían distintos muelles se estableció como puerto el que estaba dispuesto frente a la barra del arroyo Yuquerí Grande, habilitado por el gobernador Pascual Echagüe en 1833 y más tarde, por decisión del Gral. Urquiza fue el único puerto autorizado para operar, evitando el contrabando.


    La necesidad de contar con un área de embarque próxima a la ciudad determinó su traslado a la barra del arroyo Manzores (1860), al sur del primero.
    Con la inauguración del ferrocarril en 1875, se inició el período de gran apogeo de este puerto en tanto la dupla infraestructural permitía la salida de todos los productos del noreste argentino hacia el mercado europeo y americano y de ellos al país.

    Foto: Gentileza Julio Blanco.

    La política económica de la oligarquía terrateniente y gobernante en las dos últimas décadas del siglo XIX permitió que Entre Ríos recupere el protagonismo perdido después de Pavón. Sus puertos adquirieron una dinámica inusitada gracias a las ventajas naturales y la cercanía a Buenos Aires. Para dimensionar la importancia del Puerto de Concordia, que llegó a ocupar el tercer lugar entre los puertos fluviales nacionales, basta con recorrer las cifras de comercialización en 1911: importaba productos por más de cinco millones de pesos oro, mientras exportaba por más de siete millones.

    Foto: Gentileza Julio Blanco.

    La configuración del espacio portuario está constituida por los muelles de hormigón armado, los galpones prefabricados y un galpón cuyos paramentos en piedra se recortan sobre la costa.

    Foto: Gentileza Julio Blanco.

    A causa de la paulatina desafectación de los espacios ferroportuarios, estos destacados conjuntos forman parte de los espacios públicos ribereños integrados a las costaneras de ambas ciudades con funciones destinadas a la promoción cultural.

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