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sábado, septiembre 18, 2021
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    Docentes que están en todas: una red de cuidados y ayuda

    Cuando se decretó el cierre de escuelas, comercios, circulación, a mediados de marzo de 2020, un sinnúmero de universitarios que estudiaban en Oro Verde, quedaron sin la posibilidad de volverse a sus pagos. Sus profesores relevaron la situación de cada uno y se organizaron para asistir económica y académicamente a unos 57 alumnos que habían quedado varados en esta ciudad durante unos cuatro meses que no hubo transporte. Contamos esa historia que fue sumando socios y siguió, con otros destinatarios.

     

    Mónica Borgogno / [email protected]

    Después de casi 500 días de aquel decreto que iniciaba la clausura de la vida social y económica en Argentina, allá por mediados de marzo de 2020, después de tantas pérdidas humanas que se lleva esta prolongada pandemia de un virus que viajó plácido en aviones, globalmente; después de aprender –o no- a convivir con la incertidumbre del mañana, esta nota tiene la pretensión de contagiar un poco de vida.

    Ojalá después de leer lo que acá sigue, la palabra pandemia sea apenas un detalle. Es que lo que prima en esta historia es una trama de cuidados y escucha de un par de docentes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER, ante la situación de muchos estudiantes que entre marzo y agosto de 2020 quedaron varados en Oro Verde, sin medios de transporte ni de subsistencia. Sin poder volver a sus pagos. Es una microhistoria tal vez, en la que alguien reparó e hizo que otros más repararan. Entonces hubo red, contención, comunidad.

    El ingeniero agrónomo Jorge Gvozdenovich, es docente de Tecnología de Tierras, una materia del 4to. Año de la Ingeniería Agronómica, que se dicta en la unidad académica que está sobre la ruta provincial Nº 11 ya casi saliendo del centro de Oro Verde. Él es el portavoz, el que relata y recupera parte de lo que hicieron en los momentos más crudos del año que pasó y siguen haciendo aún hoy, para sobrellevar las situaciones más críticas de algunos alumnos.

    La confianza en la palabra que hay de manera tácita entre la gente de campo, a pesar de los cambios tecnológicos y generacionales, parece no haber cambiado demasiado. Cuando se escucha a este profesor contar cómo empezaron estas “acciones de extensión en emergencia”, aparece ese vital vínculo de confianza que fue el disparador de una oportunidad de la universidad para tejer una red de solidaridad que fue más lejos de lo que pensaron quienes se pusieron a escribir el proyecto.

    “Empezamos a divisar que había muchos estudiantes a los que se les dificultó que sus familias les mandaran dinero para pagar el alquiler o comprar comida. Inclusive, había algo muy de Entre Ríos: la familia solía acercarse con la caja de encomienda a la ruta, esperaba el colectivo, la mandaba y el alumno la buscaba y tenía la provista para todo el mes. De todo eso se vieron privados porque estaban varados. Hubo alrededor de 57 alumnos en esa situación porque fueron casi tres o cuatro meses en que no hubo colectivos de larga distancia. Justo coincidió que tenían la última mesa de examen a fines de marzo. Ellos se habían quedado para rendir y si bien se venía hablando del tema, se decretó que se cerraba todo. Los agarró desprevenidos y ya en abril no pudieron volver ni tener ingresos de dinero. Hay que recordar que son chicos de 18 a 24 años aproximadamente”, contó el docente.

    “La Universidad extiende sus lazos tejiendo una red solidaria ante la emergencia en Oro Verde”. Con ese título bautizaron su propuesta que tiene generosas dosis de escucha, sensibilidad, contención y responsabilidad social universitaria.

    Haciendo otro proyecto de extensión junto a unos 40 alumnos de Agronomía, detectaron la problemática. Ahí se enteraron, por un grupo de pibes, que había varios compañeros suyos que tenían mercadería para 10 días y después no sabían cómo iban a seguir. “A raíz de eso con un par de docentes decidimos armar un proyecto, presentarlo y la UNER tuvo una respuesta inmediata. Aprobó esta propuesta de acción de extensión y nos dio $ 30.000 casi en una semana, algo raro en una institución. La idea se puso en marcha con dos premisas: Que los alumnos queden en el anonimato, no exponerlos, porque no es algo lindo decir ‘no tengo plata’ y, gracias a la confianza que había con varios docentes, logramos detectar esas situaciones e hicimos la primera entrega a 15 alumnos con bolsones de mercadería, verduras, leche, distintos productos”, especificó Gvozdenovich.

    La otra premisa que contempló esta propuesta y a la que aludió el docente fue la ayuda de tipo académica ya que estos estudiantes tenían que seguir cursando de manera virtual. El año académico 2020 hay que recordar, fue 100 % virtual. Entonces, también cuando necesitaron asistencia en este sentido, ahí estuvo este equipazo de profesores para acompañarlos. “Algunos no tenían internet así que conseguimos que la Facultad abra un aula con el cumplimiento de los protocolos, para que puedan tener sus clases virtuales”, añadió.

    Bolsones muy especiales

    Los socios no tardaron en plegarse a la movida de ayuda y colecta de mercaderías. Al principio eran cuatro docentes que hacían un fondo anónimo pero cuando empezaron a ver que no eran pocos quienes necesitaban sustento diario, armaron la propuesta y la cosa levantó vuelo. Se sumaron instituciones como la Bolsa de Cereales, Fundación La Agrícola de Crespo, Cartocor, Petropack, Mercado El Charrúa, Colegio de Ingenieros Agrónomos de Entre Ríos, INTA, más el aporte de vecinos y de comercios locales, entre otros. El Municipio de Oro Verde colaboró y mucho –señaló- con parte de la logística y les permitió circular para hacer estas tareas. “A lo largo de esos casi cuatro meses pudimos comprar más de $ 350.000 en alimentos y productos de limpieza que distribuíamos en forma quincenal”, precisó el profesor.

    “Había un bolsón con cosas de higiene porque en ese momento había que extremar los cuidados de limpieza y dotar de alcohol en gel, lavandina, etc. y otro, exclusivo de comida, que entregábamos cada 15 días aproximadamente. De 57 alumnos, con el tiempo, mermó a 20 y hoy habrá unos ocho que más allá de la situación de pandemia, atraviesan situaciones difíciles y seguimos cerca de ellos”, comentó.

    No eran sólo alumnos de Agro a los que tendieron una mano. La noticia había corrido y eran muchos en parecidas condiciones. Como se sabe, Oro Verde es ciudad universitaria: acá, a unos 10 kilómetros de la capital provincial, estudian jóvenes que asisten a diversas carreras de la Facultad de Ciencia y Técnica de Uader y Bioingeniería, Bioinformática y la Licenciatura en Transporte que se cursa en la UNER, además de Ciencias Agropecuarias.

    Asimismo, según el relevamiento que hicieron, los principales destinatarios de las acciones, provenían de lugares muy distantes. Había algunos de realidades económicas de pequeños productores. “Esos eran a los que más se les dificultaba el regreso porque los padres no podían venir a buscarlos ya sea porque tenían vehículos viejos o porque vivían en medio del campo. Unos, me acuerdo, eran de Colonia La Llave, cerca de Nogoyá, un par de Gualeguay, dos alumnos de Concordia, de Córdoba, de Neuquén, de Chubut, de Chajarí, de Esperanza, Bovril, Feliciano, Maciá, Villaguay, Gualeguaychú, entre otros. De los 57, 50 habrán sido de Entre Ríos”, recordó el responsable de la iniciativa.

    “Los bolsones de mercadería que preparábamos eran para “mimar” a los estudiantes”, dijo Gvozdenovich.

    No entra en una caja

    “Mil gracias a todas las personas detrás de estas acciones”, les escribió por whatsapp uno de los pibes o pibas, porque en realidad primero eran más varones y de a poco, fueron más chicas las que manifestaron pasar por la misma realidad de estar lejos de su lugar de origen y sin medios de subsistencia. “No tengo palabras para agradecerles lo de la caja, para escribir la alegría y emoción que tengo por lo que están haciendo desde la facu….la cantidad de mercadería es impresionante. ¡La verdad, muchísimas gracias!  Es impresionante lo que han hecho por los estudiantes que no hemos podido volver a nuestras casas”, les mensajeó alguno de los beneficiarios.

    Una de las últimas fotos de registro de tanta solidaridad, fue la de la última entrega de cajas en agosto del año pasado. Contenía buena parte de la producción que les había suministrado el Módulo Frutihortícola de la Facultad: “Nos donó 60 zapallos, 60 calabazas. Armamos unas cajas con galletitas dulces, saladas, caramelos, grasa para que hagan tortas fritas, había de todo. Era una caja bien mimada, por decirlo así, porque queríamos que se sientan bien”, dijo el director del proyecto.

    -¿Como si fuera la caja de encomienda que le mandaban los padres?

    -Exactamente…Como el Centro de Estudiantes no podía trabajar nos dio todo lo que había en su cantina así que a los chicos les llegaron incluso golosinas. “Jamás hubiera pensado que en una caja de alimentos vendrían dos chocolates, un alfajor”, nos decían y nos emocionaban esos mensajes.

    En otro tramo de la entrevista, Gvozdenovich confió que ellos mismos, personalmente, hacían las entregas: “Uno iba a la casa a entregarles el bolsón y constataba que realmente estaban en emergencia, que los padres no les podían mandar nada y que el departamento de estudio era muy precario en la mayoría de los casos”.

    Sensibilidad Modelo 2001

    En ese cara a cara y en las charlas que iban y venían con la llegada de las “cajitas felices”, como promociona una conocida hamburguesería, se iba entretejiendo un vínculo afectivo más que saludable. “No queríamos que ningún alumno deje los estudios por cuestiones económicas, eso es imperdonable para cualquier docente. Cuando detectamos los primeros cuatro alumnos y vimos que el papá de uno de ellos había perdido el trabajo en Gualeguay, eso nos sensibilizó. Todos los docentes éramos de la misma camada, habíamos vivimos el 2001, esa etapa crítica de Argentina. Nosotros éramos estudiantes en esa época de crisis y dijimos ´no pueden quedar afuera´. Llegó un momento en que éramos 40 docentes ayudando y depositando en una sola cuenta que usamos para comprar mercaderías”, rememoró.

    La historia termina con un mensaje que compartió este docente pero que estaba destinado a todos los que colaboraron y que hoy está guardado como un tesoro, tal vez en una cajita que también alimenta.

    “Recibimos las cajas el viernes pasado y estamos más que agradecidos. ¡Nos dejaron un montón de cosas, hasta chicles y caramelos! Lo que ustedes nos dieron es mucho más que unos alimentos, se quedaron a charlar y saber cómo estábamos sin conocernos, pero dejando la certeza de que somos importantes. Desbordamos de paz y alegría porque nos sentimos cuidados y eso no viene en ninguna caja. Gracias y esperamos que la vida nos de la revancha de también poder transmitir y devolver sin condiciones lo que se nos dio de la misma forma”, les escribió uno o una estudiante agradecida.

    Colegas

    Enterados de la movida cada vez más grande, muchos ingenieros de toda la provincia, al saber que había un CBU para este fin, el de juntar fondos para compra de alimentos, semana a semana depositaban unos $1000, otros 500, más o menos. Lo mismo con las empresas, nadie nos dijo `bueno, lo vamos a ver´… No, a los 20 minutos ya teníamos la mercadería a disposición”, dimensionó la buena predisposición de la comunidad.

    El dato

    En el informe final, hay números precisos respecto de la ayuda suministrada: “El 77% de los estudiantes fueron de la UNER (50% de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y el 27 % de Bioingeniería) y el resto de Uader”.

    Dar es dar

    Los pares del Centro de Estudiantes tuvieron una participación especial. Al no poder funcionar su kiosco, donaron la mercadería por un valor de $ 12.000, según se lee en el informe final del proyecto.

    Tender lazos

    “La experiencia duró hasta que los alumnos nos dijeron “ya hay colectivos, nos volvemos”. Fue una alegría. A mí me tocó llevar hasta la terminal a un chico de Chajarí y fue una satisfacción”, expresó el entrevistado.

    “Hasta que pudieron volver en colectivo o se asociaron entre varios y venía un papá, los buscaba y pudieron regresar”. La actividad mermó de 57 a 20 y hoy los que necesitan nos llaman, serán unos 8 a los que seguimos ayudando de manera anónima”, indicó.

    Es decir, las acciones que nacieron de una necesidad puntual y emergente, continuaron hasta hoy. Es más, luego, cuando varios alumnos ya estaban en sus hogares pero en Oro Verde seguía suspendida la entrega de viandas en la parroquia local, hubo tres familias que quedaron sin esa fuente de alimento y no la estaban pasando bien. Hacia ellos se redirigieron los bolsones restantes.

    Acciones estudiantiles

    A esta acción de extensión en contexto de pandemia, se agregaron dos más, liderados por estudiantes como en el caso de “Mucha información, poca comunicación: acción para un mejor uso de productos de higiene y desinfección en el hogar”. Tal es el nombre de uno de los proyectos aprobados por la UNER, coordinado por la estudiante Estefanía Karst, con la idea de elaborar una campaña de difusión sobre el correcto uso de los productos de limpieza y desinfección más comunes en el hogar y en espacios públicos compartidos.

    Y por otra parte, “Charlas virtuales a cargo de los Módulos Didácticos Productivos de la FCA-UNER”, fue la acción a cargo del estudiante Daniel Cislagui que se llevó adelante con el fin de capacitar a través de una serie de charlas virtuales abiertas a la comunidad.

     

     

     

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