María Cano, una voz alzada en favor de los obreros

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La brasa dialéctica de María Cano exaltaba las voluntades de cambio de los trabajadores colombianos.

Brava exaltadora de los ánimos proletarios, María Cano es conocida en Colombia como “la flor del trabajo” o “la virgen roja” por considerarla una de las luchadoras más destacadas del siglo XX en su país. Recordada por su participación política y sindical en favor principalmente de la mujer, lideró la lucha por los derechos civiles y las reivindicaciones de los derechos de las trabajadoras y los trabajadores.

 

Angelina Uzín Olleros | [email protected]

 

María de los Ángeles Cano nació en el seno de una familia liberal de Antioquía que intentaba mantenerse a salvo en medio de la denominada “Regeneración conservadora”; en el hogar conformado por sus padres Rodolfo y Amelia. Tuvo cuatro hermanos. Dentro de su círculo familiar estaban, por ejemplo: Fidel Cano quien fuera el fundador de “El Espectador”, Luis Tejada un destacado escritor, Francisco Antonio Cano artista plástico y reconocido pintor, Melitón Rodríguez un conocido fotógrafo, Tomás y Rafael Uribe quienes se desempeñaron como jefes liberales en la Guerra de Mil Días.

Su padre le permitió desde muy joven acercarse a las letras y disfrutar de la completa biblioteca de la casa. Luego llegaron las lecturas marxistas, con las que radicalizó posiciones.

En los años 20 del siglo anterior, María reunía en su hogar a un grupo que disfrutaba con gran interés de la literatura francesa, siendo uno de sus libros preferidos Cyrano de Bergerac la obra teatral de Edmond Rostand. Para estar a tono con la época, la tertulia publicó una revista a la que bautizaron con el nombre de su héroe: “Cyrano”. El 9 de octubre de 1921 en la revista apareció la primera colaboración de María de los Ángeles bajo el seudónimo de “Helena Castillo”: un texto en prosa poética escrito en el momento de la muerte del poeta modernista Abel Farina.

Bajo la influencia de Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, empezó a publicar una serie de poemas de un erotismo explícito que escandalizaron a la parroquia: “He traído rosas sangrientas a mi lecho blanco de soledad/Las he deshojado sobre mi carne desnuda/Así tus besos, Amado, para aromar mi sangre/Una espina desgarra ávida mi carne amante…”.

De este modo María abrió el camino para que otras mujeres, como Fita Uribe y María Eastman, se atrevan a publicar. Para contrarrestar la perniciosa influencia que podían tener entre la juventud, otro grupo de mujeres fundó una revista cuyo nombre habla por sí solo de la filosofía que la inspira: “Letras y encajes”.

 

La prensa

Posteriormente, colaboró con algunos escritos para “El Correo Liberal”, “El Espectador”, “El Luchador”, entre otros diarios liberales y socialistas de Antioquia. En 1924 abrió una biblioteca popular gratuita con materiales donados por los periódicos, librerías e intelectuales de Medellín y combinó su trabajo de lectura pública y reflexión literaria con visitas a los barrios obreros.

En actos y mitines, en visitas a fábricas y en la preparación de manifestaciones, María Cano dejó traslucir un envidiable poder de oratoria y agitación. “La flor del trabajo”, la llamaban unos; “La Virgen Roja”, otros. Luego fundará, junto con Tomás e Ignacio Torres Giraldo, el Partido Socialista Revolucionario (PSR) en el Tercer Congreso Obrero Nacional en 1926.

Luego recorrió el país. Se movilizaba en carro, mula, caballo, ferrocarril y barco. Recorrió Boyacá, Caldas, Valle, Antioquia, Tolima, Cundinamarca, Cauca, Santander y la Costa Atlántica. En estas giras era recibida por multitudes que se agolpaban en torno suyo y también detenida y expulsada a municipios vecinos.

“La Huelga de las Bananeras”, reprimida violentamente por el gobierno de Miguel Abadía Méndez en 1928, llevó a María a prisión acusada de haber instigado la huelga de los trabajadores de la “United Fruit Company”.

Las confrontaciones internas dentro del movimiento socialista y los maltratos que recibía por parte de algunos de sus antiguos copartidarios la marginaron de la lucha social. Su última jornada pública, a mediados de 1934, fue en las calles de Medellín, portando la bandera de los huelguistas del Ferrocarril de Antioquia. La acompañaba Manuel Marulanda Vélez, dirigente obrero del socialismo revolucionario, futuro cofundador y comandante en jefe de las FARC.

 

Postura

A partir de 1930, María Cano decidió vincularse como obrera a la Imprenta Departamental de Antioquia y, posteriormente a la Biblioteca Departamental, donde había iniciado las jornadas de lectura popular obrera. Trabajó allí hasta 1947. Posteriormente, se hundió en el más absoluto silencio y en el aislamiento hasta su muerte.

Recién derrotado el nazismo, dijo: “Un mundo nuevo surge hoy de la epopeya de la libertad, nutrida con sangre, con llanto y con tortura. Es un deber responder al llamado de la Historia. Tenemos que hacer que Colombia responda. Cada vez son más amplios los horizontes de libertad, de justicia y de paz. Hoy como ayer, soy un soldado del mundo”.

Actualmente existe la Fundación que lleva su nombre y se conoce popularmente como “La María Cano”, sostén de la universidad con formación de grado y posgrado. En su página podemos ver el video del Himno a María Cano, con letra y música de Mauricio Mejía, interpretado por Miranda. Como eje principal de esta institución se afirma: “Es una clara muestra del respeto por la mujer como núcleo de la sociedad, que integra a la familia, es la base de una dinámica transformadora que permite tener más protagonismo en un mundo que reconoce a María de los Ángeles Cano Márquez como ejemplo de liderazgo y de hidalguía… Una persona que, en las primeras décadas del siglo XX, estaba destinada a un papel de completa sumisión y silencio, pero que agitó las masas y no tuvo miedo de estar en medio de polémicas, recorriendo las regiones del país y hablando en la plaza pública para defender los derechos de todos los colombianos.”

 

María Cano (1887-1967)

María de los Ángeles Cano Márquez nació en Medellín el 12 de agosto de 1887, provenía de una familia culta y humanista de educadores, periodistas, artistas, músicos y poetas de firmeza radical, tanto por parte de su padre, Rodolfo Cano, como de su madre, Amelia Márquez. María fue una autodidacta que siguió el pensamiento independiente y libre de su padre, quien la orientó en su formación primaria. En 1924, María de los Ángeles pasa largas horas en la Biblioteca Departamental donde lee en voz alta a Balzac, Víctor Hugo, Tolstoi y Zolá para los obreros que empezaban a poblar las calles de la capital antioqueña. De aquellas lecturas surge una amistad entre ellos que se prolonga en los inquilinatos donde vivían sus ávidos oyentes. Como signo de admiración los obreros de Medellín nombran a María Cano “Flor del trabajo”, hasta entonces, aquel título implicaba funciones asociadas con la caridad: llevar ropa a los niños pobres, asistir a los ancianos, socorrer a familias marginales. María toma otro rumbo y empieza a visitar fábricas, hace denuncias del maltrato a los obreros, organiza comités de barrio. Su casa, antes sede de tertulias literarias, se convierte en epicentro de agitadas reuniones políticas. Experimenta la misma transformación que su sobrino Luis Tejada: de la prosa poética pasaron a la literatura política. De páginas con títulos como “Azahares” o “Caricia perdida”, pasa a escribir para obreros, que se manifestaron el día de la movilización pro-presos de Barrancabermeja un distrito ubicado a orillas del río Magdalena. En 1945, las mujeres sufragistas le ofrecieron un homenaje en Medellín. María Cano murió el 26 de abril de 1967 en Medellín.