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sábado, septiembre 18, 2021
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    ¿Juegos y actividades con género o adultos con prejuicios?

    Lo femenino y lo masculino hace referencia a una construcción compleja. En esta construcción interactúan e intervienen múltiples factores: la crianza, la escuela, la cultura, los vínculos, las palabras, entre otros.

    En este tiempo hemos experimentado cambios importantes en la masculinidad y femineidad que muestran que la transformación es posible.

    Contemplar la imagen de nenas jugando a las carreras con autos o a la pelota con sus amigos; niños que desean limpiar la casa, jugar a cocinar, usar muñecas, debería ser natural. Sin embargo, no lo es en su totalidad.

    El siglo XXI avanza modificando algunos estereotipos que alejan a los niños y niñas de sus verdaderos intereses, que limitan las oportunidades de desarrollo y de la construcción de nuevas formas.

    Hoy esos límites tan rígidos se están borrando y esto posibilita que se establezcan espacio donde niñas y niños juegan con juguetes diversos y desempeñan actividades más allá de su género, utilizando los instrumentos que deseen.

    Esto nos invita a evaluar la responsabilidad con la que transmitimos frases limitantes o prejuiciosas, replanteando nuestras prácticas como adultos, formadores, docentes, referentes y ciudadanos.

    Los juegos y las actividades son simbólicas, pero no poco importantes, ya que permiten representar el mundo interno de los niños y niñas, que no nacen con las diferencias de géneros establecidas.

    Son los mandatos culturales y los  prejuicios, los que inhabilitan su desempeño espontaneo y así obstruyen el origen y construcción de nuevas masculinidades y feminidades, libre de patrones y condicionamientos culturales innecesarios e infundados.

    El miedo a la homosexualidad está presente en los adultos que responden a prejuicios y condicionamientos. Estos adultos son los que rotulan los juegos, actividades y elementos con un género, imposibilitando el acceso libre, sin reflexionar sobre los beneficios que puedan tener para el desarrollo y proceso individual de cada uno.

    Jugar libremente con las formas y objetos que deseen es un derecho, una fuente de riqueza y una actividad universal que trasciende categorías de género.

    Acompañar a esta generación para un desarrollo más abierto, inclusivo y respetuoso de la diversidad es el desafío que debemos afrontar como padres, educadores, referentes, familiares y adultos.

    Habilitar nuevas formas de masculinidad y feminidad ha dejado de ser una opción para transformarse en una necesidad.

     

    Anabella Martínez

    Licenciada en Psicología (M.P 2009)

    Especialista en Terapia Cognitivo Conductual y Sexología Clínica (UBA). Diplomada en Programación Neurolingüística

     

    Foto: Ig  queri2_diario

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