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sábado, julio 31, 2021
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    Alicia Alonso, tejedora luminosa de filigranas tridimensionales

    Alicia Ernestina de la Caridad fue su nombre. Pero ella fue simplemente Alicia y su figura ha sido siempre sinónimo de danza. El dominio del espacio, del cuerpo y de la música adquiere un valor supremo en ella, desde que aceptó que la ceguera sería su compañera de vida. Un símbolo de perseverencia y dedicación.

     

    Angelina Uzín Olleros / [email protected]

     

    Inició su formación como bailarina con tan solo nueve años, orgullosa de ser cubana, hija de españoles. Entre sus profesores se destacaron figuras de la talla de Enrico Zanfretta y Alexandra Fedórova o Anatole Vilzak, Ludmilla Shollar y Vera Vólkova.

    Se casó con Fernando Alonso a la edad de 15 años y cambió su apellido por el de él. Alicia Alonso sería conocida en el mundo de la danza durante el resto de su carrera. Fundó en 1948 el Ballet que llevaba su nombre, que luego se denominó Ballet Nacional de Cuba (BNC), del cual fue directora. Cuando su carrera empezaba a despuntar en Nueva York, los empresarios trataron de convencerla para que cambiara de apellido, si quería ser una bailarina exitosa debía darle otro acento a su nombre, porque Alicia Alonso sonaba “muy latino”, sugirieron un apellido más inglés, o ruso; por ejemplo “Alonsov”. Alicia fue terminante: “Soy latina, mis raíces son latinas, yo bailo como una latina. Estoy orgullosa de serlo y de bailar así, y no me voy a cambiar el apellido. Voy a seguir siendo Alicia Alonso”.

    Cuando tenía 19 años, Alicia presentó un defecto en un ojo y quedó parcialmente ciega, por lo que sus compañeros debían estar siempre en el lugar exacto donde ella esperaba que estuviesen. Por la misma situación usaban luces que les servían de referencia sobre el escenario, más alá de los dispositivos de iluminación comunes y corrientes. Sorayda Peguero Isaac en su artículo “La mujer que bailaba en la oscuridad” comenta: “Un día empezó a ver sombras y vetas de luz: las retinas de sus ojos se estaban desprendiendo. Alicia Alonso acababa de cumplir veinte años, se estaba quedando ciega y nadie sabía por qué. Por instrucción médica tuvo que empezar a inyectarse cortisona. Eso la hizo engordar. Entonces se enfrentó a una difícil decisión. Quizás la más arriesgada de toda su vida. Tuvo que elegir entre la vista y el baile. Y eligió el baile. Y fue Coppelia, Carmen, Giselle, la bella durmiente y el cisne negro. Y bailó adivinando las siluetas, intuyendo la luz, palpando la música”.

    Espectros

    La influencia del ballet ruso en Cuba se remonta a los tiempos de la segunda guerra mundial. En un trabajo de investigación muy detallado, Tatiana Solovieva escribió sobre las raíces rusas del ballet cubano y su marcada impronta en la formación de Alicia Alonso. Los turbulentos acontecimientos históricos de los años 1914-1920 hicieron que muchos rusos con altísimo nivel cultural establecieran su residencia en los países lejanos a su Patria. Cuba fue uno de sus destinos. En Cuba la Primera Guerra Mundial provocó que el elevado precio del azúcar generara grandes beneficios a la aristocracia cubana y era muy rentable actuar allí. En 1918 se creó la Sociedad Pro-Arte Musical SPAM como organización benéfica que funcionaba gracias a las aportaciones de la “aristocracia de azúcar”, cuyo objetivo era promover la cultura musical mundial en la isla.

    El Ballet de Cuba como compañía de Alicia Alonso aparece en 1948. La historia dice que tras la revolución cubana Fidel le ofreció a Alicia recuperar la idea de crear el Ballet Nacional de Cuba como compañía estatal y popularizar la danza en el país. Así se creó en 1959 el Ballet Nacional de Cuba. Gracias a Alicia Alonso y a la Revolución Cubana, en la Isla el ballet dejó de ser algo propio de las élites, de quienes pudieran pagar una entrada: ahora el ballet era del pueblo, tal como afirma Solovieva.

    En un artículo del periódico El Tiempo del 22 de mayo de 1972 describen una escena que nos acerca a la experiencia cotidiana de Alicia: “La música se apaga lentamente, mientras las luces de las candilejas permanecen encendidas acompañando la frágil figura de mujer que se aleja entre bastidores. Apenas finaliza el ballet de Giselle sobre el palco escénico de la Opera de París. El prodigio, una vez más se ha repetido. Alicia Alonso, a continuación, siente la ola de aplausos, mientras permanece de pie, silenciosa. En ese momento su esposo se acerca para cubrirle la espalda con un chal blanco. La bailarina ‘estrella’ del cuerpo de ballet de la República de Cuba le pregunta. ‘¿Ha salido todo bien?’ Y como siempre, en respuesta él le da un tierno beso en la mejilla. En seguida Alicia Alonso, en la oscuridad en que vive sumida desde hace años, se dirige al camerino sin que nadie la ayude ni la sostenga. Para poder bailar se sirve de las impresiones ‘visibles’ que reconoce: el globo rojo frente al palco y dos verdes a los lados, detrás de los bastidores. Su esposo también es un colaborador que la guía mientras danza. Le susurra si debe corregir la posición, caminar hacia adelante, atrás o a los lados.

    Ella responde en la entrevista: “Aquellos que ven, dice con voz dulce, fijando los ojos apagados sobre las luces azules que tiene enfrente, no pueden comprender. Es cuestión de adaptarse, y ahora yo, después de tantos años, soy feliz así… ciega. Mi mundo no es un mundo de formas, de colores limpios, ni de luces; vivo en la noche más absoluta, en un salón maravilloso que solo yo tengo el privilegio de ver y que me fascina. Por ejemplo ahora, esta luz azulosa delante de mí con tonalidades lindísimas, apacibles. En escena, cuando bailo, aparece el globo rosado que me guía y me exalta mientras mis pupilas dilatadas están vigilando, indicándome los límites del palco escénico”.

    A lo largo de sus más de 50 años de carrera recibió 122 distinciones nacionales y 177 reconocimientos internacionales. Fue Embajadora de buena voluntad de la UNESCO y Doctora Honoris Causa por la Universidad de La Habana; recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Orden de las Artes y las Letras en Francia, entre otros reconocimientos. Alicia Alonso es considerada una de las más grandes bailarinas del mundo. Inmortal.

    Alicia Alonso – (1921-2019)

    Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo nació el 21 de diciembre de 1921 en La Habana (Cuba). Fue la más pequeña de los cuatro hijos de Ernestina del Hoyo y Lugo, y de Antonio Mar­tínez de la Maza Arredondo, militar, ambos españoles. Inició estudios de danza en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical en 1931. Fue la primera americana que participó en los ballets de Bolshoi y Kirov en los teatros de Moscú y Leningrado (Rusia), al igual que en los musicales Great lady (1938) y Star in your eyes (1939) en Estados Unidos. Además, recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad de La Habana (capital), así como la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Orden de las Artes y las Letras en Francia, entre otros galardones. Falleció el 17 de octubre de 2019. Estaba ingresada por complicaciones de salud en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) de La Habana.

    Motivos de un espacio

    Cuando hablamos del espacio el sentido común nos lleva a pensar en astronautas, naves y satélites que recorren la galaxia; pero el espacio en general y los espacios en particular tienen relación aquí con los lugares que ocupan las mujeres y que fueron negados históricamente. Las mujeres espaciales salen del universo doméstico cerrado y delimitado por los poderes de turno para ocupar espacios laborales, políticos, económicos, artísticos, luchando por conquistar derechos en lo público y terrenal.

     

     

     

     

     

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