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viernes, julio 30, 2021
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    Escritura: qué cambió con la pandemia

    Jorge Consiglio, Gabriela Cabezón Cámara, y María Teresa Andruetto cuentan cómo cambiaron las rutinas que les permiten seguir creando.

     

    La experiencia de confinamiento extremo que tuvo lugar el año pasado con la pandemia modificó las condiciones para la escritura, pero con el paso de los meses se fue transformando en una instancia productiva que permitió a escritores como Jorge Consiglio, Gabriela Cabezón Cámara, María Teresa Andruetto e Inés Garland continuar creando y recuperar un tiempo para la observación y el descubrimiento de otros ámbitos inspiradores.

    Nuevos rituales de escritura, una inercia que activó la angustia pero que luego se transformó en impulso creativo, un tiempo que ayudó a encadenar las lecturas y los textos en producción con el resto de la vida: en el rango diverso de nuevas configuraciones que dejó la pandemia se enlazan experiencias como la de Cabezón Cámara, que logró volver a escribir pero ya sin el imperativo de ser productiva todo el tiempo. O la de Consiglio, a quien los meses recluidos le permitieron redescubrir el barrio donde vive. O el caso de Andruetto, que se sumergió en seminarios de filosofía y otros temas que antes merodeaba sin profundizar.

    «A mí la pandemia me agarró a toda velocidad: venía corriendo hacía años. Quedé pataleando en el aire, a la manera de los personajes de las animaciones que veía cuando era chica. Les sacaban el piso y seguían corriendo un buen rato en el aire antes de caer», cuenta Gabriela Cabezón Cámara.

    «En algún momento dejé de caer y, pasa siempre, empecé a salir del pozo, esta vez el pandémico», afirma la autora de «La virgen cabeza» y agrega: «Ahora puedo escribir, lo que redunda en mi bienestar, pero ya no puedo hacer mil cosas por día. Puedo con una o dos. Y está bien así».

    La escritora descubrió que el tiempo de pandemia le modificó las condiciones. «Me gusta vivir lento, hacer con plena atención lo que esté haciendo, darme tiempo para no hacer nada o para estar, virtual o personalmente, con las personas que quiero, para jugar con mis animales, para trasplantar los brotes de los almácigos a las huertas. Antes vivía con el tiempo de no sé qué deber ser productiva. Ya no. Y no quiero volver a eso».

    Jorge Consiglio cuenta que al inicio de la pandemia el encierro «no era demasiado propicio o motivador para escribir» y continuó frecuentando los bares como ámbito de escritura hasta que esa situación cambió completamente.

    «El ruido ambiente de los bares que antes me servía para la escritura comenzó a funcionar como una interferencia, una distracción y entonces me reconcilié con la idea del encierro», confiesa el autor de «Hospital Posadas».

    ENCIERRO PRODUCTIVO

    Para la cordobesa María Teresa Andruetto «el encierro resultó productivo» ya que la llevó a «escribir y leer bastante más de lo habitual. Compré muchos libros, más que antes, y leí muchos: los comprados, los recibidos de regalo, y novelas como jurado en un concurso».

    «Acepté muchas invitaciones virtuales a programas de lectura, espacios de formación de aquí y de otros países, y al comienzo de la pandemia, el año pasado, acepté participar en un diario colectivo. Eso fue algo distinto, y que hicimos durante dos meses. Pero lo verdaderamente nuevo para mí es que me puse a cursar unos seminarios de filosofía y a escuchar algunas conferencias o mesas de discusión sobre asuntos que en otros momentos no hubiera podido o querido hacer», confiesa la autora de «Lengua madre» y ganadora del premio Hans Christian Andersen.

    Como resultado de ese año de pandemia, la escritora cuenta que estuvo trabajando con una novela que ahora está «en remojo» y aceptó «una invitación (cosa que habitualmente no hace) para escribir un cuento para una antología sobre Malvinas».

     

     

     

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