Edificios acordes al orgullo de contar con un banco propio

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De la sinuosa historia entrerriana y nacional emerge el proyecto de crear una banca local, con sustento estatal, que se fundó a partir de una serie de entidades e instituciones de apoyo a los productores. Ese motor de la economía precisaba de sedes que estuvieran acordes a la propuesta.

 

Mariana Melhem / [email protected]

 

A lo largo de la historia de la Provincia, existen diversos momentos que podemos identificar como antecedentes del nacimiento de esta entidad bancaria. En 1863 y hasta 1876, promovido por Urquiza, se fundó el Banco Entre Riano con sede central en Concepción del Uruguay y sucursales en varias ciudades provinciales.

Urquiza también apoyó la creación de instituciones crediticias suscribiendo acciones en Paraná y en Rosario con filiales en las ciudades de la región. Estas entidades y sus continuadoras han sido orientadas hacia la producción rural, el crédito hipotecario y el adelanto de importe para pasajes de inmigrantes; constituyéndose en precursoras de los bancos agrícolas regionales y mixtos.

Otro momento relevante se produjo en junio de 1884, con la creación por Ley el “Banco Provincial de Entre Ríos”, siendo sus capitales de carácter mixto, de modo que un tercio de los aportes respondían al gobierno y los dos tercios restantes a suscripción particular. En poco tiempo, esa entidad transfirió su cartera al Banco de Italia y Río de la Plata.

Varios proyectos se sucedieron entre 1922 y 1933, para crear una institución bancaria oficial pero recién durante la gobernación del Dr. Luis L. Etchevehere y de la mano de quien fuera ministro de hacienda, Dr. Bernardino Horne, se concretó el tan anhelado proyecto. La entidad se conformó como sociedad mixta y participación principal del Estado. Desde entonces, el Banco de Entre Ríos llevó sus servicios a todo el territorio provincial, inaugurando sucursales en las ciudades cabeceras y en poblaciones menores.

Así, el 4 de febrero de 1936 comenzó a funcionar la agencia N°1 en Casa de Gobierno, incorporándose el mismo día a la agencia del Banco Agrícola Regional Larroque. La sucursal Concordia abrió sus puertas el 17 de febrero y durante marzo hicieron lo propio la de Villa Federal y la de Concepción del Uruguay, le siguieron en orden la sucursal María Grande y la de Gualeguaychú, cubriéndose el territorio en un tiempo récord a partir de las transferencias de los bancos agrícolas.

La sede central

El edificio del Banco, debe su proyecto a un concurso Nacional realizado en 1939, cuyo primer premio correspondió al estudio Aslan y Escurra que ese mismo año había obtenido también el primer premio del concurso para el Hotel Nacional de Turismo de Salta, y que para entonces contaba con el reconocimiento por el proyecto del estadio de River Plate (concurso ganado en 1935).

La obra se organizó siguiendo el clásico esquema de ordenamiento tripartito: basamento, desarrollo y coronamiento; cada una de estas componentes fue trabajada para reforzar el rol que le toca cumplir en la composición.

Así el basamento, realizado en mármol travertino, recorre una línea horizontal que nivela la diferencia altimétrica del terreno donde se yergue y el predominio del lleno sobre el vacío imprime la solidez y fortaleza necesaria para una obra con tal destino funcional; las puertas de acceso son dos, una se ubica sobre la esquina, con escalinata y marquesina, y la otra en el extremo del edificio sobre calle Monte Caseros, en el acceso al subsuelo y, si bien esta última no es la original, solo se ha desplazado unos metros luego del proyecto de ampliación.

En el desarrollo, contrariamente, predomina el vacío a través de la ejecución de grandes ventanales articulados por pilastras en sentido vertical.

Cada ventanal que recorre la doble altura del espacio interior es interrumpido por una línea horizontal trabajada en metal, sobre la que se presentan tres rosetas del mismo material que marcan el sistema modular.

Detalles
Sobre la faja de dinteles cada ventana marca su centro mediante un sutil ornamento en forma de arandela, mientras el coronamiento se despliega por encima de una cornisa con dentillones y está conformado por una línea de ventanas rectangulares.

Por último, sobre la esquina se dispone la techumbre de la ochava insinuando una mansarda coronada con una bandera.

El diseño sobrio con poca variedad ornamental se aproxima al gusto art decó. Se apela a transmitir la idea de solidez a través del uso de materiales nobles como el mármol travertino, el hierro y el bronce, mientras el plano superior exhibe transparencia (¿de la confianza?).

De todos modos, a través de los ventanales, se incorporan ornamentos puntuales -cóndores- en lugares estratégicos como la ochava; y las dos puertas de acceso se realizan con marcos metálicos que encuadran platos de bronce como si fueran monedas.

Por cierto, es un lenguaje de transición en una ciudad que aún conserva los rasgos del eclecticismo historicista en el camino del reemplazo hacia la monumentalidad.

Desde dentro
El interior propone un gran salón al que se accede desde la esquina. Marca claramente los elementos de circulación vertical, sectoriza las áreas de oficinas y juega con ciertos espacios en doble altura, donde los ventanales se presentan libres de ninguna línea horizontal, puesto que la bandeja de entrepiso balconea sobre el salón retirándose de la línea de ventanas.

A fines de la década de 1950, se hizo necesaria una ampliación de la obra para incluir nuevas funciones y servicios, para esto se adquirió el lote contiguo y se le encargó al estudio de Ecio y Danilo Bertolotti, Arquitecto e Ingeniero respectivamente, el proyecto de ampliación. El estudio, actúa respetando los lineamientos del proyecto original, repitiendo la misma sintaxis compositiva de manera tal que si no supiéramos de la existencia de la ampliación, o de lo exiguo del terreno original, resultaría imposible descubrir una reforma.


La remodelación comprende un subsuelo más, para archivos y tesoros; oficinas independientes en el primer subsuelo y ampliación de entrepiso entre otras funciones.
Como es de dominio público, a principios de la década de 1990 el banco pasó a manos privadas y modificó su denominación en más de una oportunidad, obviamente ante el cambio de firma.

Junto a estos cambios, la idea de imprimir el concepto de “marca” en el edificio, lleva a modificaciones importantes en la espacialidad, se habilita el subsuelo como área de cajas y en el salón central se cierran pequeños boxes, se resuelven otras líneas de caja y con ello se pierde, en algunos sectores, la calidad luminosa del espacio.

Pese a todo, el edificio sigue siendo una referencia fundamental para Paraná, que jerarquiza un entorno distinguido como el de la plaza 1º de Mayo.