A través de un libro se intenta derribar mitos sobre la vejez

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El libro La gerontología será feminista intenta desmontar los lugares comunes de la vejez.

Se suele tener una idea muy superficial de la vida de los adultos mayores. El libro “La gerontología será feminista”, editado por Fundación La Hendija, busca agregar colores a las versiones monocromáticas en torno a la vejez.

 

Redacción EL DIARIO | [email protected]

 

El libro “La gerontología será feminista”, publicado por Editorial Fundación La Hendija, intenta producir conocimiento a partir del gesto de incomodar los lugares comunes desde los cuales se aborda la vejez, en una zona tensionada por el trabajo, la condición social, el género y la edad. La propuesta, fundada en teorías y la experiencia, cuestiona el abordaje de la gerontología tradicional, dominada por la biomedicina y una escasa perspectiva social.

Estos asuntos fueron abordados por Mónica Navarro, una de las autoras, junto a Paula Danel. Lo que sigue es un extracto de la conversación.

“Este libro tiene una historia larga en la construcción feminista y gerontológica de Paula y yo; me refiero a nuestras trayectorias individuales y los espacios conjuntos en los que nos encontramos”, indicó Navarro, antes de señalar que “entendimos que era necesario sacar a luz este deseo, de la gerontología feminista y nuestros trabajos”.

Ante una consulta de EL DIARIO, la entrevistada precisó que “La Hendija fue la incubadora de la producción escrita compilada de estos desarrollos de mujeres pensando las vejeces femeninas”, y en el mismo sentido añadió que “la editorial nos alojó para materializar nuestro esfuerzo; lo que fue posible gracias a un grupo humano que acompañó y acompaña amorosamente este libro”.

Acto seguido, comentó que “es la primera obra declarada abiertamente militante de género y edad con abordajes teóricos, investigativos y experiencias de intervenciones territoriales”.

—El libro aborda varias cuestiones que configuran el universo femenino ¿Cómo se integran allí las diferentes nociones que trabajan?

—En esta producción el aporte de investigadoras situadas en el género permitió abordar cuestiones tan centrales como la sexualidad, el cuidado y la transmisión intergeneracional de los saberes que teníamos elaborados, acercamientos que están siendo parte de diferentes desarrollos teóricos e interventivos que abrevan en los feminismos populares y en diversas teóricas del género que nos permiten dialogar y producir nuevas preguntas acerca de qué vejeces podemos esperar en el heteropatriarcado. Así nos preguntamos cuáles son las respuestas a las preguntas sobre las biografías sesgadas de las mujeres mayores múltiplemente determinadas por el género entre otras causas de opresión.

 

PARA REVISAR.

—¿Cuáles son esas prácticas sociales e institucionales con personas mayores que se sugiere revisar?

—El género y la clase son determinantes en las vidas de las personas y en la construcción de sus vejeces. Con estas dos categorías estructurales se relacionan otras intersecciones posibles como la etnia, el territorio y la raza.

En este acercamiento a las vejeces, articulando teoría y práctica, nos proponemos incomodar los discursos funcionalistas que centran su interés en la vejez como sinónimo de enfermedad y deterioro; a la homogeneización del grupo poblacional caracterizado por la mayor diversidad.

Asimismo nos proponemos compartir experiencias y reflexiones situadas territorialmente poniendo en interrogante aquello que la gerontología clásica ha sostenido como sólido e inmóvil. Es poner lentes de género donde sólo había biomedicina y escasa perspectiva social con experiencia territorial; aproximar las cuestiones vinculadas a los sectores más marginalizados por las identidades sexuales, por derechos vulnerados e identificar las voces poco escuchadas.

También nos interesa pensar en la urgencia de incluir el género en políticas públicas con perspectiva en el curso vital para proyectar vejeces con derecho al cuidado en la comunidad.

Lo que mejor caracteriza a la condición de las mujeres mayores es que no responden a un único patrón.

—¿Cuando se refieren a la gerontología hablan de personas que están institucionalizadas o aluden a quienes viven con sus familias?

—La generalidad de las personas mayores no se encuentra institucionalizada, sólo un 2% está en esa condición. Eso no significa necesariamente que por default no requieran cuidados, sino que estas personas están siendo cuidadas por varias generaciones de mujeres, o bien ejercen el autocuidado con múltiples déficits en gran cantidad de casos.

Las mujeres con su trabajo invisible a lo largo de la vida no solamente sostenemos la producción capitalista sino que también le evitamos al Estado ocuparse de las personas que nosotras cuidamos, sea de manera temporal o progresiva.

Hay que decir que el trabajo no pago de las mujeres también sostiene la mayor parte de los cuidados de la salud de las poblaciones. Esto se traduce en biografías con historias de trabajos precarios, imposibilidad de acceder a un empleo formal, dificultades de acceso a la educación, la recreación y la calidad de vida. Es decir que el dinero que evitamos que circule hacia las mujeres por estas tareas, produce capital al que las mujeres no accedemos, dado que muchas veces no gozamos de un beneficio previsional, lo que no capitaliza en el sistema de seguridad social hasta ahora.

Esta última es una de las políticas que están siendo revisadas, aunque falta mucho para poder construir un sistema de protección social despatriarcalizado.

 

OTROS MODELOS POSIBLES.

—En algún punto es también una disputa cultural…

—Justamente, nos interesa comunicar otros modelos de vejeces posibles, ya que a las mujeres nos han formado a través de modelos atravesados por la lógica del amor romántico que genera roles de cuidado que en la vejez se ven identificados con la abuelidad en detrimento de otros roles sociales posibles.

Finalmente nuestro aporte a identificar a las mujeres mayores como ancestras propone revalorizar los saberes y contribuciones de las mayores a la sociedad, a la cultura y también a la transformación social. Para ello, es necesario integrar a las antecesoras a las luchas de género como actoras históricas que han permitido que lleguemos hoy a preguntarnos sobre todos estos temas y hayan hecho florecer los actuales movimientos de mujeres.