Jorge Fernández Díaz propone una bitácora de un período histórico, en tiempo presente

153
Para Fernández Díaz, son los articulistas “quienes escriben, por aproximación, una primera intepretación del borrador de la historia”.

En “Una historia argentina en tiempo real”, trabajo con más de 1000 páginas que publicó recientemente, Jorge Fernández Díaz avanza en la intención de “crear una épica republicana y un contrarrelato”. A la par se propone revalorizar el rol y la tarea del articulista y el escritor político.

 

Carlos Marín / [email protected]

 

Luego de publicar en octubre pasado “La traición”, tercer título de la saga de novelas protagonizadas por el todo terreno Remil, Jorge Fernández Díaz vuelve a la carga. Esta vez con un voluminoso trabajo con más de 1000 páginas editado por Planeta. Un `ladrillo´ denso, pero no pesado. `Una historia argentina en tiempo real´ está estructurado por una recopilación de artículos y piezas breves que fueron escritas en el transcurso de una década. Esta decisión de armar el volumen sobre textos relativamente cortos, configura uno de los aciertos de este trabajo de largo aliento, cuyas páginas se transitan con fluidez.

Polémico y temperamental, Fernández Díaz es frontal cuando asegura que su propósito al dar a conocer este trabajo nació de una premisa que lo movilizó en los últimos 15 años: “crear una épica republicana y un contrarrelato mientras comentaba lo que pasaba en el país, más o menos en tiempo real”. Y a la vez, “hacerlo desde el mundo del periodismo, pero con las herramientas del escritor político”. Porque, confía, “hoy me considero más un escritor político que un periodista”.

“Estoy convencido que la política es relato de ideas y épica, no mentiras”, sostiene. Y argumenta: “Eso le funcionó a la generación del 80, en el siglo XIX, al radicalismo, al peronismo, al kirchnerismo. Y la épica debe estar también en la democracia republicana, que dicho sea de paso es el único sistema que los argentinos no probamos. En eso concuerdo con el historiador Luis Alberto Romero, que señala que en el país, la democracia republicana plena se vivió durante el primer año del gobierno de Alfonsín. Y luego por cuestiones corporativas se fue diluyendo. En este sentido, creo que no hemos probado aún plenamente el único sistema en el mundo que ha traído libertad y prosperidad al mismo tiempo”.

En esta recopilación -que implicó un proceso de tres años de descartar textos para dejar sólo aquellos que considera que pueden sostenerse en el tiempo-, el autor se propone “reivindicar el rol del articulista”, que define como “ese ensayista del momento, de la realidad del día a día”; son los articulistas, sostiene “quienes escriben, por aproximación, una primera intepretación del borrador de la historia”.

REENCUENTROS Y RELECTURAS

Hijo de dos inmigrantes españoles, el escritor subraya la posición desde la cual emite su opinión: “Creo profundamente en el republicanismo. Como creyeron mis abuelos, que lucharon en su país contra los nacionalistas de Franco”.

En una entrevista con EL DIARIO, Fernández Díaz compartió algunos aspectos de un proceso que tuvo como uno de sus catalizadores un encuentro con una lectora. Historia, filosofía, sociología, la literatura como narración, anécdotas de dispar brillo son parte de un bagaje de herramientas conceptuales a las que el autor recurre en su trabajo para –desde su perspectiva- “explicar el presente” a partir de aquel conmocionante cruce.

`Una Historia argentina en tiempo real´ es el resultado de un esfuerzo “intenso, demoledor” que le exigió -a partir de su decisión de devenir en escritor político y reivindicar el artículo y el rol del articulista- revisar el sistema de creencias que habían estructurado gran parte de su biografía. “Mi tarea de estos años más como escritor político que como periodista, me obligó a revisar la historia argentina”, confirma. Ello lo condujo “a cosas que había visto hace mucho tiempo. Fue volver a estudiar por exigencia de la labor periodística con el objeto de releer la historia de nuestro país y a la vez actualizarme con los hallazgos y nuevos aportes que distintos autores han hecho en el transcurso de las últimas tres décadas sobre períodos como los 70 del siglo pasado, por ejemplo”.

“Volví sobre mi biblioteca y fueron nueve años fascinantes de estudio”, refuerza el novelista. “Fue un camino que traté de recorrer del modo más sistemático que pude, releyendo a los autores que conocí en mi juventud y otros más recientes. Y así siento que avancé en mi objetivo: tratar que un artículo semanal sea una pieza literaria. Y subrayo lo de intento, porque no siempre lo consigo”.

 

ÉTICA Y ESTÉTICA

 

“Creo en una apuesta literaria dentro del análisis político”, añade Fernández Díaz. En función de ello indica: “si se quita mi nombre de esas columnas, un lector podría inferir que fueron hechas por mí, porque el modo en que esa prosa fue redactada lleva la impronta del sello personal que distingue a quien la ha escrito”.

Y reconoce que espera inscribirse en una cadena de nombres que brillan con luz propia. Entre otros, los españoles Manuel Vicente, Paco Umbral, Raúl del Pozo, Arturo Pérez-Reverte, Javier Marías, Juan José Millas, figuras del articulismo español, género que cuenta con una extensa tradición en aquel país. Estos referentes “no sólo aportan con sus argumentos al debate político, sino que además tienen un estilo que busca la belleza de la prosa. Tratan de aunar lo ético con lo estético.”

Al expresar la pasión que lo impulsó a ubicarse en el rol de escritor político, confía: “en mí siempre estaba la convicción de no entregar el país al fracaso, y para eso sentía que era necesario construir un contrarrelato. Quería explicar, lo más profundamente que me fuese posible, de dónde provienen todas las taras que tenemos, la cárcel mental que nos impide desarrollarnos, y de ese modo aportar a construir una democracia y un capitalismo vigoroso que nos saque de este abismo en el cual caemos cíclicamente”.

Los argentinos, opina, “no queremos ver, no queremos asumir que hemos fracasado en el modo de organización. Es cierto que hay excusas como una dictadura que fue económica y humanamente nefasta. Pero ese período quedó como la excusa reiterada de todos los fracasos que construimos en democracia y que nos han conducido a este presente, uno de los momentos más penosos de nuestra historia. Y eso me da mucha rabia. Uno de los grandes impulsos para escribir es esa bronca que me da esta situación; que haya triunfado un modo de manejar las cosas en el país que, a todas luces no funciona, y que está metido a fuego en el sentido común de una sociedad que elige una y otra vez a la dirigencia que supimos conseguir, pervertida por una serie de temas que yo trato de desmontar en este libro”.

Y avanza en una de sus tesis al remarcar la importancia de los escritores políticos, incluso más allá de los dirigentes partidarios: “Mucho de lo que somos hoy -resultado de una metamorfosis que nos ha transformado como país en los últimos 50 años-, se lo debemos a una serie de autores como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, John William Cooke, Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos. Todos ellos hicieron eclosión en los 70, y fueron claves porque construyeron una hegemonía del pensamiento –tal como Mitre, Sarmiento, Alberdi lo hicieron en el siglo XIX- y configuraron las coordenadas que se plantearon para interpretar desde cierta perspectiva el período post dictadura. Y que fue institucionalizado desde el Estado en los últimos 15 años”.

 

DILEMA ESTRUCTURAL

Al escribir “Facundo”, libro en que hace una fuerte declaración de principios y establece una dicotomía que interpreta la historia del país (civilización/barbarie), Sarmiento intentó hacer la crítica del caudillo. Sin embargo construyó el mejor elogio. ¿No teme que en el futuro `Una historia argentina en tiempo real´ termine por ser considerada como un elogio de lo que critica?

-Ese es el destino de los escritores. No sólo le pasó a Sarmiento. También le sucedió a Eduardo Gutiérrez cuando escribió una historia de Rosas en la cual intentó criticarlo duramente y terminó, sin querer, exaltándolo. Así como Borges exaltó, y luego se arrepintió, a los cuchilleros que eran, en cierta medida, matones de la política y de la barbarie.

-¿Podrá suturarse en algún momento la `grieta´?

-Será muy difícil resolverlo cuando desde el poder se construye para el conflicto.  La idea de partir en dos una sociedad para crear una hegemonía es una estrategia que ha sido empleada, en distintos momentos y diversos sectores, en diferentes partes del mundo. Esa idea de conflicto, hace que la división sea algo central, constitutivo de un proyecto. Es difícil pensar que pueda superarse mientras la lógica de `acción y reacción´ implementada desde un sector para dividir la sociedad Argentina y someter a otro sector, sea uno de los ejes que construyen el poder. En ese sentido pienso que hay dos almas argentinas, opuestas, que existen ambas y al mismo tiempo en el país. Debemos avanzar para encontrar el modo en que convivan. Y creo que eso es posible en una democracia. Porque en una autocracia, una de esas almas somete a la otra.