Chabuca Granda, cronista de los que no tienen quién los cuente

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Chabuca Granda, la dama peruana que eligió contar historias de invisibles.

Luce incompleto señalar que Chabuca Granda fue solo una especialísima cantante y autora peruana. Fue también una etnógrafa que compuso canciones inmortales. Siendo de la alta sociedad limeña, tuvo la osadía de saltar reglas tan estrictas como cerradas y ser la voz de la cultura mestiza.

 

Angelina Uzín Olleros | [email protected]

 

A poco de haberse casado Chabuca Granda se divorció, lo que fue anunciado como un escándalo en los círculos sociales que frecuentaba su familia. El marido la acusaba de conducta deshonesta por componer valses criollos y ser la voz que reflejaba las postales de una sociedad mestiza y compleja como la de Perú.

Chabuca Granda tenía 22 cuando se casó con Enrico Demetrio Fuller, un militar brasileño, y 32 cuando se separó porque él nunca aceptó que reanudara su carrera.

Entonces, comenzó a vender productos de belleza para mantenerse mientras reanudaba contactos en el mundo de la música popular y escribía canciones: “Es como escribir una carta”, explicaría más tarde, respecto de proceso de creación. “Si no tienes nada que contar, no la escribes”.

Estos detalles alcanzan para entender que el inicio formal de su carrera artística fuera a los 40 años, como cantante y compositora. Las letras de su cancionero reflejan la firmeza, la dulzura y la elegancia que también eran sus notas distintivas. La mayoría está dedicada a personajes reales que marcaron su vida. “La flor de la canela” ya es considerada un himno de su país, el fiel reflejo de las raíces de Perú y la cadencia de sus ritmos ancestrales.

“…Jazmines en el pelo y rosas en la cara
Airosa caminaba la flor de la canela
Derramaba lisura y a su paso dejaba
Aroma de mixtura que en el pecho llevaba…”

Esa canción fue un homenaje a Victoria Angulo Castillo de Loyola, amiga de ella, una mujer humilde que vivía en el distrito del Rímac, y todos los días debía cruzar el puente de palo, que hoy es el puente Santa Rosa, al final de la avenida Tacna. Cuentan con gran dedicación sus allegados la historia de la canción y los detalles más mínimos, que son parte de la mística que rodea a la figura de Chabuca.

Méritos

En 2020 se cumplió el centenario de su nacimiento, fue homenajeada por lo que su legado significa para Perú. En esa ocasión Gladys Palmera escribió una semblanza: “Granda cada vez más interesada en el criollismo, interpretó un repertorio ligado al renacimiento de la música negra afro-peruana que, a pesar de haber estado presente a nivel popular, había sido denostado por razones sociales y raciales. Manejó con maestría ‘negra’ el abanico de ritmos que enriquecieron la música popular peruana y su poesía tomó una cadencia repleta de sugerentes colores, sensaciones y quejas.”

Grabó 110 composiciones, pero se estima que, al morir en 1983 por problemas cardíacos, dejó otras 400 inéditas. Su hija Teresa Fuller ha identificado y ordenado unas 300, que parcialmente se publicaron en el libro “Cantarureando caterurías”. “Yo no tenía noción de lo que era un archivo”, contó al periódico de Lima. “Lo hacía con cariño, amor, respeto y admiración a mi mamá; pero hasta ahí nomás, pues no había estudiado para esas cosas. Quién sabe por eso he tenido tanto celo y me he demorado tanto para publicar sus cosas”. De hecho, finalmente la ayudó el historiador Ricardo Rojas.

Entre los muchos homenajes que se han realizado en honora Granda, el disco “Chabuca Viva” presenta un repertorio que es a esta altura universal: “El dueño ausente”, “El puente de los suspiros”, “Coplas a Fray Martín”, “Un río de vino”, “Fina estampa”, “El surco”, “María Landó”, “La flor de la canela”, “Ese arar en el mar” y “José Antonio”. En el mismo tono íntimo del álbum en su conjunto, la cantante Luz María Carriquiry decidió abrir sus versiones con textos que Granda usó alguna vez para explicar el origen de sus composiciones. “Sus canciones fueron crónicas”, escribió Carriquiry. “Le cantó a la gente, a su pueblo, a lo que sus ojos podían registrar y lo que su piel sentía”.

Transmisora

Antes de interpretar, Chabuca solía compartir la historia que había inspirado su composición, como “El dueño ausente”, sobre la señora Doña Aurelia Canchari, cocinera de la casa de su madre que fue a Lima en busca de su esposo, conscripto. “Lima es grande, contaba Chabuca, no le encontraba. Le hice esta canción. Extrañamente comenzó a silbar mientras trabajaba, largamente, tristemente: señal de que el serrano tiene nostalgia de su tierra. Un día se despidió para siempre; luego me hizo saber, agradecida, que allá en su tierra la esperaba su esposo”.

“Fina estampa” inmortalizada por muchos cantantes, en su dedicatoria ella escribió A mi padre, don Eduardo Granda y San Bartolomé… aunque me sea imposible describirlo, escribí esta canción. Fue mi mejor y más grande amigo. A su cuidado y ternura viví cuarenta y tres años de esa mi dulce vida, cuyo único dolor fue su muerte. Tu muerte, padre mío.”

Con un contenido más político podemos destacar las que hizo en homenaje a Javier Heraud, el joven poeta guerrillero asesinado por el ejército peruano en la selva del país en 1963. Esas canciones abordan el tema de la injusticia y la violencia, “Las flores buenas de Javier” y “El fusil del poeta es una rosa”.

Por último, sobre la canción “Ese arar en el mar” Chabuca Granda afirmó: “hice esta canción secretamente para mí, y la hice a partir de una de las frases inmortales de un gigante, Simón Bolívar: ‘He arado en el mar’.”

 

 

Chabuca Granda

(1920-1983)

La cantante y compositora peruana, María Isabel Granda Larco, fue hija del administrador de una mina. Se trasladó a Lima junto a su familia cuando aún era una niña y allí cursó estudios en el colegio de los Sagrados Corazones de Jesús. A los doce años descubrió su vocación musical; comenzó a cantar y fue escogida vicepresidenta de la Asociación de Canto de su colegio. En 1937 formó el dúo “Luz y Sombra” junto a su amiga Pilar Chamaca Mujica. Se presentaron en diversas emisoras como Radio Nacional o Radio Miraflores, en la que Chabuca animaba un programa para artistas aficionados. En 1940 formó un trío con Martha y Charo Gibson; interpretaban canciones mexicanas, muy de moda en la época. Dos años más tarde contrajo matrimonio con el brasileño Enrique Demetrio Fuller Da Costa, del que se separó en 1952. Ese mismo año inició su carrera solista. Autodidacta y de extraordinaria sensibilidad artística, Chabuca Granda compuso más de un centenar de canciones, basadas en el folclore y en la historia del país. Su fama internacional, que la llevaría a ofrecer recitales por Europa, procede del vals La flor de la canela, al que siguieron otras exitosas melodías como Fina estampa y José Antonio.

 

Motivos de un espacio

Cuando hablamos del espacio el sentido común nos lleva a pensar en astronautas, naves y satélites que recorren la galaxia; pero el espacio en general y los espacios en particular tienen relación aquí con los lugares que ocupan las mujeres y que fueron negados históricamente. Las mujeres espaciales salen del universo doméstico cerrado y delimitado por los poderes de turno para ocupar espacios laborales, políticos, económicos, artísticos, luchando por conquistar derechos en lo público y terrenal.