De una alimentación saludable saca provecho la mamá y el bebé  

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Existe una relación directa entre la calidad de la alimentación de la madre y la de la leche con la que se alimenta su hijo. Sin embargo, en Entre Ríos todavía es una meta lejos de ser alcanzada aquella que indica que la leche materna debe ser el alimento exclusivo hasta los primeros seis meses de vida. La entrevista que sigue aborda esta problemática.

 

Redacción EL DIARIO
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Es paradójico que sepamos tan poco de un alimento natural y sin costo como es la leche materna. No sólo contiene los niveles nutricionales que el recién nacido precisa para desarrollarse, sino que lo protege de infecciones y afecciones. Tanto es así que, en general, los bebés que toman la teta recurren menos al médico por motivos vinculados a la salud.

La experiencia de la mujer que amamanta a su bebé es única, porque no sólo se comparte energía y vida sino que la calidez del vínculo deviene en rasgos identitarios.

Sobre esta problemática corriente y a la vez trascendente, al punto que es elemental para la continuidad de la especie, EL DIARIO consultó a Laura Larrateguy, nutricionista y licenciada en nutrición desde el comienzo de la vida.

—¿Con qué inquietudes respecto a la lactancia acuden las mamás o futuras mamás al consultorio?

—La consulta más frecuente es para conocer aspectos generales como las técnicas para que el bebé se prenda al pecho, pero también se aprovecha para plantear dudas, mitos y temores que intentamos solucionar en el diálogo franco. Estas instancias son muy valiosas.

Las mamás pueden haber asistido a consejerías y cursos preparto, pero una cosa diferente es cuando tienen el bebé en brazos; ahí aparecen algunas situaciones que pueden haberlas visto teóricamente pero asumen otra urgencia cuando tienen que resolverlo de una vez. Por ejemplo, si les duele al amamantar, cuando en realidad no tiene que doler; que se lastime aluna parte de la mama, que el bebé no logre prenderse; en fin, son muchos los motivos que justifican el espacio de la consulta.

—¿Hay una resistencia a dar la teta?

—No, al contrario. Hay muchas mamás con el deseo de hacerlo, incluso en casos donde la propia experiencia no ha sido grata: es frecuente que aún en mamás que no han podido dar la teta con su primer hijo sí quieran hacerlo con el segundo. Para ellas es una oportunidad para volver a intentarlo.

Si hay alguna resistencia es por parte de los equipos de salud, aunque parezca mentira. Lo notamos quienes hacemos consejería en lactancia. Fundamento mi opinión: la resistencia a la que aludo no es porque duden de los beneficios de la lactancia; lo que sucede en los hechos es que falta capacitación a la hora de asistir en situaciones de crisis, tanto de la mamá como del bebé. Entonces la solución a la que se le suele echar mano es recurrir a la leche de fórmula, detalle que no es inocuo desde la perspectiva de la autoestima de la mamá.

Puede parecer curioso pero esta alternativa que pretende que la mamá esté tranquila y su bebé alimentado produce efectos que terminarán afectando la relación madre-hijo/a. Todo se complica más aún si el que da la indicación o sugerencia es un agente de salud, ya sea médico/a o enfermero/a. Con ese arranque se hace muy difícil desterrar el prejuicio.

 

PREJUICIOS

 —Resistencia no hay…

—Más que resistencia yo diría que hay una falta de acompañamiento. Y también puede ser que opere la cuestión cultural porque, más allá de que actualmente se tiene un acceso ilimitado a la información, en momentos de crisis o angustia adquieren un papel relevante mujeres de generaciones anteriores como las madres, abuelas o tías que ya maternaron y que, con el respaldo de su experiencia, comunican un punto de vista que no siempre es correspondido con la necesidad de esta mamá de la que hablamos. Lo cierto es que esos preconceptos escuchados de los mayores también son difíciles de desterrar.

—Para repasar algunas nociones: ¿qué aspectos se ponen en juego en la lactancia?

—Todos los aspectos son positivos; muy pocas veces la lactancia se contraindica. Respecto a lo nutricional, se puede consignar que la leche humana tiene las cantidades justas de macro y micro nutrientes; enzimas que ayudan a digerir esos nutrientes; probióticos que las bacterias del intestino del bebé necesita para alimentarse; hormonas de crecimiento para el desarrollo del recién nacido; la cantidad de agua necesaria para hidratarlo; además de grasas, hidratos de carbono y proteínas que el cerebro y todo el organismo necesita.

A esto se agrega el beneficio emocional que tiene la lactancia: en el acto de amamantar se libera una hormona llamada oxitocina; que actúa en las contracciones para que el parto se pueda realizar. La oxitocina también es conocida como la hormona del amor o del apego porque, justamente, favorece el vínculo madre-hijo/a. Las madres se sienten dueñas de un poder singular al comprobar que con su cuerpo pueden alimentar al bebé y hacerlo crecer.

Es tan maravilloso el dispositivo previsto por la propia naturaleza que este alimento, la leche materna, no necesita de envase; viene a la temperatura adecuada (no necesitamos ninguna fuente de energía para calentarla); es inocuo, es decir que no hay riesgo de contaminación porque la única higiene que se necesita es aquella que se da la mujer normalmente al bañarse.

La lactancia materna es fundamental para el desarrollo del recién nacido.

ECUACIONES

—¿La leche materna es siempre la misma?

—Pueden diferenciarse tres etapas. La inicial se llama calostro, y sucede durante el primer día de vida del bebé o a partir del parto o cesárea. La mujer desde ese entonces ya produce y secreta calostro, que es un líquido color amarillento, acuoso, cargado de proteínas y de inmunoglobulinas, que constituyen las defensas. En los hechos, es la primera vacuna que recibe el bebé.

El calostro es oro líquido por el valor nutricional e inmunológico que tiene; fundamental en este contexto de pandemia.

En la segunda etapa aparece una leche de “transición”, que deja de ser acuosa y pasa a ser más densa, incluso más homogénea.

La última etapa de la leche humana se presenta entre el tercer y cuarto día. Es la leche madura, y su composición química se mantendrá constante hasta que termine el período de lactancia.

—¿Hay algún modo de medir la calidad de la lactancia?

— Conceptualmente la leche humana tiene la misma composición, lo que puede cambiar y variar es el estado nutricional materno. A ese aspecto se debe estar atento. Ahí recobra importancia la asesoría nutricional. Así como nos orientamos durante el embarazo, en la lactancia también tratamos de asegurar que a la mujer no le falten los nutrientes, que esté bien alimentada, bien nutrida, para que la leche sea producida en condiciones óptimas.

Por otro lado, dar la teta debe ser un momento de placer, de tranquilidad. Si genera displacer hay que revisar porque algún aspecto se debe corregir.

Hay que decir también que muchas veces el deseo de amamantar no está y es comprensible; hay que validarlo, hablarlo y poder expresarlo para no forzar a la mujer a amamantar si no quiere.

 

SITUACIONES

—¿Y si no puede?

—Si no se pudiera amamantar por algún motivo, existe la formula infantil que está diseñada para cubrir estos casos. Con ella los niños pueden crecer y desarrollarse de igual manera. Siempre priorizamos la lactancia materna por sobre todas las cosas, pero somos conscientes de que existen estos sucedáneos que pueden ser útiles en determinadas circunstancias.

—¿Sucedáneos?

—Sí, así se llama a las fórmulas que se indican cuando no se puede amamantar. Es muy acertado el nombre porque no podemos igualar el aporte de la leche materna, porque esta tiene el sello de la inmunidad específica y la microbiota intestinal (también conocida como flora) propia de cada madre.

—¿Hay espacios ideales e inadecuados para dar la teta?

—Amamantar es un derecho y una práctica de lo más natural, propia de en nuestra especie. Mirado desde ese lugar, no debería ser un problema hacerlo en ningún lugar. De hecho, una de las ventajas de dar la teta es que si el bebé tiene hambre no hay que estar pensando si se trajo el tarrito de leche en polvo y el agua tibia; sólo basta con disponerse a amamantar. Pero esta facilidad no siempre se da en la práctica. En algunos lugares de trabajo existe, pero no en todos, una salita, un espacio pequeño (que hasta se puede conformar con un biombo) para que las mamás le den la teta a sus bebés en un entorno de intimidad. Estas salitas también sirven para que la mujer se extraiga leche y la pueda almacenar en una heladera hasta el momento de volver a su casa, donde podrá congelarla y conformar un banco o stock de leche materna de la que se puede alimentar el bebé cuando ella no está.

Existe una relación directa entre lo que la mamá come y lo que come el bebé cuando está tomando la teta.

ENTORNOS

—¿Hay factores externos y/o emocionales que influyen en la lactancia?

—Sí, todos. La lactancia es una práctica (en la que confluyen aspectos hormonales y fisiológicos) que se desencadena luego del parto, y que va a ser continuada en tanto y en cuanto las hormonas correspondientes estén activas.

A este proceso lo inicia el bebé al prenderse del complejo areola-pezón, es decir a la parte pigmentada circular que está alrededor del pezón. Entonces, esquemáticamente, cuando el bebé succiona activa la oxitocina; la oxitocina envía la información al cerebro y el cerebro activa otras hormonas como la prolactina, para que las glándulas mamarias comiencen a producir leche.

Se entiende entonces que el estrés; la angustia muy profunda (que puede provocar la muerte de un ser querido); algún  problema psiquiátrico, algún medicamento que esté contraindicado en la lactancia intervengan en el andamiaje hormonal al punto que pueden inhibir la lactancia.

Por eso es que hacemos tanto hincapié en la autoestima materna, porque cuando sobreviene la minusvaloración de parte de la madre se genera un estrés, una ansiedad, que puede afectar la producción de leche.

—¿Cuándo es el momento de dejar la teta?

—Cuando la mamá y el bebé lo decidan. En los hechos, casi siempre nos cansamos antes las mamás que los bebés. De todos modos, la Organización Mundial de la Salud recomienda que la lactancia materna tenga lugar hasta los seis meses de forma exclusiva. Desde ese primer semestre y hasta los dos años o más tiene lugar la incorporación de alimentos complementarios a la lactancia. De modo que cada familia, y más precisamente cada mamá y su bebé, decidirán hasta cuándo se amamanta. Es una decisión muy personal.

Los entornos ambientales y emocionales pueden afectar la calidad de la leche que produce la mamá.

COSTUMBRES Y HÁBITOS

—¿Para dar la teta es imprescindible hacer cambios en las comidas?

—Efectivamente, la lactancia interpela los hábitos alimentarios. Siempre insisto en las consultas que existe una relación directa entre lo que la mamá come y lo que come el bebé cuando está tomando la teta. Es bueno pensar que todo lo que llegue a nuestra sangre es lo que también recibirá el bebé a través de la leche; de modo que lo más inteligente es elegir qué va a comer y a tomar la mamá, para producir luego una leche de mejor calidad.

Por ejemplo, sustancias como la cafeína (mate o café), o bebidas gaseosas producen irritabilidad en el sistema nervioso del bebé: muchas veces lloran y los adultos pensamos que son cólicos pero puede deberse a que la mamá toma mucho mate o gaseosa.

La sugerencia es revisar detenidamente la alimentación de la mamá para que vaya adquiriendo, si no la tiene, un régimen de comida nutritivo, con más cereales integrales (mijo, quinoa), legumbres (poroto, arveja, lenteja), frutas, verduras, carnes de todo tipo, huevo, aceites, frutos secos, y complementariamente disminuir al máximo los alimentos ultraprocesados (congelados, enlatados, de producción industrializada).

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