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sábado, junio 12, 2021
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    La corrupción como fenómeno social, en la mirada de Daniel Krauze

    En Tenebra, el autor enfoca las consecuencias de la corrupción en distintos ámbitos institucionales y niveles sociales. En diálogo con EL DIARIO desde ciudad de México, donde reside, el escritor –guionista de la serie Luis Miguel, de Netflix- acepta que esta novela, centrada en `la selva del poder´, expresa una crisis epocal. A la vez pinta la actualidad en su país y el drama de una sociedad a la deriva, atravesada por un fenómeno que la corroe desde dentro, como un cáncer.

     

    Carlos Marin / [email protected]

    Este domingo los ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos eligen legisladores y autoridades en distintos niveles de Gobierno. El proceso previo a los comicios ha expuesto en forma lacerante la espiral de violencia que azota al país desde hace décadas: el asesinato de candidatos a cargos electivos. Se trata de un síntoma tan inquietante como la muerte de periodistas, hecho que también castiga a esa Nación desde hace años.

    Ambos aspectos son síntomas de un proceso social en un país que, a contramano de lo que sucedía en otros del continente, supo ser hospitalario y recibir a decenas de miles de exiliados políticos hace medio siglo. En ese momento, junto a Venezuela, México era una de las repúblicas con un sistema democrático en vigencia. Aún cuando en los hechos había un régimen de partido único –el PRI- que gobernó el país durante siete décadas, desde 1929 hasta 2000.

    Al concluir ese ciclo y abrirse la alternancia, en el inicio del siglo XXI, comenzó un reordenamiento en el seno del poder, que reconfiguró el sistema. Esa modificación en el tablero de ajedrez de la política, colocó a México y los mexicanos en un punto diferente de aquel de los `70. Podría decirse que se aceleró el deslizamiento hacia un callejón oscuro y cubierto de penumbras. Un espacio sombrío y tétrico en el que acontecen hechos semiocultos realizados con intenciones perversas. En suma, un lugar tenebroso. Ese reordenamiento, que impacta en el panorama político actual del país, es abordado por Daniel Krauze en “Tenebra”, novela que Seix Barral acaba de publicar en Argentina.

    Tenebra entrega un registro descarnado y potente de los entresijos de la vida política. Lo hace a través de la historia de dos personajes, Julio y Martín, que desde procedencias sociales e historias biográficas diversas protagonizan un relato intenso y escalofriante. Un relato que fascina al lector quien despavorido sigue –como testigo involuntario de una tragedia- la acción mientras se desplaza hacia su corolario. Y lo hace con la sensación ambivalente de querer apartarse por la repugnancia que le produce lo que ve; pero a la vez sin poder dejar de mirar hasta el desenlace. He allí una de las claves de la maestría con la cual Krauze construye su relato.

    DEPORTE DE RIESGO

    “En México, ser periodista es un deporte extremo”, dice el escritor desde la capital de ese país, donde reside. “Actualmente, aquí, trabajar en la prensa es ciertamente riesgoso, creo que  más peligroso que ascender al Himalaya”, remarca el autor en una entrevista exclusiva con EL DIARIO.

    Esa tarea se vuelve más riesgosa aún cuando a la condición laboral –periodista- se añade ser mujer.  Ambas dimensiones configuran a Beatríz, otro de los personajes de Tenebra. Ella, por estas dos circunstancias, lleva en sí una marca que la destina –como blanco móvil- a un cruel final en una tierra atravesada por la violencia extrema. “Ser periodista y mujer son dos problemas en mi país”, afirma. Y señala que los asesinatos de trabajadores de prensa constituye un tema “gravísimo, al mismo nivel del que plantea el narcotráfico”.

    En el marco de una campaña política que desde septiembre pasado cobró la vida de más de 80 candidatos a cargos públicos, la realidad –a través de los hechos- parece confirmar de modo incontrastable el planteo que el escritor realiza en su novela.

    Krauze, que considera su trabajo como “el de una suerte de narrador, cronista del deterioro de mi país”, recuerda que “el México en el que fui niño era un país con cosas convulsas y difíciles sin dudas, pero que también era más fácil de entender, más seguro. En algún sentido un país más noble y más ingenuo”.

    Y destaca que a medida que la violencia se ha incrementado – violencia que recorre cada capítulo de Tenebra- “ha desgarrado el tejido social de éste país, al cual quiero profundamente”. Es un punto que, confió el escritor a EL DIARIO, “me inquieta, me alarma y me indigna y por eso tenía que expresarlo de alguna manera; y la herramienta que empleé para plasmar esos temores fue la novela. Es lo que me impulsó a escribirla”.

    PANORAMA COMÚN

    Dos palabras resultan claves para aproximarse al universo de Tenebra. Una es abuso. Ese que ejercen unos sobre otros a nivel social y se expresa a partir de la segunda palabra: impunidad. Esa que otorga el acceso al poder.

    “Abuso, impunidad y poder son conceptos rectores en esta historia. “Tener clara esa dinámica en el universo de uno de los protagonistas fue muy importante al escribir esta novela”, acepta Krauze.

    A pesar de que uno de los protagonistas, Julio, es hasta cierto punto un delincuente y finalmente un criminal, por otra parte no hay escena de la historia –sobre todo en su contexto laboral como asesor de un legislador- en que no estén abusando de él de un modo u otro. “A este personaje lo tratan como un esclavo, algo que es propio de una sociedad clasista como las que tenemos en México y que, con matices, entiendo que se replica también en países como Brasil y Argentina. Como tantas otras cosas que nos vinculan y tenemos en común”, opina el autor mexicano.

    En este sentido, el universo que describe en su novela, situado en su país, «no resultará del todo ajeno a un lector chileno, uruguayo, argentino».

    La novela de Krauze expone no sólo el abuso y el poder. También hace visible la conformación de una `nobleza cortesana´, una casta reciente que se apropiado de un lugar luego de haberse vinculado al poder político.

    “En mi país –dice el novelista- es un fenómeno reciente. Tenemos las familias de abolengo, durante muchas décadas ligadas al poder político y económico. Pero también una casta de nuevos ricos, que se han vuelto millonarios luego de la firma del tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Y sobre todo con la apertura de la alternancia democrática luego de 2000”.

    “Allí –acota- aparece un proceso de corrupción que se vislumbra con mucha claridad”. Y explica: “Antes de 2000 –cuando se plasmó efectivamente la alternancia del sistema político entre el PRI y el  Partido Acción Nacional (PAN)- el poder lo tenía el presidente. Pero luego del proceso de apertura democrática que estamos viviendo, ese poder se dispersó. Eso implica que los líderes regionales tienen poder para avanzar en decisiones sin que el presidente se entere de procesos y negocios que hacen. Y esto, en el sistema político y social, ha generado un efecto en cadena, que lleva a que personas por debajo de ese líder regional hagan algo similar. Y que movilizar a otros que están aún por debajo de la persona anterior, a replicar el mecanismo”.

    Así, actualmente, asevera Krauze “tenemos una clase social en el país, que se ha hecho multimillonaria en los últimos diez años a base de ser corruptos. Y que ni siquiera son los más poderosos. Este sector es el que refleja Julio Rangel –uno de los dos protagonistas de Tenebra-, un sector integrado por una legión de personas muy jóvenes que, en promedio, no superan los 35 años y que han hecho su fortuna en dólares en base a sus negociados en distintos niveles de la administración gubernamental”.

    LEALTADES

    Cuando los personajes políticos de Tenebra hablan entre sí, nunca mencionan la política. “Quería que de lo único que hablaran todo el tiempo era de dinero”, dice Krauze. “Y eso es interesante, porque aparece allí una contradicción: esta gente que está a cargo de tomar las decisiones sobre el rumbo de un país, nunca habla de él, sino sólo de negocios”. Se trata de personajes que mencionan con frecuencia la palabra `lealtad´ “pero en todo caso, si ésta existe, no lo es a una ideología, a un líder en particular, a un partido político; sino que se trata de someter todas las acciones al propósito de sobresalir, es decir tener dinero y poder. A costa de quien sea y cómo sea y de valores que pueden cambiarse como se cambia de vestuario. Algo que ocurre, y lo he visto claramente, cuando alguien del poder percibe que el partido político del que ha formado parte se hunde en la consideración social, y entonces para `sobrevivir´ no tiene ningún prurito en dejar el barco en el que ha navegado para pasarse al de los que van a ganar”.

    La vida de algunos personajes de esta novela transcurre en una estética del despilfarro, con fiestas fastuosas en las que la impudicia con que se las expone, funciona para el resto de la sociedad de modo fascinante como mecanismo perverso de identificación.

    Todas estas características “hablan de un deterioro moral que siento y es lo que me impulsa a narrar esta novela”, concluye el escritor. En este punto, Krauze es enfático al subrayar: “no es que seamos moralistas. Pero muchas novelas nacen de inquietudes de alguien que mira a su alrededor y se dice: ésto está de la chingada, ésto se está yendo a la mierda”.

    Esbozo biográfico

    A pesar de ser un autor joven –nació en 1982-  Daniel Krauze es ya un escritor reconocido en México. Es autor de las colecciones de cuentos Cuervos (2007) y Fiebre (2010). En 2012 ganó el premio Letras Nuevas con su novela Fallas de Origen. Su referencia más reciente es ser el guionista de Luis Miguel: La serie, trabajo sobre el artista producido por Netflix

    Opuestos complementarios

    En Tenebra, Daniel Krauze se revela como autor de un fresco potente y sin concesiones, descarnado y verosímil, de un sector de la sociedad mexicana que se ha encumbrado social y políticamente en las últimas dos décadas.

    Si la segunda mitad de los `80 marcaron el ascenso de aquellos Juppies  – retratatados en largometrajes como Wall Street, El lobo de Wall Street, o en libros como American Psycho, de Bret Easton Ellis-, en esta novela su autor ilumina el ascenso vertiginoso y el encumbramiento en el poder de una nueva clase, que irrumpe en la escena mexicana a comienzos de este siglo para trastocar la dinámica de la sociedad.

    Julio Rangel –uno de los dos protagonistas de Tenebra- es un emblema de ese proceso. Procedente de una familia modesta, su padre es un sastre que mantiene con dignidad su familia sin que les falte lo esencial pero también sin que sobre para lujo alguno. Julio, personaje advenedizo y sin escrúpulos, no repara en nada para alcanzar lo que se propone. Y aquello que lo mueve –como al resto del sector social que representa- es tener dinero y poder. Al costo que sea. El fin justifica los medios.

    Su contraparte en la historia – Martín Ferrer- expresa el trayecto opuesto. Su vida va desde el esplendor de una familia de inmigrantes que ha hecho fortuna, al ocaso al que lo precipita el colapso financiero de la empresa a cargo de su padre. Pero late en él el anhelo por reconquistar el paraíso perdido en la infancia -que se recuerda idealizada y que constituye una marca de identidad-. El propósito de llevar adelante un plan de venganza lo convierte en un ser encerrado en sí mismo, con una obsesión que lo llevará incluso hasta la pérdida de las personas que lo aman y a las que él mismo, también ha correspondido con su amor.

    El nexo entre Julio y Martín será –por muy distintas razones- el senador Oscar Luna Braun. El primero quiere mostrar su valía a su jefe en el marco de un proceso eleccionario que ve como un trampolín para seguir trepando la pirámide del poder. Nada lo detendrá. El otro, obsesionado con el legislador, es impulsado por una vieja disputa familiar hacia la venganza y la reivindicación.

    “Ambos están enfermos de cosas muy similares. De ahí a que logren verlas, es otra cosa”, señala Krauze sobre los personajes de esta novela. Uno de los aspectos más interesantes es, precisamente, la complejidad de esa construcción. La ambivalencia y la complementariedad de opuestos que terminan siendo funcionales a un estado de cosas.

    Una vorágine llevará a estos personajes a enredarse en una carrera enceguecida en la cual no dudan incluso -en un impulso autodestructivo- en sacrificar el futuro. Para ambos se trata de negar inconscientemente el porvenir y caminar hacia la destrucción, a partir de las obsesiones que han configurado como norte de sus vidas.

    “Comencé a trabajar en Julio y Martín como dos opuestos, pero conforme avanzó la escritura, me di cuenta que ambos tenían muchas más semejanzas entre sí de las que había planteado en un inicio”, acepta el autor de Tenebra. “En el fondo, los dos son unos resentidos. Y eso fue un hallazgo que me posibilitó el proceso de escritura de esta novela”, concluye.

    Vía Rápida

    Krauze es contundente en el análisis que expone en Tenebra cuando opina que actualmente, en su país, “la manera más fácil de hacerte rico, de volverte millonario, es trabajar con políticos; o volverte un servidor público. Estoy seguro de eso”. Lo cual, asevera “me parece aberrante. Porque –al menos en el plano de lo ético- un político debería esforzarse por ayudar a otros y ayudarse también a sí mismo. No trabajar para enriquecerse”.

    En ese sentido, prosigue, “en México la corrupción que antes estaba focalizada en un grupo de individuos bastante específico, se ha diseminado y es un fenómeno que permea toda la sociedad”.

    Por eso, le interesaba “especialmente explorar la corrupción como fenómeno social. Y creo que el personaje de Julio Rangel ha sido el vehículo perfecto para explorar eso. Él es alguien con una infancia en una familia en la que no se sufren necesidades, pero en la que tampoco sobran los recursos. Lo que el personaje desea desde que tiene uso de razón es ser rico. No le interesa el prestigio. Lo que quiere es tener poder y dinero. Y por ello tolerará hasta lo indecible con tal de lograr ese objetivo de su vida. Un objetivo que, creo –reflexiona el autor- es hoy el objetivo de muchísimas personas que conozco. Porque en una sociedad individualista, que es algo en lo que se ha tornado el mundo entero, no hay mayor prueba de la valía personal que tener poder y dinero”.

    Este fenómeno, expresa el escritor, ha trasformado la ciudad de México en los veinte años pasado. “Barrios enteros, calles, que tenían un perfil muy típico, con una historia y una identidad han mutado con la construcción de edificios imponentes en que viven estas personas. Restaurantes que antes eran sitios muy bonitos han metamorfoseado en lugares en los que suena música a todo volumen, poblados de `acompañantes´ de alquiler de alto calibre que se muestran junto a estos `politicuchos´ relativamente jóvenes”.

     

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