El Gaucho Rivero en Malvinas

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Su espíritu se había templado en la mirada ancestral de los nativos, que a orillas del Arroyo de la China, habían proclamado una estrella de unión americana, desde los tiempos fundacionales de la patria grande.

 

Θ Roberto Romani

 

En Concepción del Uruguay, el 7 de noviembre de 1808, arrullado por el “río de los pájaros”, nació Antonio Florencio del Rivero, quien a los diecinueve años conocería las Islas Malvinas, como peón de campo de Luis Vernet.

Con el recuerdo de sus padres, Antonio del Rivero y Manuela Ferrer, y el dolor compartido con sus hermanos, presenció la llegada a las islas de la escuadra inglesa, el 3 de enero de 1833, y pronto comprendió que su estirpe montielera y su orgullo de argentino bien nacido no serían cómplices por mucho tiempo de aquella actitud de vasallaje.

El 26 de agosto del mismo año, sus manos arriaron el pabellón pirata, mientras la sangre charrúa de José María Luna, Juan Brásido, Manuel Godoy, Manuel González, Luciano Flores, Felipe Salazar y Manuel Latorre, florecía de coraje en un largo y sentido sapucay de alegría.

En ese momento, los pliegues de pureza de la celeste y blanca, proclamaban que no había “ningún suelo más querido, de la patria en su extensión”.

El poderío inglés volvió a usurpar el territorio el 7 de enero de 1834, deteniendo a los responsables de aquel episodio de argentinidad. El criollo concepcionero fue trasladado a Gran Bretaña para ser juzgado. A mediados de 1835 recuperó su libertad en Montevideo.

Seguramente, la heroicidad del entrerriano soñó con el regreso glorioso a la “perla austral”, pero el destino quiso que su lanza se batiera por última vez en la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, bajo las órdenes del general Lucio Norberto Mansilla, para impedir que la escuadra anglo-francesa navegara por ríos interiores y humillara la dignidad de nuestro pueblo.

Aunque resulte increíble, viejos pobladores de las costas entrerrianas  aseguran que en días de fiesta patria, cuando se recuerda a los caídos en Malvinas, y nuestros ex combatientes desfilan por las calles del pueblo, advierten que el gaucho Rivero se incorpora a las filas, apretando en el pecho la enseña sagrada, mientras una paloma de lejanía aquieta sus alas en nuestro corazón de lluvia.

 

El autor

Nacido en Larroque, afincado en Gualeguay, viajero por parajes y ciudades de toda laya, Roberto Romani es poeta, escritor y periodista, compositor e interprete, gestor y animador cultural, además de un enamorado de historias entrerrianas, tanto de escucharlas como de contarlas.

Estudioso de las costumbres y tradiciones, Romani es licenciado en Comunicación Social pero sobre todo un divulgador memorioso que disfruta de esta forma de intercambio.

Lleva publicado 23 libros, tiene en su hacer 13 grabaciones con música y poesía de la región y ha realizado dos documentales con rescates históricos y vivencias del litoral.

Recibió el Premio Santa Clara de Asís, la Faja Nacional de Honor de la Asociación de Escritores de la República Argentina, la declaración Prócer de la Cultura y la Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento.

Marcha y bandera en ríos esenciales, por Roberto Romani

Roberto Romani entrega dos producciones recientes dedicadas a Entre Ríos