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    Bruno Alarcón, fulgor sencillo y entrerriano

    Una existencia sencilla le tocó en suerte al entrerriano Bruno Alarcón, tambor mayor del Ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, el libertador de los Pueblos de América. En medio de la dura aventura por sobrevivir en un caserío de Gualeguay prefería no alardear de las circunstancias históricas que le tocó vivir.

     

    Roberto Romani

    [email protected]

     

    Hasta los últimos atardeceres en las costas del Gualeguay, y antes que el clarín de retirada le silenciara el alma guerrera, Bruno Alarcón, con sus cien años de lanza y remo, todavía se animaba a pedirle cada mañana algún misterio sabroso al río nombrador.

    Hijo de Miguel Alarcón y Rosa Acosta, nació en Buenos Aires en 1870, integrando a los treinta y seis años el Ejército de los Andes, bajo las órdenes del general San Martín. En 1817 cruzó la cordillera y participó en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, como Tambor Mayor del libertador de América.

    En 1824 vivió el triunfo de Junín junto a la imagen vigorosa de Simón Bolívar y escuchó la voz triunfal de Antonio José de Sucre en la victoria de Ayacucho, eslabones finales de la fructífera cadena de éxitos militares que coronaron tanto esfuerzo y tanta sangre en la aurora feliz de la tierra madre.

    Al promediar el verano de 1826 regresó a la comarca minuán del ceibo y la calandria. Los vecinos de Gualeguay supieron de su coraje en las gestas de la independencia, mientras Genara Correa, lavandera de los ojos negros, curaba sus heridas y fundaba la primavera de la dicha, floreciendo en tres hijos el amor que vence a la tristeza.

    Carlos Mastronardi recuerda que a los noventa y ocho años el viejo guerrero fue homenajeado en el teatro del centro, oportunidad en que revivió las gestas lejanas: “Tal vez esa noche extraordinaria, mientras las manos rígidas golpeaban el tambor con el ritmo aprendido setenta años atrás, en alguna región inmaterial, un ejército de sombras entraba otra vez en batalla”.

    Murió el 16 de mayo de 1880, año en que regresaban a la patria los restos de su jefe, después de tanta indiferencia y desatino; lejos de los oropeles y fulgores de la gloria.

    Escultura de Bruno Alarcón en la plaza San Martín de Gualeguay.

    En nombre de la entrerrianía y como hermano agradecido a su temple criollo y a su piel morena, le escribimos a su corazón en reposo: “Hoy necesitamos tu parche golpeado para convocar de nuevo a los pechos valientes. Es indispensable que vuelvas sobre las huellas dormidas del espíritu argentino, y nos ayudes a encontrar la dignidad vencida, la verdad oculta y los sueños olvidados.

    Bruno Alarcón que, en los cielos, defines la carga de emoción y de recuerdos, te debemos: la fortaleza de nuestras almas, la consagración del maestro, el desafío cotidiano de los obreros del alba. Y por los siglos de los siglos te debemos, la sonrisa de la patria”.

     

    El autor

    Nacido en Larroque, afincado en Gualeguay, viajero por parajes y ciudades de toda laya, Roberto Romani es poeta, escritor y periodista, compositor e interprete, gestor y animador cultural, además de un enamorado de historias entrerrianas, tanto de escucharlas como de contarlas.

    Estudioso de las costumbres y tradiciones, Romani es licenciado en Comunicación Social pero sobre todo un divulgador memorioso que disfruta de esta forma de intercambio.

    Lleva publicado 23 libros, tiene en su hacer 13 grabaciones con música y poesía de la región y ha realizado dos documentales con rescates históricos y vivencias del litoral.

    Recibió el Premio Santa Clara de Asís, la Faja Nacional de Honor de la Asociación de Escritores de la República Argentina, la declaración Prócer de la Cultura y la Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento.

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