Magnasco, el que quiso que la escuela enseñara a trabajar

186
Para Magnasco, un cambio de matriz educativa impulsaría al país al desarrollo.

Formado en la alta cultura de élite, brillante orador y elocuente especialista en Derecho, el entrerriano Osvaldo Magnasco se enfrentó hace más de un siglo a cosmogonías aún vigentes al proponer un cambio copernicano en las políticas públicas referidas a la educación: pretendía estimular las profesiones que sirvieran a la industria y al comercio.

 

Rubén I. Bourlot | [email protected]

 

Hijo del marino mercante genovés Benito Magnasco, Osvaldo nació en Gualeguaychú. Fue un destacado jurista, ocupó bancas en el Congreso de la Nación representando al Partido Autonomista Nacional, donde se destacó con su oratoria y tuvo un papel clave en la investigación sobre el funcionamiento de los ferrocarriles privatizados, monopolizados por compañías inglesas. Falleció en Buenos Aires el 4 de mayo de 1920.

Durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca (1894 – 1904) Osvaldo Magnasco fue nombrado Ministro de Instrucción Pública. Desde ese cargo elaboró un proyecto de reforma educativa para sustituir el sistema implementado a partir de la Ley 1.420, sancionada precisamente, durante la primera presidencia de Roca (1880 – 1886). Consideraba Magnasco que el sistema educativo vigente -universalista, enciclopédico y verbalista- no respondía a las necesidades de la época, cuando el desarrollo del país necesitaba de más profesionales y técnicos para diversificar su economía que hasta el momento se sustentaba en las exportaciones de carnes y granos.

La educación práctica

Su noción de reforma educativa implicaba sustituir los bachilleratos comunes por un sistema de colegios secundarios descentralizados que respondieran a las características de cada región, con una considerable reducción de los contenidos humanistas, como la enseñanza del latín.

Proponía en cambio incorporar “nociones elementales de trabajo agrícola, de trabajo y dibujo industrial y de química aplicada a nuestras principales industrias». Incluso consideraba que era recomendable introducir desde el primer grado la asignatura de trabajo agrícola o manual.

Para ello las escuelas y colegios debían contar con talleres completos para el trabajo manual y con chacras o quintas agronómicas. “Este proyecto –expresaba Magnasco- viene a hacer alternar por fin en el régimen de las instituciones docentes de la república, el colegio nacional, el colegio de cultura general, con la escuela especial práctica, es decir, la cultura moral, filosófica y sociológica que orienta los espíritus –los espíritus con aptitudes- con la cultura tan largo tiempo perdida y tan vanamente esperada, de las fuerzas productoras del comercio, la industria, del trabajo en general, agentes los más poderosos de la transformación y el progreso de la vida civilizada moderna”.

La contraofensiva de La Nación

Pero no tuvo suerte con su audaz iniciativa. Los sectores influyentes de Buenos Aires, que concebían a la educación secundaria como mera preparatoria para el acceso a la universidad, reaccionaron rápidamente con una campaña de descrédito hacia Magnasco.

El diario La Nación, representante del mitrismo opositor a Roca, resistió la reforma y lanzó denuncias contra el ministro. La misma actitud adoptaron otros periódicos porteños e inclusive de nuestra provincia. La Iglesia también reaccionó negativamente ante la abolición del latín. Asimismo, los diputados entrerrianos Alejandro Carbó y Emilio Gouchón se constituyeron en los más férreos opositores al proyecto en el Congreso.

La revista Caras y Caretas, dirigida por el también “panza verde” Fray Mocho, arremetía con caricaturas grotescas y cuestionaba que la sustitución de “los colegios nacionales por escuelas prácticas ‘destinadas a formar hombres preparados para explotar las riquezas naturales del país’ amenaza con una completa perturbación en el actual orden de cosas”. Hasta hoy especialistas en educación consideradas “progresistas” como Inés Dussel califican al proyecto como “probablemente el más autoritario y conservador” de los que se evaluaban en la época.

El operativo de desprestigio llegó al Congreso, donde un sector importante del propio roquismo votó en contra de la sanción del proyecto. Los debates, que se prolongaron por extensas jornadas de septiembre de 1900, fueron acalorados pero con un despliegue de calidad oratoria que bien podrían servir de manual de estilo para los parlamentarios que hoy nos representan en el Congreso.

El líder de la arremetida discursiva fue Alejandro Carbó, que con su verba encendida -“Pico de oro”, le decía Sarmiento- competía con el sólido discurso del ministro Magnasco en aquellas históricas jornadas. La disidencia parlamentaria, en particular el normalista Carbó, se centró en tormo a la defensa del sistema educativo unificado, humanístico, afrancensado y laico. Y pareciera una ironía que mientras Carbó y Gouchón se oponían a la reforma con el argumento de que la educación humanística dejada vacante significaba entregarla “a las congregaciones religiosas, muchas de las cuales no reconocen más jefe que el Papa”, desde los sectores clericales también la atacaban por la supresión del latín.

El proyecto no prosperó y el gobierno de Roca quedó debilitado. Los medios periodísticos, en particular La Nación de Bartolomé Mitre, continuaron con sus ataques.

Al año siguiente, en un intento de conciliación, el presidente ordenó una serie de homenajes con motivo del jubileo de Mitre al cumplir sus 80 años que hizo decir a Magnasco: “después de estas ceremonias debemos llamarlo como a los emperadores romanos, Divus Aurelius divus Bartholus”. Fue la piedra del escándalo que precipitó la caída del gabinete. En pocos días renunciaron a sus carteras Osvaldo Magnasco, Enrique Berduc (Hacienda), Ezequiel Ramos Mejía (Agricultura) y Enrique Yofré (Interior).

 

Bibliografía a consultar

Vásquez, Aníbal S. Dos siglos de vida entrerriana

Domingorena, Horacio O. Osvaldo Magnasco. El mejor parlamentario argentino.

Dussel, I. Currículum, humanismo y democracia en la enseñanza media (1863-1920).

Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com