Entender la problemática para ayudar a evitar los suicidios

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Si bien se da por cierto que la depresión es un factor asociado a los intentos de quitarse la vida, la problemática del suicidio es compleja y múltiple. Participan factores, situaciones y contextos que aborda el especialista Sergio Brodsky a pedido de EL DIARIO. Identificar falsas ideas puede ayudar a que la comunidad, sin excepciones, se involucre en la prevención.

 

Redacción EL DIARIO
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–¿Hay mitos en torno a la prevención del suicidio?

–Por cierto. Uno de ellos es que las personas que se van a suicidar no lo dicen y quienes lo dicen no lo hacen. Eso es falso; la mayoría de las personas que han intentado suicidarse o que se han quitado la vida han expresado verbalmente sus intenciones.

No es sólo un problema dialéctico: muchas veces este mito obstaculiza medidas preventivas porque, obviamente, alguien que forma parte del entorno de ese sujeto que está en una construcción suicida puede desestimar lo dicho por la persona y no se actúa en consecuencia.

La primera medida preventiva consiste en derribar ese mito. Hay que estar muy atentos, cuando una persona dice que se va a quitar la vida suele ser un indicador de riesgo muy fuerte.

Otro mito es que una mejoría después de una crisis suicida o una brusca mejoría después de un estado depresivo severo significa que ya no hay riesgo. Esto es falso.

Muchas veces una persona está sumamente deprimida, angustiada, atormentada por alguna situación dolorosa y finalmente pasa a la etapa de la decisión de quitarse la vida, por lo que esos síntomas de angustia, de agobio, ceden porque la persona ya ha tomado la decisión, entonces quienes forman parte del entorno de una persona que está en situación de riesgo debe estar alertada respecto a que un cambio brusco, una mejoría repentina, injustificada e inesperada de un estado depresivo puede no significar que ya no esté en riesgo.

–Mencionó “la etapa de la decisión”, ¿a qué refiere?

–Sí, tomando en cuenta a Horstein que es un autor que ha escrito mucho sobre la depresión. Él plantea que en el suicidio, a partir de una situación traumática, a partir de un desencadenante que tiene que ver por lo general con alguna pérdida (económica, amorosa), o una gran frustración, suelen desarrollarse tres etapas: la idea de suicidio es la primera; la segunda es la de la duda o consideración (que es la que se expresa de un modo más tortuoso donde hay un intenso dolor, una intensa angustia, de querer dejar de sufrir); y una tercera etapa que es la de la decisión donde muchas veces la persona planifica el suicidio.

 

MENSAJES.

–¿Es posible sacarlo de la idea de autodestrucción a un suicida?

–El suicidio representa un desborde de dolor y un pedido de ayuda: en muchísimos casos la persona que está en una situación dolorosa y que comienza a representarse la idea de un suicidio en realidad no desea morir sino que desea salir de esa situación de dolor, por eso es tan importante que haya otro que en ese momento pueda estar presente, contener, acompañar y ayudar a salir de esa situación dolorosa. Es decir, no siempre los suicidas desean morir sino que desean resolver esa situación dolorosa que es insoportable.

–¿Es hereditaria la tendencia suicida?

–En realidad el suicidio multicausal es complejo, no existe una sola causa, y no hay comprobación de que sea una herencia biológica la que lleva al suicidio. En realidad, hay una serie de causas de distintas dimensiones, sociales, culturales, subjetivas, y causas que tienen que ver con la relación entre el sujeto y su medio social y afectivo.

Esto es importante porque si creemos que el suicidio es hereditario asumiremos aquella “etapa de decisión” como la escenificación de una fatalidad y se pensará que nada se puede hacer para prevenirlo.

Hay que aceptar que existe mayor riesgo de suicidio en historias familiares de suicidio, pero esa transmisión no es hereditaria sino que tiene que ver con lo generacional y una transmisión de un modo de vivir y de afrontar la vida.

 

CONSTRUCCIONES.

–También suele pensarse que es imposible evitar algo que otro hace de repente…

–Es una idea errónea que cuestionamos. Sostenemos la posibilidad de la prevención del suicidio. Es falso que un suicidio no se pueda evitar porque es imprevisto y sucede por impulso. Eso es falso. El suicidio, en la mayoría de los casos, no es un acto impulsivo sino que el acto final tiene una historia que puede ser detectada en su proceso y ser abordada para evitar llegar al desenlace trágico.

Otro mito es que sólo psicólogos y psiquiatras o trabajadores de la salud mental pueden prevenir el suicidio.

–¿Cómo es eso?

–Desde una perspectiva comunitaria, participativa, que es la que nosotros hemos abordado en las redes de voluntarios, consideramos que cualquier persona, cualquier miembro de una comunidad puede ser un agente de prevención del suicidio, si tiene una formación y una información adecuada para poder actuar preventivamente.

Esto es importante, por eso es que trabajamos en escuelas, en todos los espacios comunitarios como clubes, parroquias, con los vecinos, brindando información para la sensibilización y formación de la prevención del suicidio.

Eso no quiere decir obviamente que un vecino, un maestro o un policía realicen una asistencia psicológica o psiquiátrica, sino que desde su lugar puede contribuir. Un policía, por ejemplo, puede contar con herramientas para saber cómo actuar. Nosotros hemos hecho talleres dirigidos a la guardia urbana en Concordia, a efectivos de policía de la provincia en Concepción del Uruguay y a bomberos en Chajarí para ayudarlos a que adquieran herramientas para intervenir en los casos en los que ellos se encuentran cotidianamente, con personas que ya han empezado a desarrollar la conducta suicida.

Ellos se encuentran en la situación donde el suicidio es inminente, entonces les brindamos información acerca de cómo acercarse, cómo trabajarlo, como abordar esos casos.

También hemos estado en jornadas muy ricas en escuelas primarias y secundarias donde planteamos que el rol del docente, del tutor, del preceptor es fundamental en la detección y el acompañamiento de los chicos que están en situación de riesgo de suicidio. Entonces, tienen que poder identificar y saber cómo actuar.

También trabajamos con los medios de comunicación por ejemplo, en Concordia, Chajarí…

–¿Con qué resultados?

–Con muy buenos resultados en algunos casos. En Chajarí está S.O.S. Vida que es una red de voluntarios y trabajamos con los medios de comunicación sobre todo a través de interrogantes. Muchas veces el suicidio es una noticia. Así es relevante plantear si los medios creen que es necesario publicar los hechos de suicidio y en todo caso cómo hacerlo.

–Vale la pena pedirle que desarrolle esta idea.

–Hay una serie de protocolos y sugerencias por parte de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a cómo publicar las noticas de suicidio. Por ejemplo que no sean tapa, que no se repita la información, que no den y mucho menos se detallen los métodos, que no se plantee que el suicidio es una salida, porque no lo es; y que no se simplifiquen las causas: “se suicidó por amor, por una bancarrota” porque el suicidio tiene una complejidad causal.

Es importante que en los medios no se plantee el suicidio desde un punto de vista moral, como un acto de cobardía, de debilidad o un acto de valentía y coraje, heroico; sobre todo en las personalidades de alguna celebridad. Hay una teoría que plantea lo que se llama el efecto Werther, que la construyó el sociólogo norteamericano David Phillips (1974) que (luego de realizar un estudio en diferentes medios, como por el ejemplo el New York Times entre 1947 y 1968) demostró que después de determinados modos de publicación se generaba un efecto contagio o imitativo que puede producir una comunicación inapropiada.

Como sabemos, los medios de comunicación son un arma poderosísima para transmitir esto que estamos hablando: cómo prevenir, a dónde se pueden dirigir las personas ante una situación de riesgo, cómo identificar las señales de personas que tienen ideas suicidas.

Por eso cuando se dice que sólo los psicólogos y psiquiatras pueden prevenir el suicidio, desde la perspectiva comunitaria y participativa eso es falso porque justamente toda comunidad y sus instituciones pueden participar activamente en la prevención.

El trabajo en red de prevención del suicidio lleva a trabajar en escuelas, parroquias, vecinales y clubes.

VOLVER A EMPEZAR

–Suele pensarse, asimismo, que un suicida que ya lo intentó más que matarse quiere llamar la atención…

–Eso también es falso. La tentativa de suicidio constituye un factor de riesgo, es decir eleva la posibilidad que se vuelva a cometer ese acto.

Muchos piensan también que preguntarle a una persona si piensa matarse es incitarla a que lo haga y aumenta el riesgo. No es así. Cuando estamos ante un chico, un compañero de la escuela, un alumno, un compañero de trabajo, un familiar, un vecino y vemos que hay indicadores de riesgo de suicidio corresponde sacarle el tema, hablar, ofrecerse u ofrecer salidas.

Charlar sobre su situación permite saber cuál es el nivel de riesgo y por otro lado, ayuda a que la persona se desahogue. Ese diálogo que se entabla puede ser el inicio de un pensar juntos cómo resolver esas angustias o esa situación dolorosa. Hay que recordar que compartir el dolor nos alivia y desde ahí podemos comenzar a pensar soluciones.

–¿El suicidio es un problema sólo de los adultos y los jóvenes?

–No es cierto que los niños no se suiciden. Nosotros aquí, en Concordia, tuvimos hace unos años situaciones muy dolorosas de niños que se han quitado la vida. En la mayoría de estos casos aparece el desamparo, el sentirse desvalidos y vulnerables a nivel personal y familiar, el abandono social, las situaciones de violencia familiar. Suelen ser chicos que están totalmente desamparados y que no son alojados en el amor y el afecto de su familia; suelen encontrarse en el trasfondo situaciones realmente graves, que llevan al suicidio a los niños.

–¿Cómo transmiten esa angustia?

–Algunos de los indicadores de riesgo en los niños son la tristeza, la depresión, el aislamiento, el insomnio, los terrores nocturnos; algunos expresan la idea de que se van a suicidar, tienen una autoestima devastada, presentan golpes en la cabeza o lesiones reiteradas en otras partes del cuerpo, frecuentes accidentes domésticos como quemaduras, golpes, fracturas, ingesta de tóxicos, actitudes desafiantes y de negación del peligro, exposición permanente a situaciones de riesgo para la propia vida y la ajena.

Nosotros como red de voluntarios para la prevención del suicidio actuamos en la posvención por ejemplo, en el tercer nivel, por ejemplo cuando se dio el suicidio de un niño en Concordia.  En esa ocasión trabajamos con docentes fundamentalmente y articulando con distintas instituciones el abordaje de los que es la prevención en el entorno afectado como es la familia, los compañeros de colegio y el medio escolar.

 

PREVENCIÓN. “La prevención del suicidio se puede consignar como una serie de acciones y estrategias direccionadas a evitar que las personas lleguen al suicidio. Es decir, cualquier acción o estrategia comunitaria que tienda a evitar el suicidio es una acción de prevención”, definió Sergio Brodsky, ante una consulta de EL DIARIO. “Nuestra perspectiva de la prevención es comunitaria porque atiende la necesidad de la participación de la comunidad como algo necesario”, indicó.

–¿Qué es prevenir?

–La prevención tiene tres niveles. El primario, secundario y la llamada posvención. La primaria es la promoción de la salud mental y la prevención dirigida de la manera general e inespecífica a toda la población; tiene como objetivo generar factores protectores del suicidio. Un ejemplo concreto es cuando vamos a las escuelas trabajamos mucho con los docentes respecto a los modos en que ellos pueden fomentar la autoestima de los chicos, pueden fomentar el diálogo para que cuando tengan un problema se animen a compartirlo, que puedan aprender a pedir ayuda cuando tienen una situación problemática o angustiante; en definitiva, se busca brindar herramientas que se constituyen en factores protectores del suicidio. Este es el nivel primario de la prevención, es generalista aunque atiende fundamentalmente a los grupos que tienen más propensión estadística al suicidio: los adolescentes y las personas de la tercera edad.

A la prevención secundaria están orientada una serie de acciones que apuntan a la detección precoz o la identificación temprana de las situaciones de riesgo de suicidio. Está más enfocada a grupos o poblaciones en situación de riesgo de suicidio. Concurren tres conceptos básicos que permiten identificar las situaciones de riesgo: Indicadores de riesgo, los factores de riesgo y las situaciones desencadenantes.

Y hay un tercer nivel que es muy importante que se llama posvención, cuando un suicidio ya se concreta, por ende se da cuando han fracasado los niveles anteriores y consiste en trabajar en la prevención con el entorno afectado por el suicidio: el entorno social de la persona que se quitó la vida para prevenir nuevos suicidios.

 

Señales

–¿Cómo identificar el riesgo de suicidio?

–Son varias, generales, y no quiere decir que la existencia de uno de estos indicadores sirva ya para definir que hay un riesgo, pero algunos son específicos y hay que poder escuchar y contener y acompañar a las personas que los presentan.

Los más específicos son la manifestación de la idea suicida, es decir la explicitación de la idea y las amenazas suicidas. En la enorme mayoría de los casos quienes se van a suicidar manifiestan previamente sus intenciones.

Otras son las notas, posteos en las redes sociales, cartas, intención de las ideas suicidas, hay que actuar rápidamente ahí. Un signo típico es la entrega de posesiones valiosas sin que nada lo justifique.

También la tristeza, el desinterés, la desesperanza, el retraimiento, el aislamiento, la disminución del rendimiento escolar o laboral, el ausentismo, la agresividad (sobre todo en el caso de los chicos esto suele ser la expresión de un dolor de una angustia que no puede ser puesta en palabras), las dificultades en la concentración, el descuido del aspecto e higiene, la decepción y culpa por no satisfacer las expectativas de los padres (esto en los chicos y adolescentes sobre todo), las dificultades en la comunicación, las escasas relaciones interpersonales, el sufrir el rechazo del grupo de pares, alteraciones en el sueño (insomnio o dormir todo el día), alteraciones en la alimentación (compulsión alimentaria o pérdida del apetito), el abuso de sustancias sobre todo el importante incremento del consumo de alcohol o del drogas, los cortes o golpes en el cuerpo que son típicos en los adolescentes, las autolesiones corporales que expresan formas extraordinarias del dolor que no pueden ser dichas.

Hay una frase de Shakespeare que de alguna manera expresa esto que vemos cotidianamente en la clínica actual como autolesiones, adicciones, depresiones, suicidios, enfermedades psicosomáticas. Él dice “dar palabras al dolor; el dolor que no se dice gime en el corazón hasta que lo rompe”, es decir cuando hay algo que no puede decirse en palabras es el cuerpo el que habla, y habla desde la destrucción justamente.

–¿Hay más indicadores?

–En cuanto a los intentos previos y las ideas suicidas, insistimos en el cuidado que deben tener los medios de comunicación y también el trabajo de posvención en las escuelas, por ejemplo, para no considerar el suicidio como un acto heroico, de valentía, de coraje. En la escuela hay que tratar de ponerlo en cuestión, para que entienda que es un acto de desesperación y angustia totalmente equivocado de alguien que no ha podido encontrar soluciones. El suicidio nunca es una opción, eso es lo que hay que transmitir.

 

Multicausal

–¿Qué se conoce sobre los factores del suicidio?

–En cuanto a los factores de riesgo del suicidio, insistimos en que hay una causalidad compleja, de distintas circunstancias propias del individuo y del medio que se van articulando en una historia personal y que lleva muchas veces a la situación del suicidio. Lo que se puede consignar como causas son circunstancias propias del sujeto y de su medio que pueden ser pensados como factores de riesgo del suicidio, entiéndase aquello que eleva e incrementa las posibilidades del suicidio; no son su causa directa, pero sí hay que estar atentos porque en general sí tienen una relación directa con el suicidio. Aquí tenemos que ver también todas las dimensiones sociales, culturales y económicas que entran en juego.

A propósito, es necesario estudiar las características de cada comunidad para poder pensar en cómo esas características sociales, económicas y culturales inciden en la prevención de la depresión y el suicidio.

 

Recomiendan abordar el suicidio en toda su diversa complejidad