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sábado, mayo 8, 2021
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    Sabor con historia y tradición: Guiso de lentejas

    Las lentejas son las primeras legumbres domesticadas y cultivadas por el hombre. Hace unos 9.000 años en el suroeste de Asia, en lo que hoy es Siria, se consumían ya lentejas.

    Su cultivo se extendió por todo el Mediterráneo y fue uno de los alimentos básicos de las plebes de las antiguas Grecia y Roma. El nombre en español (y en otros idiomas europeos) de esta legumbre viene del latín lens y éste del apellido de una de las más importantes familias de la vieja Roma, los Léntuli.

    En el siglo XVII, debido a su forma, la lenteja dio el mismo nombre latino al pedazo de vidrio con dos lados convexos que ahora llamamos “lente”.

    Las lentejas fueron siempre consideradas las legumbres de mayor importancia y valor tanto en Europa y norte de África como desde el Oriente Próximo hasta la India.

    El prestigio de esta legumbre surge incluso del Viejo Testamento. Según un relato bíblico, Esaú, hijo de Isaac y Rebeca, le vendió la primogenitura, con todo lo que ello representaba, a su hermano gemelo Jacob “`por un plato de lentejas”.

    Su reinado en las mesas populares europeas sólo se vio amenazado a partir de los viajes de Colón y de la consiguiente introducción en el Viejo Mundo de un producto americano, los porotos.

    Pero, a su vez, las lentejas, fueron traídas a América a partir del siglo XVI por los españoles, quienes las habían conocido siglos antes gracias a los cartagineses.

    En las fondas, posadas y ventas de toda España eran de rigor los guisos de lentejas, un plato preferido por los émulos de Sancho Panza, un amante de la buena mesa tradicional.

    Las lentejas resultaron uno de los importantes aportes que conquistadores y colonos españoles hicieron a las mesas de nuestro continente y, por ende, de la antigua Banda Oriental.

    Y seguramente no faltaban, ya acriolladas, en las mesas de los bodegones de fines del siglo XIX. De guiso pasó a ser cazuela, con lo que se puede decir que ascendió en la escala social, para transformarse en un plato casi inevitable en invierno incluso para los más pudientes, sin perder la identidad ni su inconfundible sabor.

    La tradicional cazuela criolla de lentejas, con carne de vaca (y/o cerdo), embutidos, papas y una base de vegetales y condimentos a gusto del consumidor, es un plato rico, nada complicado y al alcance incluso de bolsillos poco provistos. ¡Qué más se le puede pedir!

     

    Ingredientes:

    – Lentejas 500 gr.

    – Falda o roast-beef en cubos chiquitos, 500 gr.

    – Panceta ahumada en tiritas, 200 gr. – Cebolla 1

    – Morrón rojo mediano 1

    – Papas 5 ó 6

    – Zanahoria 1

    – Cebolla de verdeo 1

    – Ajo picado 2 dientes

    – Chorizo colorado grande 1

    – Caldo de verdura 1 ½ litro aprox.

    – Puré de tomate 1 taza

    – Aceite de girasol cantidad necesaria

    – Laurel 1 ó 2 hojitas

    – Sal, orégano, pimienta negra y pimentón a gusto

     

    Procedimiento:

    1. Remojar las lentejas en agua fría por lo menos 3 horas. Cocinarlas en abundante agua por unos 45 a 50 minutos, escurrir y reservar.
    2. En una olla calentar el aceite, incorporar la carne vacuna y la panceta ahumada.
    3. Agregar la cebolla, el morrón, la zanahoria, cebolla de verdeo, ajo picado y el laurel. Rehogar hasta que tenga un lindo color dorado. Incorporar el chorizo colorado cortado en rueditas.
    4. Condimentar a gusto con sal, pimienta y el resto de los condimentos.
    5. Agregar el puré de tomate, tapar y cocinar de 30 minutos a fuego bajo, o hasta que la carne esté tierna.
    6. Agregar las lentejas y continuar cocinando a hervor suave, durante 15 minutos.
    7. Incorporar el caldo y cocinar hasta que estén listas, unos 30 minutos más aproximadamente; a los 15 minutos agregar las papas cortadas en cubos.
    8. Rectificar los condimentos y servir decorando con perejil picado.

     

    Por Andrés Tedesco

    Instagram: @andrestedesco

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