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    Entre Ríos, en el corazón de Belgrano

    Fue breve, pero la permanencia de Manuel Belgrano en Entre Ríos adquirió una intensidad tal que jamás olvidó mencionar la actitud de comprovincianos con la causa patriota.

     

    Roberto Romani
    coordinacion[email protected]

     

    Al llegar con sus soldados a La Bajada del Paraná, el 9 de octubre de 1810, el general Manuel Belgrano tenía 40 años. Había nacido en Buenos Aires, el 3 de junio de 1770.

    Estudió en Salamanca. Se recibió de abogado en 1793. Regresó a su patria. Defendió Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas. Fue ideólogo de la Revolución de Mayo, militar, diplomático, periodista y siempre promotor de la educación y la cultura.

    Además de Gregoria Pérez de Denis, a quien colocó en el “catálogo de las beneméritas de la patria, para ejemplo de los poderosos que la miran con frialdad”, el vocal de la Primera Junta hizo el mayor elogio al pueblo de Paraná, mencionando gestos solidarios de las familias Garrigó, Ferré, Vera y Hereñú, que colaboraron en la formación de su ejército y lo despidieron el 2 de noviembre, al reanudar su camino al Paraguay.

    Desde la “Posta de Antonio Tomás” escribe a las autoridades de Buenos Aires. La documentación del Archivo General de la Nación, aportada por Manuel Castrillón, y la investigación que realizáramos con el profesor César Manuel Varini, nos permite afirmar que gran parte de los 950 hombres y el propio jefe, acamparon en la actual Reserva Natural Montecito de Lovera, ubicada en la localidad de Cerrito.

    En Mandisoví, el 6 de abril de 1811, confió en Pablo Areguatí, de sangre guaraní, la responsabilidad de conducir a la comunidad.

    FLAMEANTE. En la Batería de la Independencia, ubicada en la isla Castellanos, entre las islas del Francés y Espinillo, departamento Victoria, frente a Rosario, ordenó que sus soldados juraran fidelidad a la bandera celeste y blanca, que habían confeccionado las manos de María Catalina Etchevarría de Vidal. La bendijo el padre Julián Navarro, mientras Cosme Maciel izaba al tope del mástil el símbolo de la Argentina naciente. Eran las seis y media de la tarde del 27 de febrero de 1812.

    Condujo el Éxodo Jujeño. Triunfó en Tucumán y Salta. Fue derrotado en Vilcapugio y Ayohuma.

    Tuvo dos hijos: Pedro Rosas y Belgrano (de su unión con María Josefa Ezcurra) y Manuela Mónica (de su unión con Dolores Helguero). Murió en Buenos Aires, el 20 de junio de 1820. En 1903, sus restos fueron depositados en el mausoleo de la Iglesia de Santo Domingo.

    El 12 de septiembre de 1839 escribió Álvarez Thomas: “Con la muerte de Belgrano desapareció de entre los mortales un nombre inmaculado, que es la admiración del suelo argentino”.

    Tomás Iriarte, en 1860, aseguró que “tenía elevación de espíritu y un alma bien templada”, mientras que Sarmiento reflexionó en su vejez: “Belgrano aparece en la escena política sin ostentaciones, y desaparece de ella sin que nadie lo eche de menos, y muere olvidado, oscurecido y miserable”.

    Al resucitar su mirada y augurar palomas entre la nieve y el desatino, el limpio y silencioso general nos habla desde los pliegues de la bandera: “Hice lo que me dictó la razón, la justicia y la prudencia. No busqué glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria. Hice cuanto he podido y jamás he faltado a la palabra”.

     

    El autor

    Nacido en Larroque, afincado en Gualeguay, viajero por parajes y ciudades de toda laya, Roberto Romani es poeta, escritor y periodista, compositor e interprete, gestor y animador cultural, además de un enamorado de historias entrerrianas, tanto de escucharlas como de contarlas.

    Estudioso de las costumbres y tradiciones, Romani es licenciado en Comunicación Social pero sobre todo un divulgador memorioso que disfruta de esta forma de intercambio.

    Lleva publicado 23 libros, tiene en su hacer 13 grabaciones con música y poesía de la región y ha realizado dos documentales con rescates históricos y vivencias del litoral.

    Recibió el Premio Santa Clara de Asís, la Faja Nacional de Honor de la Asociación de Escritores de la República Argentina, la declaración Prócer de la Cultura y la Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento.

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