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    Artigas, protegido en Ayuí Grande

    El “Protector de los Pueblos Libres”, José Artigas, encontró refugio entre la paisanada, a orillas del Arroyo Ayuí, el “río que viene”, en el departamento Concordia. El Éxodo Oriental era una manifestación más de una opción de vida ya realizada, en la que prometió enfrentar toda intención de dominación extranjera.

     

    Roberto Romani / [email protected]

    Unas 16.000 personas, entre soldados, mujeres, niños y ancianos, decidieron acompañarlo en los 522 kilómetros de “La Redota”, que se inició el 12 de octubre de 1811 y finalizó en los primeros días de 1812.

    Aquella extraordinaria emigración colectiva, conocida como el Éxodo Oriental, tuvo como destino el campamento a orillas del arroyo Ayuí Grande, en la provincia de Entre Ríos, después de haber cruzado el río Uruguay a la altura de Salto.

    José Gervasio Artigas, Protector de los Pueblos Libres, nacido en Montevideo, el 19 de junio de 1764, juró ante su pueblo preferir la indigencia y la muerte a la dominación extranjera.

    Sintiéndose apuntalado por sus paisanos para llevar adelante sus sueños de soberanía particular y organización federal de los pueblos, declaró en el Congreso de Oriente, de Concepción del Uruguay, el 29 de junio de 1815, la independencia de España y de todo poder extranjero.

    ROLES. El “botija”, que corría asombrado junto al arroyo Carrasco, y el joven, formado con los franciscanos del convento de San Bernardino, se fusionaron en el valiente militar del cuerpo de Blandengues. El vencedor de Las Piedras salvó la Revolución de Mayo, a mediados de 1811 y, tres años más tarde, desde la Villa de la Purificación, gestó el gran encuentro de las comunidades de la región guaranítica, la inclusión de las provincias hermanas, la reivindicación de los pueblos originarios y la distribución de la tierra entre los más necesitados.

    En 1820, y luego de ver fracasados sus intentos de organizar la República, se alejó del escenario donde su visión y su coraje habían despertado la admiración y respeto de sus hermanos. Con el recuerdo de Melchora Cuenca, florcita de aromo que perfumó sus lejanas primaveras, y con la profunda tristeza del desarraigo, vivió hasta los 86 años en San Isidro de Curuguaty, en Paraguay.

    Murió el 23 de septiembre de 1850, en la “Chacra de López”, en las afueras de Asunción. Relatan, humildes pobladores de la calma, que un carretón sin toldo, arrastrado por bueyes, llevó su cadáver desde el rancho hasta la fosa del camposanto de los insolventes.

    Nosotros, con Delio Panizza, enastamos el alma de entusiasmo y de bravura; y le cantamos a José Artigas:

    “Padre, que en la bandera resucitas cada aurora a manera de saludo. Padre, que te armonizas en el himno y te haces defensa en el escudo. Padre, que el corazón nos alimentas con sangre renovada cada día. Padre, que estás en nuestra pena y eres como el espejo de nuestra alegría”.

    El autor

    Nacido en Larroque, afincado en Gualeguay, viajero por parajes y ciudades de toda laya, Roberto Romani es poeta, escritor y periodista, compositor e interprete, gestor y animador cultural, además de un enamorado de historias entrerrianas, tanto de escucharlas como de contarlas.

    Estudioso de las costumbres y tradiciones, Romani es licenciado en Comunicación Social pero sobre todo un divulgador memorioso que disfruta de esta forma de intercambio.

    Lleva publicado 23 libros, tiene en su hacer 13 grabaciones con música y poesía de la región y ha realizado dos documentales con rescates históricos y vivencias del litoral.

    Recibió el Premio Santa Clara de Asís, la Faja Nacional de Honor de la Asociación de Escritores de la República Argentina, la declaración Prócer de la Cultura y la Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento.

     

     

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