Ana Moglia: “soy escritora por ser lectora voraz”

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Nació en Paraná, y es una autora reconocida en el país. Su novela “La ruta de los sueños”, que transcurre en Misiones y dio a conocer en 2014, acaba de ser reeditada por Emecé. Con un trayecto vertiginoso en el panorama literario –avanza ya en su octavo libro-, confía que no pierde la esperanza de poder presentar su trabajo en la capital entrerriana.

 

Carlos Marín

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Para Ana Moglia, Paraná es territorio de afectos. Y de recuerdos. Tenía poco más de 12 años, cuando en 1982 su familia dejó la ciudad donde había nacido y pasado su infancia. En Entre Ríos quedaron tíos, primos, parientes y amigos, con los que se comunica de tanto en tanto. Al final del traslado la esperaba Río Cuarto (Córdoba), donde ha residido desde entonces. “Hace ya varios años que no estoy por Paraná”, dice a EL DIARIO, mientras desanda la distancia, aupada en los recuerdos. “Al nacer, mi familia vivía en una casa en calle Courreges. Y toda mi infancia la pasé en otra sobre calle Montevideo, entre Italia y Pellegrini. Era alumna en el colegio Nuestra Señora del Huerto”. Del otro lado de la línea, su origen entrerriano es inocultable: “hoy soy cordobesa por adopción. Aunque no pierdo la tonada”. Y ríe de manera contagiosa.

Se graduó como Licenciada en Ciencias de la Comunicación y durante años se dedicó a escribir guiones para radio. También a la docencia. En 2012 –tras un viaje a Italia, para completar un posgrado- escribió su primer libro. Desde entonces comenzó un recorrido que nueve años más tarde la ha llevado a publicar –con éxito, a juzgar por la repercusión- varias novelas.

Una de ellas, “La ruta de los sueños”, de 2014, acaba de ser reeditada y lanzada para todo el país por Emecé. La próxima será lanzada por el mismo sello hacia fin de año o el próximo. Y ya trabaja en otra nueva historia.

“Siempre me atrajo la literatura. Pero sin el anhelo de llegar alguna vez a ser escritora”, acepta. Y desliza que “en el colegio era la que escribía los discursos”. Además “desde que era chica he sido lectora voraz. En mi casa leer siempre fue un hábito, había muchos libros. Leer para mí es fundamental, no puedo dejarlo”. Escribir, en todo caso “es una consecuencia de ser una lectora voraz”.

 

DESTINOS IMPREVISTOS

Así como al comienzo de la adolescencia debió dejar la ciudad natal, la vida de Ana ha sido marcada por destinos no previstos. “En realidad nunca pensé ser escritora. Pero todo se dio muy rápido. Fue vertiginoso. Y diría mágico. Un día escuché una frase de la abuela de mi esposo; ella fue una persona que quise mucho. Estábamos en la localidad de Bunge (Buenos Aires). Habíamos viajado para visitarla y le pregunté a qué edad había venido su mamá de Europa. Ella me dijo `María vino en 1925´. Se dio vuelta, se frenó y me dijo: `Y allá dejó un amor´. No le encuentro mucha explicación a lo que pasó, pero en ese momento a mí se me proyectó una película en mi cabeza. Y hasta la portada del libro me imaginé. Recuerdo que llegué a casa y me senté a escribir `mi libro´. Una inconciente total. Puse la primera frase y arranqué”.

Por cuestiones del destino la editora de un grupo editorial le preguntó entonces si tenía algo escrito. “Con inconciencia pura le dije que tenía la mitad de una novela escrita. Entonces me propuso que al mes siguiente, le entregara el manuscrito completo. Lo hice. Y lo logré con la ayuda de varias personas, que me asistieron para conseguirlo. Entre ellas –remarca Moglia- estuvieron dos familiares de Paraná, Carlos Menu Marque y su esposa Silvia Rezzet”.

Corría 2012. Y su primera novela, “Al otro lado del oceáno” se publicó en noviembre de ese mismo año.  “Todavía no puedo creerlo, ha sido todo muy rápido. Desde ese momento no paré de escribir. Incluso cuando luego de terminar la historia pensaba que tal vez no podría seguir, porque sentía que en ese libro había dejado todo, que no me iba a salir otra cosa. Y sin embargo estoy escribiendo el octavo, que espero dar a conocer en 2023”, expresa.

En 2014 dio a conocer “La ruta de los sueños”, donde recorre la historia de cuatro generaciones que comienza cuando el ucraniano Teodoro Vennik llega en 1897 al pequeño poblado de Apóstoles, en el territorio nacional de Misiones, y se instala en ese lugar, duro y generoso, en que conviven pobladores originarios, criollos e inmigrantes. Allí comienza una historia de amores y desencuentros, éxitos y fracasos, pasiones y traiciones. Esta novela histórico romántica da vida a una serie de personajes que no se rinden a la hora de perseguir sus sueños, al tiempo que retrata los comienzos de la industrialización de uno de los cultivos emblemáticos de la Argentina.

 

ÉXITO INESPERADO

-¿Cómo nace “La ruta de los sueños”, novela que acaba de ser reeditada por Emecé?

-Al mes de haberse publicado “Al otro lado del océano”, mi primer libro, estaba metida de lleno en las presentaciones y me perseguía con la pregunta si podría volver a escribir otro. A la distancia, esa situación de angustia me parece algo lógico. En ese momento viajamos a la casa de mi suegra, y olvidé llevar material de lectura para el viaje. Me prestaron una revista agropecuaria. En la portada vi una foto de yerbateros transportando las envolturas de arpillera cargando la yerba mate. Fue un flechazo. Me quedé mirando la imagen y me dije `acá está la historia nueva´. Me propuse escribir una novela romántica que trate de la vida de esa gente. En ese momento pensé que era una locura, apenas si sabía que la yerba mate era verde y no mucho más.

-¿De qué modo construyó la historia sobre un tema que desconocía prácticamente por completo?

-Mi realidad es la de un escritor de provincia. Con sus ventajas y limitaciones. No estaba en mis planes viajar a Misiones para conocer y escribir. Sin embargo tampoco me pareció un impedimento para avanzar. Comencé a esbozar una historia. Para conseguir información comencé a copiar direcciones de correo electrónico de los paquetes de yerba que compraba. Escribí muchos mensajes. Pero sólo me respondió una persona: el presidente de la Asociación de la Ruta de la Yerba Mate, algo similar a la Ruta del Vino, en Mendoza. Esta persona se comprometió a ser `mis ojos en Misiones´. Terminé el libro, que se publicó en 2014. Y lo hice sin viajar a Misiones, que conocí recién cuando me invitaron para declararlo de interés provincial. Luego me enteré casi al llegar que era la primera novela romántica sobre la vida de esa gente, que alguien escribía.

-¿La sorprendió la repercusión de ésta y otras novelas que ha escrito?

– Como le dije, todo ha sido en parte mágico. Y una cosa ha llevado a la otra. “La ruta de los sueños” tiene su saga. Si bien esa historia tiene su final, hay un desprendimiento que sigue en “Después de la tormenta”, que se publicará por Planeta, sobre fines de este año. En esta historia que se desprende de aquella, me ubico en 1973, cuando ocurrió el terrible tornado de San Justo (Santa Fe).

 

CLAVES PARA EL TRABAJO

“Soy correctora y amo la gramática”, detalla la escritora, que también es profesora de italiano. Y en cuanto al trabajo como escritora asegura que “uno aprende desde el primer libro. La palabra clave es tener humildad. Hay puntos que siempre pueden hacerse mejor. Lo que me ayuda para que el original llegue más pulido a la editorial es haber hecho el curso de correctora, pero eso –reconoce- es porque me gusta la buena escritura, es algo personal”.

En cuanto a su éxito para llegar a los lectores, Moglia piensa que “la clave es que lo que se produce en primer lugar deje conforme al que escribe. Si lo que hago no me gusta ni a mí… que voy a pretender que le guste a otros”, dice. Y ríe divertida. El punto está, desliza, “en que primero pueda entender lo que quiero narrar. Y recién después paso a novelarlo”.

Por otra parte asume que el trabajo de escritura es una tarea necesariamente colaborativa. “No creo en el escritor que se aísla. El autor de novelas necesita de la colaboración de mucha gente cuando escribe para que la ficción resulte verosímil”.

En cuanto al trabajo cotidiano, “más que rutina, para esto hay que tener mucha disciplina y voluntad para sostenerse para conseguir el objetivo. Trato de escribir todos los días aunque sea un poquito. Nunca tuve mucho tiempo para dedicarme a pleno. Pero lo que tengo lo he aprovechado al máximo”.

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