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sábado, mayo 8, 2021
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    Clásico y audaz: Luis Gorelik

    Nació en La Plata pero su familia es oriunda de Gualeguaychú. Luis Gorelik tiene un registro detallado de lo que ocurre con la música en casi todos los géneros y destaca que en Entre Ríos algunos artistas se animan a desdibujar los límites, ir más allá y desarrollar maravillosas fusiones. Piensa que ser director de orquesta y piloto de avión tienen mucho en común y sostiene que el rol que debe asumir profesionalmente en este contexto mundial debe ser “el eslabón que une dos mundos muy diferentes”.

     

    Revista Muy Entre Ríos / Paola Netto

     

    Luis Gorelik se formó con Pedro I. Calderón en Argentina y con Mendi Rodán en Israel, donde se graduó con distinción en la Academia de Música Rubin de Jerusalén.

    Con sólo 23 años fue invitado a dirigir la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos. “Fuí invitado en aquel momento por el maestro Reynaldo Zemba. Luego, en 2010, el entonces gobernador Sergio Urribarri me convocó para asumir el rol de director artístico del organismo, lo que acepté gustoso por el desafío que presentaba. Yo venía de residir 20 años fuera de la Argentina, y al llegar tomé la dirección de la Orquesta Sinfónica de Salta, además de otros proyectos junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, en Buenos Aires”.

    “Pero este desafío, en la provincia de la cual es oriunda mi familia me pareció muchísimo más interesante. Así comenzó una relación intensa que ya va por su 12a temporada y con la cual obtuvimos muchísimos logros. La OSER está considerada hoy en día una de las mejores orquestas argentinas y poder estar al frente de un organismo tan prestigiado es para mí un honor muy grande”.

    “Además, una de las características más importantes de esta orquesta es que siempre mantuvo el contacto con el público de todos los rincones de la provincia, esparciendo su música por todo el territorio. Esto no es un dato menor, dado que muy pocas orquestas argentinas realizan en forma permanente y consistente esta actividad. A mí, como músico, me emociona siempre poder brindar el arte que más amo a públicos que no siempre están habituados a escuchar en vivo la maravilla que representa una orquesta sinfónica sonando”, destaca Gorelik.

    Luis lleva adelante un programa radial por Radio Nacional. Disfruta viajar, lo hace feliz sabiendo que está dedicándose a lo que le apasiona. Pero disfrutar de este presente le ha costado miles de horas de estudio, ensayo y  dedicación.

    “El proceso de formación de un director de orquesta es largo y complejo. Es una de las profesiones que exige una mayor cantidad de recursos, no sólo en lo técnico musical, sino en la gestión y manejo de grupos, comunicación con el público, aspectos técnicos, etc. Un director parado frente a una orquesta conformada por 80 profesionales músicos de alto nivel debe ganarse el respeto por su conocimiento y su capacidad de transformar sus ideas estéticas en un resultado práctico y por sobre todo, posible”.

    “Esto es lo que más se valora a la hora de que la relación entre director e integrantes de la orquesta, crezca. Creo, además, que el paradigma profesional está cambiando aceleradamente y la figura del director de orquesta como una especie de dictador se ha ido desdibujando, dando paso a un  modelo mucho más comprometido con la inclusión social a través del arte en todas sus formas y con una mirada de género muchísimo más amplia que la que recibimos de nuestros padres y maestros, además de adoptar una actitud muchísimo más inclusiva del hecho musical en términos de cruzamientos estilísticos. Celebro todo eso…”

     

    El valor de lo nuestro

     

    “Hay excelentes músicos entrerrianos que han ido surgiendo en diferentes momentos, tanto en el ámbito clásico como en el popular.  A veces, los límites se desdibujan y surgen artistas como el Negro Aguirre, cuya música, mezcla de folklore, jazz y música de cámara es imposible de encasillar. Eso es maravilloso. Otros artistas, como el paranaense Eduardo Isaac o el violinista vialense -ya fallecido- Rubén González han recibido y reciben reconocimiento mundial. Y otros que continúan surgiendo, por supuesto, en distintos ámbitos y en un rango muy amplio, desde los Ke Personajes, banda oriunda de Concepción del Uruguay que se está imponiendo en la escena nacional, hasta otros músicos que se abren camino en una veta -para mí fascinante- que busca encontrar nuevas maneras de leer la música folklórica regional, saliéndose de los moldes de siempre, como la ya consagrada Liliana Herrero y varios más que siguen y amplían su huella”.

     

    Momento de transición

    “A los profesionales de mi generación, sobre todo aquellos  que estamos a cargo hoy de formar nuevas camadas, nos toca ser el eslabón que une dos mundos muy diferentes. Te doy un ejemplo: en mis años de formación, una directora de orquesta era algo casi inexistente. Había algunas, pero eran poquísimas y se enfrentaban a barreras culturales muy fuertes. Hoy, varias de mis mejores alumnas son mujeres y varias de ellas van abriéndose camino en el campo profesional”.

    En lo más alto

    Gorelik es piloto de avión. Aprendió a volar en Israel cuando vivió allí entre 1988 y 2000. Para él es una actividad deportiva, placentera y de superación personal.

    “Tienen mucho en común. En primer lugar lo que en inglés se llama ¨multiple task¨: muchas tareas simultáneas a resolver. Esa cualidad es inherente a ambas actividades y me resulta fascinante. La aeronáutica es una actividad que ha traído muchísimas alegrías a mi vida, y como toda actividad deportiva seriamente encarada es un medio de superación personal”.

     

    Fanático de la buena música

     

    “Puedo recomendar algunas series o películas. Desde las partituras más tradicionales del film scoring sinfónico (años 40, 50 y primeros 60) como las  compuestas por Miklos Rosza para ¨Quo Vadis¨ o por Erich Korngold para ¨El halcón de los mares¨ o ¨Robin Hood¨.

    “También el primer Nino Rota, con su impresionante música escrita para ¨El Gatopardo¨ y más cerca en el tiempo compositores como Bernard Herman, quien escribió la música de varias películas de Hitchcock como ¨Psicosis¨ y luego la música de ¨Taxi Driver¨…  y muchas más. Màs cerca en el tiempo y de lo que se está escribiendo en los últimos 20 años, me gusta mucho, por ejemplo, la banda sonora del film ¨American Beauty¨, escrita por el compositor Thomas Newman. La música de Ennio Morricone también dejó una impronta fuertísima junto con otros compositores que se dedicaron al ¨spaghetti western¨ como por ejemplo, Elmer Bernstein. Y por supuesto, no puede dejarse afuera de ninguna lista a John Williams, quien compuso la música para las sagas cinematográficas de Richard Donner. Este es un ejemplo interesante porque esta música significó un retorno a la tradición del film scoring sinfónico de los años 50.  Hay mucho y muy interesante material, también de compositores argentinos.

     

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