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lunes, abril 12, 2021
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    Con ayuda, mejorar hábitos de alimentación es posible  

    El acto instintivo de comer nos puede jugar una mala pasada: creer que lo hacemos bien, de una manera que mejora nuestra salud o, por el contrario, vernos mal cuando nuestro estado probablemente sea el óptimo. Para unos y otros casos, la presencia de una especialista en nutrición puede ser relevante, tanto se trate de proporcionar claves para preparar comidas adecuadas como para que entendamos que los desarreglos o trastornos pueden ser manifestación de otros aspectos que también es preciso advertir y eventualmente corregir.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO
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    La permanencia de las etapas de aislamiento y distanciamiento impuestas por la pandemia desatada por el Covid 19, empujó a las personas a cambiar de hábitos y, en la misma medida, a intensificar los que ya tenía. En efecto, lenta pero progresivamente se fue dando una reorganización de la vida cotidiana, al punto tal que ha sido alterada desde la disposición de la casa hasta las horas de trabajo y descanso.

    Convertida la residencia en espacio para trabajar, distraerse, leer, mirar televisión, la cercanía con los alimentos se convierte en una fabulosa tentación y para otros la materialización en una especie de infierno que es mejor evitar.

    Así, haciendo equilibrio entre la ansiedad y la aversión a comer de más, los seres ciudadanos venimos haciendo equilibrio entre prácticas habituales, como la de alimentarnos, pero para las que no siempre fuimos educados.

    El diálogo de EL DIARIO con la nutricionista Luisa Huber permite llamar la atención sobre estos aspectos que se potenciaron con la necesidad de aislarse.

     —¿Cuáles son los trastornos más habituales en nuestra región?

    —Los TCA más comunes son la bulimia nerviosa (BN) y la anorexia nerviosa (AN). En la AN la persona percibe de modo anómalo su tamaño real, tiene miedo intenso de ganar peso o volverse gorda/o aun estando desnutrida/o. Hay insatisfacción y/o menosprecio corporal, que lleva a negar el bajo peso actual.

    Por su parte, la bulimia nerviosa es un trastorno alimentario de ciertas características: las personas incurren en atracones y, para prevenir el aumento de peso recurren al vómito autoinducido, el uso indebido de laxantes, diuréticos u otros medicamentos al ayuno o al ejercicio excesivo.

    —¿En todos los casos la persona es consciente de que tiene un trastorno?

    —En los trastornos alimentarios, la autoestima relacionada a la apariencia y con el aspecto físico, domina o tiñe la autoestima global. Por este motivo, es muy difícil para las personas que padecen este tipo de enfermedad reconocerla como tal y por lo tanto tratarla.

    Debido a la insatisfacción corporal y a la distorsión de la imagen corporal, las personas con trastornos de la conducta alimentaria niegan la seriedad del bajo peso y sobre valoran la importancia de sostener un cuerpo según los estándares de belleza.

    La principal recomendación de la nutricionista Luisa Huber es no hacer dieta y sí crear hábitos saludables.

    SINGULARIDADES

    –¿Qué características revisten los trastornos según las edades?

    —La imagen del cuerpo se construye, se desarrolla y regenera a lo largo de la vida. Desde nuestra infancia la reacción de los pares en la entrada al colegio, las preocupaciones influenciadas por actitudes y creencias familiares, la transmisión madre-hija del cuidado del cuerpo, juegan un rol importante en el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria.

    Los ideales dominantes en la cultura actual promueven la hiperdelgadez  para las niñas y la hipermusculosidad para los varones, tanto en su versión adulta como infantil. Estos modelos pueden inducir a un trastorno de la conducta alimentaria en virtud de la frágil imagen corporal en desarrollo de los niños, niñas y adolescentes.

    La adolescencia es una época importante en la vida de una persona dado que se producen fuertes cambios físicos, psicológicos y sociales. Es una etapa de alta vulnerabilidad para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria, debido a las preocupaciones por la imagen corporal.

    Por otro lado, durante el embarazo las mujeres sufren transformaciones en la forma y el tamaño del cuerpo. Como resultado pueden producirse consecuencias psicológicas y emocionales significativas. Muchas mujeres con trastornos de la conducta alimentaria potencian durante el embarazo y los meses postparto su preocupación por la imagen corporal. Otras, en cambio, disminuyen su inquietud por el peso, la figura y las dietas y tienden a ser menos estrictas durante estos meses.

    Por último, los adultos mayores sufren una serie de cambios en la apariencia física; también psicológica y muchas veces en la situación socioeconómica que favorecen la malnutrición. Sumado a esto, algunos cursan esta etapa de su vida con depresión, aumentando así el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.

    El secreto para comer mejor y más barato es volver a los productos de estación.

    RECAUDOS

    —Internet ha permitido que mucha gente se conecte con más información respecto a la comida; aunque, al mismo tiempo ha aparecido un fenómeno nuevo que es el vínculo entre las dietas y el usuario sin que medie el especialista ¿Es frecuente esto? ¿Cuáles son los riesgos?

    —Cada vez es más amplia la oferta en las redes sociales de tratamientos, dietas de moda o modelos alimentarios de influencers. Esto es peligroso ya que muchas de estas recomendaciones no tienen aval científico o son un tipo de alimentación generalizada que no debería realizar cualquier persona.

    Antes de hacer cambios importantes en la forma de alimentarse (como suelen ofrecer ciertas dietas), ya sea por reducción drástica de calorías diarias, por eliminar de la alimentación cotidiana determinados grupos de alimentos como hidratos de carbono, harinas o potenciar el aporte de otros nutrientes como proteínas; es necesario consultar y ser evaluado por un profesional de la salud en el área de la nutrición. Más aún si la persona presenta alguna enfermedad como diabetes, hipotiroidismo, presión arterial alta, problemas renales, u otros.

    Hay que tener en cuenta que las personas habitamos diferentes cuerpos, tenemos determinadas características corporales (sexo, edad, peso, altura), necesidades calóricas, y podemos presentar distintas enfermedades. Está claro que las dietas de moda no contemplan estas diferentes demandas nutricionales.

    De hecho, muchas de estas propuestas o tratamientos mágicos aseguran un descenso de peso importante en poco tiempo, pero no así un mantenimiento de ese peso a largo plazo ni buen estado de salud. Esta situación genera inconvenientes a nivel metabólico y psicológico por el estrés al cual se somete al cuerpo. Muchas veces se potencia un trastorno de la conducta alimentaria cuando lo hay (por ejemplo: trastorno por atracón).

    —¿Cuáles son las sugerencias para llevar adelante una vida saludable?

    —La principal recomendación es no hacer dieta y sí crear hábitos saludables. Ésta es la única manera de sostener a largo plazo cambios en la conducta alimentaria que nos permitan cuidar nuestro cuerpo y amigarnos con la comida, sin generar prohibiciones.

    Disfrutar de la comida es parte de una vida saludable, el placer no se puede disociar de la alimentación. Los alimentos reúnen, encuentran; los sabores nos dan recuerdos, entonces, ¿por qué eliminar o condenar alguno de ellos para tener un cuerpo saludable? No es necesario.

    Todo está en el equilibrio: comer de todo. Tener una alimentación variada y rica en nutrientes con base en frutas, verduras, lácteos, cereales integrales, semillas, granos, grasas de buena calidad; pero sin abandonar eso que nos gusta y que puede ser «menos saludable». La clave de estos alimentos -que muchas veces nos han enseñado como prohibidos- es la frecuencia de consumo y la porción.

    En definitiva, podemos llevar una vida saludable, una alimentación coherente y placentera comiendo variado la mayor parte del tiempo. Una sugerencia es que en la semana predominen las comidas ricas en nutrientes de calidad.

    —¿Es más caro comer sano?

    —Comer saludable puede resultar caro como económico, dependiendo desde dónde uno lo mire y con qué alimentación se lo copare.

    Pensemos en una familia que quiere comenzar a comer mejor, a ordenar sus comidas. Acostumbran a consumir productos industrializados a diario como gaseosas, galletitas dulces, y embutido o piden delivery seguido. En ese caso, con una alimentación más saludable y rica en nutrientes estarían economizando.

    En este punto, la recomendación está en que se elijan los productos de estación: las verduras y frutas tienen nutrientes específicos que necesitamos según la estación del año, y además son más económicas. Si a esto le sumamos algo de producción casera de amasados, tartas, bizcochuelos, comida salada para reemplazar paquetes y ultraprocesados, tenemos otro punto a favor para disminuir gastos en comida.

    También podemos citar otro extremo, por el que muchos creen que comer sano es caro: hay gente que en lugar de aprovechar los productos de estación busca alimentos «dietéticos» o «light» que son menos convenientes desde el punto de vista nutricional y encima tienen un costo más elevado.

    Llegamos a la misma conclusión, comer y comprar comida con equilibrio, coherencia según nuestros gustos y preferencias es siempre la mejor opción.

    La publicidad nos ha empujado a creer que los alimentos ultraprocesados son igual de nutritivos que los naturales.

    INFORMAR

    —¿Por qué crees que sin querer la gente va asumiendo hábitos de alimentación no saludables?

    —Creo que adquirir un hábito no saludable puede resultar fácil, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo apurado, con un ritmo de vida acelerado, muchas veces con poco tiempo para ocuparnos de nuestra salud, para dedicar un momento de la semana y destinarlo a la actividad física, para planificar las compras o para cocinar.

    Además, el hecho de construir un hábito saludable no es cuestión de una semana o días, tiene que ver con sostener a largo plazo esa conducta. La buena noticia es que los hábitos se adquieren, se ensayan, se aprenden. Son conductas o acciones que se repiten y a lo largo del tiempo se traducen en acciones automáticas, que se sostienen sin mayor esfuerzo.

    —¿Qué papel cumple el sistema educativo formal?

    —En el jardín, la escuela, los institutos y las universidades, la edad de la población asistente es ideal para la instauración de hábitos alimentarios saludables; sin embargo, la mayor responsabilidad e influencia la tienen la casa. Desde el hogar se instalan los patrones de consumo que luego, el entorno (publicidad, escuela, amigos) refuerza.

    Seguramente desde la escuela se pueda potenciar la educación alimentaria nutricional, ya que es un ámbito donde todos pasamos buena parte de nuestras vidas. Puede ser a través de materias escolares enfocadas en este tema (nutrición, salud, estilo de vida, enfermedades, trastornos de la conducta alimentaria e imagen corporal), como también en el entorno que ofrecen al estudiante éstos lugares físicos, como pueden ser un kiosco, un buffet y los comedores con opciones saludables.

    En los cambios de hábitos es vital la capacitación, incluso entre personas que desde hace años se dedican a la producción de alimentos.

    Comida y encierro

    —¿Qué efectos ha tenido sobre la alimentación la situación derivada de la pandemia?

    —Inicialmente la pandemia nos llevó a estar más tiempo en casa y, en muchos casos, a tener más tiempo libre. Esta situación puede llevarnos a modificar nuestros hábitos como cocinar más seguido, probar recetas nuevas, tener horarios de comidas desordenados, estar encerrados, sedentarios y encargar delivery más seguido. Si a esto le sumamos el estrés y la ansiedad con la cual muchos atravesamos estos meses, se da un excelente escenario para modificar la relación con la comida.

    Lo que hay que tener en cuenta es que el alimento es mucho más que nutrientes: en el acto de comer intervienen sentidos, emociones, vivencias que determinan qué, cuándo, cuánto y cómo comemos.

     

     

    Organizarse para comer mejor

    Para lograr una alimentación saludable se recomienda que tengamos la mayor participación en el proceso de transformación de los insumos en el alimento que servimos en la mesa. Así se capitalizará mejor la capacidad nutritiva de cada ingrediente y se protegerá al cuerpo de enfermedades propias de los malos hábitos derivados de un estilo de vida poco saludable.

    En ese sentido los especialistas coinciden en que es fundamental reducir los alimentos ultraprocesados: vienen listos para consumirse, recalentar o reconstituir y requieren poca o ninguna preparación culinaria. Además, tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas, en comparación con los productos, platos y comidas sin procesar o mínimamente procesados. Tienen una calidad nutricional muy mala y, por lo general, son extremadamente sabrosos, casi adictivos; imitan los alimentos naturales y se los ve erróneamente como saludables; fomentan el consumo de snacks; se anuncian y comercializan de manera agresiva en medios de comunicación; y son cultural, social, económica y ambientalmente destructivos.

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